No temamos el martirio, que Dios fue por el mismo camino El franciscano fray Salvador Mollar se despidió pidiendo perdón, perdonando y recomendando no temer el martirio, porque Dios fue por el mismo camino

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Dios fue por el mismo camino, era el principal argumento que para no temer el martirio dio el hasta ahora único mártir beatificado entre los asesinados el 27 de octubre de 1936, Juan Bautista Mollar Ventura (fray Salvador), franciscano de 40 años, natural de Manises y sacristán del colegio de Benissa, asesinado en Paterna (Valencia) y beatificado en 2001.

Encarcelado el 13 de octubre cuando se encontraba en casa de una hermana suya en Manises. Es por ahora el único beato martirizado un 27 de octubre, de modo que debería quedar su biografía para tal fecha, pero como esta serie de mártires de cada día la comencé precisamente el 28 de octubre, aquí va la historia:

Profesó como franciscano en 1922, con 25 años. Su madre afirmaba estar “contenta de que siga su vocación, pues él será como una lámpara encendida que arderá siempre ante el Sagrario”. Vivió entre los conventos de Santo Espíritu y Benissa, con un intermedio (1930-33) en San Francisco el Grande de Madrid. Se refugió 15 días en una casa de campo en Benissa, y luego en casa de su hermana Consuelo en Manises, presintiendo su martirio, para el que se preparaba en la plena aceptación de la voluntad de Dios. El 13 de octubre se presentaron unos milicianos a hacer un registro. Luego dijeron a fray Salvador: “Ahora usted se viene con nosotros, que le tenemos que hacer una pregunta”. Lo encerraron en el convento de madres carmelitas de Manises, en el confesonario de las monjas, tan pequeño que no podía acostarse. Ahí estuvo hasta el día 27, permitiendo a sus familiares llevarle agua y comida, pero no hablarle. Él consiguió pasarles este mensaje, escondido en un pedazo de pan: “Queridas hermanas, cuñadas y sobrinas: Yo estoy bien y muy conformado en la voluntad de Dios. Espero me diréis como lo pasáis por esa. No padezcáis por mí, pero orad mucho por mí, pues necesito mucho de vuestras oraciones. Queridos míos: Os pido perdón de todas las ofensas y malos ejemplos que os haya dado; yo también perdono de todo corazón a todos mis enemigos, pues quiero que Dios me perdone de todos mis pecados. Encargo mucho a Auxiliadora, a Consuelín y Salvador que sean muy honestos y piadosos. Queridas mías: Pueda ser que dentro de pocos días me encuentre en la eternidad; acordaos de mí como me acordaré de vosotras y no temamos que Dios fue por el mismo camino y sin culpa propia”. Cuando el día 28 su sobrina María Auxiliadora fue a llevarle la comida, le dijeron: “el pájaro ya ha volado”. Lo fusilaron en el Picadero de Paterna.

Puede leer la historia de los mártires en Holocausto católico (Amazon y Casa del Libro).

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