“Matamos a dos frailes y al primer tiro que le di a uno se le saltaron las tripas” Los frailes mercedarios Pedro Esteban y Antonio Lahoz fueron asesinados en su pueblo Híjar, de donde no quisieron huir porque "es muy glorioso ser mártir"

Facebooktwitter

Cuatro mártires del siglo XX en España nacieron un 27 de junio: un sacerdote agustino de Vizcaya, un lasaliano de Toledo, un mercedario turolense y un salesiano leonés.

León de la Virgen del RosarioLeón (de la Virgen del Rosario) Inchausti y Minteguía, de 77 años y oriundo de Ajánguiz (Vizcaya), era sacerdote agustino recoleto en Motril (Granada); fue uno de los cinco asesinados el 25 de julio de 1936 y beatificados en 1999 (ver artículo del 16 de febrero).

Los cuatro lasalianos mártires de Consuegra
Hermano Felipe JoséPedro Juan Álvarez Pérez (hermano Felipe José de las Escuelas Cristianas), de 22 años y natural de Carmena (Toledo), fue asesinado el 7 de agosto de 1936 en Fuente el Fresno (Ciudad Real) y beatificado en 2007. Siguiendo la característica de tantos lugares, el hermano Felipe José y otros tres lasalianos martirizados con él, vivían en el mismo lugar (Consuegra) y fueron asesinados en el mismo lugar donde posteriormente serían martirizados 20 franciscanos (ver artículo del 26 de enero).

Los cuatro hermanos de las Escuelas Cristianas de Consuegra fueron llevados a la prisión municipal el 21 de julio. La noche del 7 de agosto se les llevó a fusilar a tres de ellos; el cuarto, confundido entonces con una persona de su mismo nombre, fue fusilado al día siguiente. Luis Villanueva Montoya (hermano Eustaquio Luis), de 47 años, había ingresado en La Salle como novicio en 1907. Trabajó 14 años en Bujedo, luego en Griñon y otras casas, hasta llegar a Consuegra en 1935. Diodoro López Hernando (hermano Teodosio Rafael), de 37 años, tomó el hábito de novicio en 1914, trabajó en Mieres y cinco años en Melilla; después en Griñón y Bujedo. Fue director de la escuela de Puerto Real de 1931 a 1933, cuando pasó a Consuegra. Dalmacio Bellota Pérez (hermano Carlos Jorge), de 27 años, tomó el hábito en 1925 y trabajó en el Colegio Maravillas, de Madrid, hasta que fue incendiado en 1931. Pasó un año en la comunidad de Cuevas, en Almería y regresó a la escuela de Chamberí en Madrid. En 1933 fue destinado a Consuegra. El hermano Felipe José, que tomó el hábito lasaliano en 1930, es el que fue confundido con un homónimo que estaba detenido por ser empleado de un convento. Él indicó que ese hombre no era religioso, y que a quien llamaban era a él, pero no le hicieron caso. Por fin lo mataron la noche siguiente. El resumen firmado el 14 de mayo de 1939 por el alcalde y el secretario de Consuegra para la Causa General (legajo 1048, expediente 2, folio 17) supone al hermano Eustaquio muerto más tarde que los otros, en otro lugar (Villarrubia de los ojos en vez del Congosto de Yébenes) y a manos de otras personas: Arias, Mijan, José Gallego y Anacleto Gallego; en vez de los apodados Risitas, Camilla y Esteban el Pelao a los que responsabilizan de las otras tres muertes. Según una nota entregada en junio de 1944 por el lasaliano de Griñón Valeriano Saez, los tres fusilados en la noche del 6 al 7 de agosto lo fueron “entre La Mata y Yébenes”, mientras que el hermano Felipe José lo fue “en Fuente el Fresno (Ciudad Real).

Dos ancianos mercedarios asesinados en Híjar
Pedro Armengol
Pedro Armengol Esteban Hernández, de 67 años y natural de Híjar (Teruel), era hermano mercedario en El Olivar, fue asesinado en su pueblo hacia el 15 de septiembre de 1936 y beatificado en 2013 junto con Antonio Lahoz Gan, de 77 años.
Antonio Lahoz
Este ingresó en el Olivar con casi 45 años, en 1903, encargándose del huerto, el gallinero y la portería. De él diría un sacerdote que “era el perfume de la santidad del Convento, que ciertamente fuera canonizable aunque no hubiera muerto mártir, pues acumulaba todas las virtudes”, y el padre Manuel Sancho aseveraba que “fray Antonio a sus ochenta años conservaba la inocencia bautismal”. Estando emboscados en la Codoñera, según el relato del obispado de Lleida, el padre comendador autorizó a fray Pedro Armengol -hizo su profesión perpetua en 1905 y estaba encargado de las caballerizas– y fray Antonio a irse para su pueblo, Híjar, el 5 de agosto. Pasando por el Tormagal, comieron algo, obsequiados por los molineros; a media tarde pasaron por Crivillén declinando la merienda que les ofrecieron, porque iban deprisa, pasaron por la era de Manuela Estopañán para despedirse, fray Antonio le regaló un rosario hecho de huesos de oliva. Iban tristes y se despidieron llorando. A primera hora de la noche llegaron a los Mases de Crivillén encontrándose con el grupo del padre Gargallo, pero tomaron otro rumbo. Tras andar por los montes, llegaron al mas de Burillo, dándose a conocer; pidieron comida y rogaron que avisaran a sus familias. Dijeron que habían salido del convento porque los querían matar.

Enterados los familiares de fray Pedro, Pascual Lázaro Esteban se llevó a los dos a la finca familiar, La Chumilla, aposentándose en una caseta de campo. La familia les traía víveres; ellos leían sus libritos de devoción, rezaban el rosario, y sin recatarse conversaban con los campesinos y aún les ayudaban en las tareas del campo. Lo tenían claro: “Venimos a cumplir la voluntad de Dios, y a que venga lo que Dios quiera. Estamos dispuestos a recibir el martirio”. La familia y otros vecinos intentaron organizar su huída a la zona nacional y hasta anduvieron un trecho los dos frailes, pero se volvieron porque consideraban “de cobardes huir de la muerte, y porque es muy grande y muy glorioso ser mártires”. Fray Antonio andaba muy mal, por anciano y desmejorado, y fray Pedro desistió de dejarlo solo.

Una medianoche de primeros de septiembre, según los recuerdos publicados por el obispado de Lleida, llegaron Luis Pina y cuatro milicianos, conducidos por el chofer José Beltrán, que se mantuvo al margen. “Uno de los asesinos abrió la puerta y vio delante a fray Pedro que le ofreció el pecho, diciendo: no tengo miedo, ¡viva Cristo Rey! Fray Antonio estaba a su lado. Sacaron a los dos hermanos fuera de la choza –especifica el atestado- les hicieron una descarga y dejando a las víctimas allí regresaron al pueblo. Luis Pina se jactaría luego ante sus compinches: Chicos, ayer matamos a dos frailes, y al primer tiro que le tiré a uno se le saltaron todas las tripas. Antonio Montañés y El Alpargatero, traídos por Beltrán, al día siguiente los enterraron. Pasó luego un vecino, vio la tierra reciente del hoyo en que fueron sepultados y un charco de sangre aún fresca, con la que escribió en el dintel del mas: Aquí han caído dos mártires”. Además de Luis Pina Pamplona, la documentación del ayuntamiento para la Causa General (legajo 1418, expediente 24, folio 7) señala entre los autores a Jesús Canales Torralba, y pone como fecha octubre, por eso quizá más que a primeros haya que situar las muertes al menos a mediados de septiembre.

Esteban VázquezEsteban Vázquez Alonso, de 21 años y oriundo de Carrizo de la Ribera (León), era salesiano coadjutor de la comunidad de Mohernando, es uno de los 11 mártires beatificados (en 2007) de las 303 personas asesinadas el 6 de diciembre de 1936 en Guadalajara (ver artículo del aniversario).

Puede leer la historia de los mártires en Holocausto católico (Amazon y Casa del Libro).

Puede suscribirse a esta lista de correo si quiere recibir en su e-mail la historia del mártir de cada día.

Facebookyoutube

1 opinión en ““Matamos a dos frailes y al primer tiro que le di a uno se le saltaron las tripas” Los frailes mercedarios Pedro Esteban y Antonio Lahoz fueron asesinados en su pueblo Híjar, de donde no quisieron huir porque "es muy glorioso ser mártir"

  1. Aquel verano del 36,el 26 de setiembre en el Valle de Mena(Burgos),los rojos mataron a mi abuelo Santiago.Era una buena persona que había triunfado en la vida y por eso le mataron aquellos asesinos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *