Ahora es cuando principio a ser discípulo de Jesucristo, dijo el mártir de 81 años El párroco de Adra (Almería), dijo a sus 81 años poco antes de ser arrojado a un pozo que "ahora es cuando principio a ser discípulo de Jesucristo"

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Entre los asesinados el domingo 13 de septiembre de 1936 hay 15 beatos: uno, sacerdote diocesano, asesinado en la provincia de Tarragona; y el resto en la de Almería; entre ellos dos hermanos –Aurelio María y José Cecilio– de La Salle y un laico.

Se presentó de sotana y con el rosario: es la única arma que tengo”

Joaquim Balcells Bosch, de 36 años e ilerdense de L’Espluga Calba, era sacerdote desde 1927 y párroco de Vallespinosa (Tarragona) al estallar la guerra. Allí se quedó hasta que las autoridades lo mandaron marchar por miedo a que lo mataran forasteros.

Se ocultó con su anciano padre en las montañas, hasta que, agotado, decidió presentarse al comité de Vimbodí, pensando que un tío suyo lo salvaría. Iba con sotana y rosario en la mano, y cuando le advirtieron que eso era peligroso, alegó: «Es la única arma que tengo».

En el comité le dieron de comer y se ofreció a trabajar la tierra, pero uno le dijo: «¡De su raza no debe quedar ninguno!». Pidió unas alpargatas, pues iba descalzo, y le contestaron que ya se las darían donde le llevaban. A las 15.30 le condujeron cerca de Fontscaldes y junto a un horno de cal lo asesinaron.

Mártires de Tahal y Antas

El padre Francisco Rodríguez.De los otros 12 mártires almerienses, beatificados en Roquetas de Mar el 25 de marzo de 2017, todos fueron asesinados en el mismo lugar que los lasalianos (Tahal), a excepción del párroco de Pulpí, que lo fue en Antas. Este era Francisco Rodríguez Martínez, de 46 años y natural de Albox, quien según la biografía diocesana se mostró dispuesto a morir para que no profanaran las imágenes sagradas:

El albojense don Damián Granados lo recordaba como un: « Un hombre de carácter vehemente y extremado, muy caritativo. En una catástrofe ferroviaria que hubo en los años veinte en Pulpí, se distinguió por su entrega en la atención a los moribundos y heridos. » En efecto, el Gobierno lo condecoró con la Gran Cruz de Beneficencia.

Expulsado de Pulpí al iniciarse la Persecución Religiosa, trató de buscar refugio junto a un familiar que vivía en el Taberno. Rechazado por éste, regresó a Albox y fue detenido varias veces. No dudó en enfrentarse a los milicianos cuando prendieron las imágenes de culto: « Poco vale mi vida, pero la doy a cambio de que no profanéis estas imágenes. »

En una de las ocasiones en que trataron de detenerle, increpó a sus captores: « Tú viniste un día suplicándome comida para tu hijo porque no tenías nada para darle, ¿no te acuerdas ya?, ¿vas a ser tú mi asesino? » Detenido por última vez a principios de septiembre de 1936, sufrió prisión en su villa natal hasta que fue martirizado en el puente del río próximo a Antas.
El padre José Cano.Entre los mártires de Tahal estaba el propio párroco de esa localidad almeriense, José Cano García, de 32 años y natural de Tíjola. Fue también el primer mártir del grupo, ya que le ahorcaron antes de llegar al lugar del fusilamiento, y tenía fama de santidad:

Apasionado de la música religiosa, incluso compuso algunas piezas e inculcó la cultura musical entre sus feligreses. Profundamente enamorado de la Sagrada Eucaristía y de la Santísima Virgen, destacaba su oratoria y exquisitez en el confesionario. Austero en sus costumbres, era sensible a las necesidades del prójimo.

El Siervo de Dios fue apresado junto a su padre por treinta milicianos el veintiséis de julio de 1936. La brutalidad acometida hizo perder el sentido a su madre, por lo que permitieron que residiera bajo vigilancia en la casa familiar de Tíjola. Reclamado después por los milicianos de Tahal, fue salvajemente arrastrado a Tahal donde lo torturaron por diez días. Trataron de embriagarlo para que confesara crímenes inventados, forzándolo a beber anís en un vaso sagrado robado. En estas angustiosas jornadas hizo llegar unas trágicas letras a su madre.

Trasladado penosamente a Almería el diez de septiembre, tres días después fue conducido con el Siervo de Dios don José Álvarez Benavides de la Torre y sus compañeros al martirio. Al advertir que se dirigían a los pozos para ser fusilados, quiso avisar a sus compañeros. Para evitarlo, ataron una cuerda a su cuello y lo ahorcaron en el mismo camión. Su cuerpo, arrastrado hasta el pozo, fue arrojado antes de iniciarse los fusilamientos.

Su sobrino, el canónigo don Juan Torrecillas, dice de su venerable tío: «Tiene fama de mártir entre los feligreses donde estuvo de sacerdote y que aún viven. Yo creo que es mártir de la fe. Personalmente le admiro y he sentido su ayuda en algunas cosas de mi vida sacerdotal.»
El padre Joaquín Gisbert.Joaquín Gisbert Aguilera, de 33 años y de La Calahorra (Granada), era sacerdote de la diócesis de Guadix y cura ecónomo de Doña María (Almería); recordado según la biografía diocesana por su austeridad:

Presbítero humilde y sencillo, vivía con dos de sus hermanas en un ambiente gozosamente austero. Recordado por su carácter bueno y sensible, se ocupaba con gran fidelidad de sus deberes pastorales. Siempre rodeado de niños, no dudaba en jugar con ellos al fútbol o al frontón.

Sus familiares recordaban que: «Unos cuantos días antes de su detención su padre le sirvió de tentación. Llevado del amor a su hijo y viendo el cariz que iban tomando las cosas, le dijo: “Joaquín, quítate la sotana, sal a la plaza y diles: Muchachos, soy comunista de los vuestros”. Él, bajando la cabeza, respondió: “Padre, yo no puedo hacer eso”.» Tras celebrarla la Santa Misa, fue detenido pacíficamente mientras hablaba con su madre en el huerto y trasladado a Almería. Su familia trato de rescatarlo mediante la entrega de dinero. Los milicianos parecían favorables pero, al conocer su identidad sacerdotal, dijeron: «”No hay nada que hacer, sí es cura nada”.»

El presbítero don José Serrano Rodríguez, que lo sucedió en la Parroquia, conservaba así su memoria: «Él no tenía enemigos y convivía con el pueblo, comía con las gentes gachas y migas, incluso pasaba hambre con los más pobres. Por eso fue auténticamente mártir de Cristo y de la Iglesia, ya que no había motivación alguna humana, ni social, ni política para que persona alguna tuviera odio o quisiera vengarse de él. Fue una muerte verdaderamente sufrida como discípulo de Cristo, que no podía ser de otra manera, porque era un hombre de Dios, sacerdote auténtico.»
José Román García González, de 55 años y de Carboneras (Almería), era párroco de Cabo de Gata y en la biografía diocesana se consigna una anécdota sobre su paciencia:

Una niña de la época recordaba que: «Comenzados ya los días de la revolución, y con el ambiente muy enrarecido e incierto, mi madre vio venir un día muy azorado y con la sotana muy desaliñada al Siervo de Dios y le preguntó: “¿Don José dónde va usted?”: y el Siervo de Dios le respondió: “¡A dónde Dios quiera! ¡En sus manos estoy!”.» Detenido salvajemente el nueve de septiembre, sufrió prisión en Almería.
El padre Juan Ibáñez.Juan Ibáñez Martínez, de 58 años y párroco de la Concepción de Albox desde 1912, había sido barbero antes que sacerdote, pues era huérfano de padre, y se le recuerda por varias fundaciones:

En 1916 inició el movimiento Scouts en Almería. Fundó el primer sindicato de trabajadores en Albox, situado en el histórico edificio del Hogar Parroquial de la plaza san Francisco. Venerado por sus hermanos presbíteros, desde el Vicario Ortega hasta el último de los coadjutores lo tenían por su consejero. Desde 1921 fue arcipreste de Albox.

Solía decir a sus íntimos: «¡Qué suerte sí yo muriera mártir!» La Providencia no le negó esta gracia. Estaba celebrando la Santa Misa en el Taberno cuando estalló la Persecución Religiosa. Se negó a ocultarse y regresó a su parroquia. Allí fue detenido y, tras sufrir prisión en el antiguo Ayuntamiento, trasladado a Almería.
El padre Juan Capel.Juan Capel Segura, de 61 años y de Huércal, era coadjutor en su pueblo natal. Pese a su fama de tímido, mostró singular fortaleza cuando lo detuvieron antes de llevarle a Almería:

Así decían de él: «Era un hombre profundamente religioso. Jamás le oí a nadie hablar mal de él; antes al contrario todos le trataban con la veneración de un santo. Era un hombre de fe, que manifestaba cada día su pobreza y se mantenía fiel a su vocación sacerdotal en todos sus detalles. Era un hombre que rezaba ante el Sagrario y la Purísima. Pasaba largos ratos en el confesionario, y se le veía visitar a los enfermos y ancianos.»

Su humildad no fue óbice para que, al iniciarse la Persecución Religiosa, el tímido Coadjutor mostrara una gran fortaleza y contagiara de valor al párroco también hostigado. Detenido en su propia casa en la noche del diez de septiembre de 1936, trataron de hacerle blasfemar mediante tortura. Aunque le dispararon a los pies, conminó a sus verdugos a la conversión y los perdonó de todo corazón.
Ramiro Argüelles Hevia, asturiano de Mieres y de 65 años, era canónigo de la Catedral de Almería.
Manuel Martínez Jiménez, abogado y agricultor de 67 años y natural de Oria (Almería), fundó varias obras de caridad después de licenciarse en Derecho, según recuerda la biografía diocesana:

Seglar de comunión diaria, de su devoción eucarística maduró una vida entregada por entero al apostolado de la caridad. Solícito administrador de sus fincas, todo lo empleaba en generosas limosnas. No es sencillo cuantificar sus incontables obras caritativas. Fundador de los Asilos de la Sagrada Familia de Tíjola y Oria, conferenciante de san Vicente de Paúl y colaborador de las Hermanitas de los Pobres. Su caridad lo llevaba a la búsqueda de la justicia, siendo el único que se atrevía a contratar gitanos en su pueblo.

Para fomentar las vocaciones sacerdotales fundó una importante beca para el Seminario y, en 1926, el Obispo fray Bernardo Martínez Noval lo nombró Vicepresidente de la Junta Diocesana de Vocaciones Eclesiásticas. Este mismo Prelado, sabedor de su mecenazgo para con la Basílica de Nuestra Señora de las Mercedes de Oria, le confió trabajar en el monumento del Sagrado Corazón de Almería.

Próxima la Persecución Religiosa, aceptó del Beato Ventaja la responsabilidad de Vicepresidente de la Junta Diocesana de Acción Católica. Con valor regreso de una peregrinación a Tierra Santa y, tres días después, fue detenido en Tíjola. Preso en las Adoratrices, coincidió con los Beatos Ventaja y Medina Olmos. Trasladado al Cuartel de Milicias, compartió martirio con el Siervo de Dios don José Álvarez Benavides de la Torre. Antes del martirio le cortaron aquellas manos que tanto socorrieron a los necesitados.

Un testigo refiere que: «Era un hombre que con su testimonio cristiano atraía a los demás hacia Dios. Era notorio su amor y predilección a los pobres.»
Emilio Antequera Lupiáñez, granadino de Narila y de 68 años, era rector de la iglesia del Sagrado Corazón en Almería desde la expulsión de los jesuitas, según recuerda la biografía diocesana:

Así lo recordaba un testigo ocular: «El Siervo de Dios practicó activamente la caridad, siendo un protector de los pobres y gentes sencillas, a las que ayudaba incluso con fondos propios. Hombre de oración y permanente dedicación a su ministerio sacerdotal.»  Detenido en su propia casa con gran violencia el siete de agosto.

El padre José Álvarez-Benavides.José Álvarez-Benavides de la Torre, malagueño de 71 años, era deán de la catedral de Almería y su nombre encabeza la causa de los 115 mártires beatificados en Roquetas. La biografía diocesana da en su caso más detalles del martirio:

Deán de la Catedral desde 1927, todos los días celebraba puntualmente la Santa Misa en el altar de la Purísima. Un testigo ocular refiere: «El Siervo de Dios era un sacerdote de gran personalidad. Vivía en un ambiente de austeridad y ejemplaridad. Resplandecían sus virtudes sacerdotales. Tenía un sólido prestigio en la ciudad, dentro del clero diocesano y ante la población seglar.»

Con la burda acusación de que escondía supuestos tesoros y armas en la Catedral, fue detenido y arrastrado al mismo templo el veintitrés de agosto de 1936. Prisionero en las Adoratrices primero y luego en el barco Astoy – Mendi, el trece de septiembre fue trasladado al Pozo de Cantavieja junto con nueve presbíteros, dos hermanos de la Salle y nueve seglares. Así contó su martirio un testigo: «Aquí “La Alsina” llegaba hasta unos 20 pasos de la boca del mismo y los presos eran sacados por los milicianos uno a uno, y éstos los entregaban a los ejecutores, quienes los colocaban al borde del mismo, haciéndoles un disparo en la cabeza o en el pecho y arrojándolos al fondo, tras empujarles con un bieldo. Los presos morían dignamente y daban el grito de ¡Viva Cristo Rey! Las demás víctimas presenciaban la muerte de los que eran primeramente asesinados. Al caer al Pozo algunas de ellas tenían aún vida y lanzaban quejidos desde el fondo y entonces desde la boca del mismo le hacían varios disparos rematándolos. Al terminar las ejecuciones echaban varias espuertas de cal viva, tierra y piedras.»
El padre Pío Navarro.Pío Navarro Moreno, canónigo pontificio de 76 años y natural de Vélez Rubio (Almería), fundó desde periódicos hasta la Cruz Roja local, y se desvivió por los demás hasta el final:

En 1891 fundó el semanario católico La Paz. Asiduo colaborador periodístico, fue socio de la romana Academia Tiberina y de la Asociación de la Buena Prensa.

Presbítero dinámico, fundó en los Vélez la Asociación de la Cruz Roja Española donde desarrolló una meritoria labor. También introdujo las Congregaciones de las Hijas de María y de san Luis Gonzaga, así como la Guardia de Honor del Sagrado Corazón y el Jubileo de las Cuarenta Horas. Los Prelados le confiaron diversas responsabilidades. Desde 1896 vinculado a las religiosas de María Inmaculada, ya que colaboró en la redacción de sus Constituciones, también prestó servicios a las Siervas de María y a los Franciscanos.

En su ministerio pastoral fue coadjutor de Gádor y de Los Gásquez, cuyo templo restauró a sus expensas. Tras atender durante siete años el culto de la iglesia de la Purísima, en 1907 fue Ecónomo de la Parroquia de su villa natal. En 1909 marchó a Almería como párroco de san Sebastián. El Papa Benedicto XV lo nombró canónigo de la Catedral en 1922, donde ocupó el oficio de chantre.

Detenido al inicio de la Persecución Religiosa, a pesar de sus múltiples ocupaciones, un testigo ocular recuerda que: «Se desvivía con las personas que estaban a su alrededor. Era todo para todos y esto de verdad y gozando con servir.»

Ahora es cuando principio a ser discípulo de Jesucristo
El padre Luis Eduardo López.Luis Eduardo López Gascón, granadino de 81 años, había sido misionero pasionista en México y desde 1911 era párroco de Adra (Almería):

Siempre caritativo, promovió los estudios entre sus feligreses y les abrió las puertas de su gran biblioteca. Venerado por todos, supo ejercer un gran apostolado con la ayuda de sus dos coadjutores y la seglar doña Carmen Godoy Calvache, todos beatificados.

La Persecución Religiosa comenzó pronto en Adra, aunque antes tuvo oportunidad de peregrinar a Tierra Santa. Desde el incendio del templo parroquial en 1933 lo acosaron sin descanso. El catorce de abril de 1936 saquearon su casa. Con valentía resistió hasta julio, refugiándose en Vera y Almería. Detenido en agosto, lo arrastraron a Alhama de Almería donde fue torturado por negarse a blasfemar. Trasladado a Almería, fue forzado a tragar sus medallas religiosas antes del martirio.

Once días antes de su muerte había escrito: «Cuanto tenía, Dios me lo ha dado y Él me lo ha quitado. Sea bendito su Santo Nombre. […] Ahora es cuando principio a ser discípulo de Jesucristo.»

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