Confesó a los católicos que iban a ejecutar, a él le dejaron vivir dos días más Enrique Morant, perseguido desde la victoria del Frente Popular, confesó a los católicos en Bellreguard, donde no dejaron ni los cimientos de la iglesia

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Dos maristas -los hermanos Valente José y Eloy José– asesinados en Castellón, un sacerdote diocesano en Valencia, un operario diocesano –Sebastiá Segarra– en Barcelona y un benedictino en Madrid son los cinco mártires beatificados del lunes 5 de octubre de 1936.


Bellreguard, donde acabaron ejecutando incluso a los asesinos
Enrique Morant Pellicer, de 28 años y valenciano de Bellreguard, era el cura de Barx (Valencia) y había dejado los estudios de Arquitectura en Madrid para ordenarse en 1933. Fundó la Acción Católica en la parroquia y organizó ejercicios espirituales para jóvenes en 1935. Tras la victoria electoral del Frente Popular, le persiguieron de modo que tuvo que ser trasladado y nombrado director del Patronato del Grao de Valencia. Al estallar la guerra estaba en Serra, en la residencia veraniega del patronato, y marchó a su pueblo natal (Bellreguard) tras pasar tres días detenido en Alzira.

El día 3 de octubre a las once horas fue arrestado. Llevado al comité, confesó a los allí detenidos, que a continuación fueron ejecutados, mientras que él fue devuelto a su casa. Pero al anochecer volvieron a arrestarlo, lo llevaron a Xeraco y lo fusilaron.

El buscador de santos y beatos de la Conferencia Episcopal da como fecha de muerte de Morant el 3 de octubre. La documentación de la Causa general, sin embargo, no deja duda de que fue asesinado el día 5 (legajo 1376, expediente 6). Ayer hablé ya de un religioso y un sacerdote de esa localidad asesinados el 4 de octubre; vale la pena repasar esa documentación para ver no solo que mataron a buen número de laicos de toda condición social por el hecho de ser católicos, que arrasaron la iglesia del pueblo hasta no dejar ni los cimientos, y que los desmanes llegaron a ser de tal calibre que el comité terminó matando en plena calle, por tanto cabe suponer que en circunstancias no muy honrosas, a dos de los matarifes, apodados “los argentinos”, por ser emigrantes que, después de instaurada la República, regresaron de aquel país.

El beato Rafael Alcocer.Rafael Alcocer Martínez, sacerdote benedictino madrileño de 46 años, fue asesinado en el barrio de La Elipa de la capital española, y beatificado en la Catedral de la Almudena el 29 de octubre de 2016 con otros tres benedictinos de la parroquia madrileña de Montserrat. Su biografía la proporciona el Monasterio de Silos:

Cuando contaba 20 años ingresó en el noviciado de la Abadía de Silos. Tuvo que realizar el servicio militar en Ceuta y vuelto a Silos hizo profesión de vida monástica el 6 de abril de 1915. Fue ordenado sacerdote, junto a Fray Justo Pérez de Urbel, en Burgos el 25 de agosto de 1918.

Era licenciado en Filosofía y Letras y su producción literaria es abundante, gozando también de fama de buen orador. Desde el año 1926 residía en el priorato de Montserrat, donde le alcanzó la Guerra Civil de 1936.

Dispersada la comunidad, buscó refugio en casa de un amigo librero de la calle Alberto Aguilera. Descubierto y llevado al Ateneo Libertario de la calle Ferraz, alcanzó la gloria del martirio el 4 de octubre de 1936. Fue fusilado en la Cuesta de la Elipa y sus restos reposan actualmente en la iglesia de Montserrat.

Puede leer la historia de los mártires en Holocausto católico (AmazonCasa del Libro).

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