El cura que salió de su escondite para liberar a su padre adoptivo y hermano Ramón Esteban Bou, sacerdote que había sido niño abandonado, dejó su escondite para sacar de la cárcel a su padre adoptivo y hermano

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Los cuatro mártires beatificados que fueron asesinados el 17 de octubre de 1936 son una laica de Valencia que llevaba comida al que la mandó ejecutar (Társila Córdoba), un marianista pionero de la arqueología madrileña (Fidel Fuidio) arrojado a un pozo en la provincia de Ciudad Real, un franciscano que soportó 33 días de tortura (Perfecto Carrascosa) en la de Toledo y un sacerdote alicantino, el único aún no biografiado en estas páginas, y que bien podría ser patrono de los hijos adoptados.

Ramón Esteban Bou Pascual, de 34 años y natural de Benimantell (Alicante), era un niño expósito, adoptado por un matrimonio cuando tenía nueve años. Se ordenó sacerdote en 1930, fue coadjutor en Almusafes, capellán de las religiosas de Cristo Rey de Benifaió, y regente de Planes (Alicante). El 22 de julio de 1936 saquearon y cerraron su parroquia, por lo que se fue a Catamarruch y a Benimantell, a casa de una tía suya. El 15 de octubre supo que los milicianos iban a buscarlo y escapó al campo. Pidió albergue en algunas casas, pero le fue negado y volvió a su casa, enterándose de que su padre y su hermano estaban presos. Fue a entregarse y en la madrugada del día 17 lo llevaron a las tapias del cementerio y lo acribillaron a balazos. Antes de morir perdonó a sus asesinos. En carta escrita días antes, habia señalado que no cabe mayor honra que el martirio.

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