Predijo su martirio y que le cortarían las orejas El párroco de Nacimiento (Almería) predijo que perdería el oído que le quedaba y la vida como mártir; y en efecto le cortaron las orejas

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Trece de las personas asesinadas el viernes 18 de septiembre de 1936 han sido beatificadas: cinco terciarios capuchinos –Vicente Jaunzarás, Justo Lerma, Vicente Gay, José María López y Salvador Chuliá– en Torrent (Valencia), cuatro lasalianos -los hermanos Nicolás Adriano, Clemente Faustino, Honorio Sebastián y Anastasio Lucas– en Tarragona, dos sacerdotes de la diócesis almeriense, un marianista en Ciudad Real y un salesiano en Madrid.

El padre Manuel Alcayde.Manuel Alcayde Pérez, de 57 años y natural de Fiñana, donde era coadjutor (dentro de la diócesis de Guadix), fue asesinado en Nacimiento y beatificado en Roquetas de Mar (25 de marzo de 2017), siempre en la provincia de Almería. Pidió morir antes que su párroco:

Su antigua feligresa doña Francisca Salmerón señala su actitud ante la Persecución Religiosa: « En los momentos difíciles no se acobardó. Una sobrina suya vino desde Barcelona con ánimo de llevarlo con ella y que allí pasara inadvertido y libre de peligro, pero el siervo de Dios le contestó que no tenía nada que temer, que no había hecho nada malo. Dijo que tenía que dar su vida por Cristo. »

El diecisiete de septiembre de 1936 fue detenido y escarnecido en la plaza del pueblo, sufriendo una cruel prisión. De madrugada junto a su Párroco, el siervo de Dios don Melitón Martínez Gómez, fue subido en un coche y llevado a la cuesta de la Reina. Al apearse del vehículo dijo a su compañero: « Se han cumplido nuestros días y horas; me consuela que muramos juntos. »

Como los milicianos rechazaron sus súplicas para no fusilar al Párroco, pidió morir antes para no presenciar la ejecución. Así recibió el martirio de un machetazo.
El padre Melitón Martínez.Melitón Martínez Gómez, granadino de Jérez del Marquesado y de 58 años,  era el párroco asesinado a continuación de Manuel Alcayde, juto con el cual fue también beatificado. Predijo su martirio, según el relato de la diócesis de Almería (hay biografía más amplia en la de Guadix):

A una vecina le comentó: « Ya he perdido este oído y dentro de nada el otro, y dentro de nada la vida. » Iniciada la Persecución Religiosa, sus familiares trataron de que se refugiara en su pueblo. Se negó a abandonar su Parroquia. Solía decir: « Yo iré al Cielo derramando mi sangre por Cristo. »

Detenido el diecisiete de septiembre de 1936 junto a su Coadjutor, el siervo de Dios don Manuel Alcayde Pérez, lo obligaron a andar descalzo por el pueblo para burlarse de él. Tras cortarle las orejas en la cuesta de la Reina, fue martirizado al día siguiente.

Director del colegio El Pilar de Madrid

Carlos Eraña Guruceta, de 51 años y guipuzcoano de Arechavaleta, fue el primero en morir de los tres religiosos marianistas asesinados en Ciudad Real que han sido beatificados. Hizo sus primeros votos en 1903 y comenzó a dar clase de primaria en Escoriaza, Villafranca de Oria y Madrid, para ser luego director de los colegios de Ciudad Real (1916-1927), Tetuán- Marruecos (1927-1933), y Nuestra Señora del Pilar de Madrid.

El 24 de julio de 1936, el Colegio del Pilar, donde residía, fue incautado y la comunidad religiosa dispersada. Carlos Eraña fue detenido dos veces y luego puesto en libertad. Cuando vio que en Madrid su vida corría peligro y que no podía hacer nada útil, decidió ir a Ciudad Real. Después de una nueva detención en Alcázar de San Juan, que estuvo a punto de costarle la vida, llegó a Ciudad Real el 29 de julio. Allí se encontró con dos comunidades marianistas dispersas a las que trató de ayudar, manifestándose siempre como religioso. Solía decir: «Sea lo que Dios quiera».

El 6 de septiembre fue arrestado y llevado a la casa del pueblo, donde permaneció doce días en aislamiento. El día antes de morir manifestó su deseo de confesarse. En la madrugada del 18 de septiembre fue sacado de la improvisada cárcel y fusilado en Alarcos, a pocos kilómetros de la capital.

Un salesiano pontevedrés asesinado por la checa de Fomento

Salvador Fernández Pérez, de 66 años y pontevedrés de San Pedro de Creciente, profesó como salesiano en 1891 y fue ordenado sacerdote en 1896. Ejerció en Málaga, Vigo, Santander, diversos lugares de Galicia y el País Vasco y, desde 1935, en la casa del barrio madrileño de Estrecho, como confesor.

Tras el asalto al colegio del día 19 de julio de 1936, fue a parar a la Dirección General de Seguridad, y al ser puesto en libertad se refugió en domicilios de parientes. Desde el 28 de agosto estuvo en la pensión Manzano, de la calle Libertad 12, hasta que el 18 de septiembre se presentaron unos milicianos que, tras identificarlo como sacerdote, se lo llevaron a la checa de Méndez Álvaro y luego a la de Fomento (oficialmente la Checa principal, sita en el Círculo de Bellas Artes en la calle Alcalá, no se trasladó como tal sede del Comité Provincial de Investigación Pública a la calle Fomento 9 hasta el 25 de octubre; pero obviamente en Fomento funcionaba antes otra checa).

Dos días más tarde se exponía la foto de su cadáver en la DGS. Fue el tercero de los cuatro salesianos de Estrecho asesinados, todos a su vez beatificados.

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