68 mártires en Paracuellos: El día con más beatificados Entre los 74 beatos del 30 de noviembre de 1936, hay 68 mártires en Paracuellos de Jarama, el lugar con más beatificados del siglo XX en España

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De los 74 beatificados del día 30 de noviembre, 68 murieron en Paracuellos de Jarama, hacia donde hubo sacas de las prisiones de San Antón y Ventas. Los otros seis eran dos monjes de Montserrat, un dominico y un paúl en Barcelona, más una seglar en la provincia de Valencia y un capuchino en la de Alicante.

Cuatro de Cataluña y dos de la Comunidad Valenciana
Los monjes eran Lluís Palacios Lozano, de 43 años, profesor de lenguas orientales en el Pontificio Ateneo de San Anselmo en Roma (la universidad de los benedictinos); y León Alesanco Maestro (Luis Gonzaga), de 54 años.

El dominico era Felipe Santiago Meseguer Burillo, de 51 años, sacerdote desde 1905, que trabajó en la redacción de La Ciencia Tomista, en Madrid y en el colegio de Vergara, antes de pasar a la restaurada provincia de Aragón, donde se dedicará a la enseñanza, siendo promovido en 1934 al grado de maestro en Teología, con cátedra en el seminario diocesano y el estudio general dominicano de Valencia.

Estaba de paso en Barcelona al estallar la guerra y se refugió con familias amigas hasta que fue denunciado; no negó su condición sacerdotal al ser interrogado y dijo que prefería la muerte a ofender a Dios negando su misión de sacerdote. Fue asesinado con otros presos de la cárcel del barrio barcelonés del Clot.

El sacerdote de la Congregación de la Misión era Vicente Queralt Lloret, barcelonés de 42 años, beatificado con otros 59 vicencianos en Madrid el 11 de noviembre de 2017.

La carcagentina María del Olvido Noguera Albelda, de 32 años, perteneció a todas las asociaciones locales propias de las jóvenes y jamás llamó un pobre a su puerta que no fuera atendido. El cuñado de su asesino dijo que antes de matarla intentaron violada, pero ella se defendió enérgicamente, así que la sujetaron entre cuatro hombres y así la violaron seis, ante su hermano Isidro, a quien ataron a un olivo para que no pudiera impedirlo. La mataron con arma de fuego y ella todavía tuvo aliento para gritar hasta el final:“¡Viva Cristo Rey!”. También fue asesinado su hermano Isidro. El capuchino asesinado en Elche (Alicante) era Ramón Juan Costa (padre Honorio de Orihuela), de 48 años.

68 beatos más en Paracuellos
Los 68 beatificados del día 30 en Paracuellos procedían todos de San Antón y eran: 51 agustinos, siete hospitalarios, cinco lasalianos, tres vicencianos y dos dominicos.

Según el padre Modesto González Velasco, 54 agustinos fueron “llamados a primeras horas de la mañana. Todo revestía las mismas características que el día 28. Tres de los convocados se vieron libres cuando ya estaban maniatados en los autobuses o a punto de subir. Ellos son testigos de estos momentos al salir de la prisión. Se animaban mutuamente. Los sacerdotes impartían la absolución. El padre Monedero y alguno más recibieron la noticia de ser llamados con alegría y como una buena noticia. Consideraban el martirio como una gracia especial que Dios les concedía. Realizaron el trayecto hacia Paracuellos cantando como se canta en la iglesia, según relataban algunos conductores de autobuses, al regresar a la prisión. Ante los piquetes que los fusilaron en grupos de unos diez, todos daban muestras de gran serenidad”.

Los agustinos asesinados esa mañana fueron: los alumnos de Filosofía Luis Abia Melendro, de 17 años; Miguel Iturrarán Laucirica, Román Martín Mata y José Antonio Pérez García, de 18 años; Víctor Cuesta Villalba, de 19; Bernardino Calle Franco, Julio María Fincias, Francisco Fuente Puebla, Pedro Simón Ferrero y Máximo Valle García, de 20 años; Ramiro Alonso López, de 21 años; los laicos profesos Gerardo Pascual Mata, de 21 años; Isidro Mediavilla Campo, de 23; Pedro José Carvajal Peredalos, de 24; Ricardo Marcos Reguero, de 45 años; Tomás Sánchez López, de 46; José Dalmau Regás, de 50; y Macario Sánchez López, de 52; los alumnos de Teología Marcos Guerrero Prieto y José Noriega González, de 21 años; Julio Marcos Rodríguez, de 22; Nemesio Díez Fernández y José López Piteira, de 23 años; José Gando Uña, de 26; los además diáconos Nemesio García Rubio y Dionisio Terceño Vicente, de 24; los sacerdotes Jesús Largo Manrique, de 24 años; Dámaso Arconada Merino y Pedro de la Varga Delgado, de 32; Arturo García de la Fuente y Pedro Martínez Ramos, de 34 años; Matías Espeso Cuevas, Heliodoro Merino Merino y Conrado Rodríguez Gutiérrez, de 35; Esteban García Suárez, de 45 años; Melchor Martínez Antuña, de 47; Mariano Revilla Ricoy Julián Zarco Cuevas, de 49; Joaquín García Ferrero y Benito Velasco Velasco, de 52 años; Juan Sánchez Sánchez, de 54; Juan Monedero Fernández, de 55 años; Alfredo Fernando Fariña Castro (padre José Agustín), de 57; Benito Garnelo Álvarez, de 60; Francisco Marcos del Río y Luis Suárez-Valdés Díaz de Miranda, de 62 años; Benito Rodríguez González, de 63; Constantino Malumbres Francés, de 64; Miguel Cerezal Calvo y Gerardo Gil Leal, de 65; más Agustín Renedo Martino, de 66 años.

Antonio Montero Moreno relata la siguiente anécdota referida a un sacerdote de 34 años (seguramente Arturo García de la Fuente), descubierto por uno de los guardias de San Antón cuando rezaba el rosario: “Su descubridor era el fanático Santiago del Amo, apodado Petrof, y se le echó al cuello barbotando palabrotas y denostándole con estos términos: Con esto debía ahorcarte ahora mismo, ¡chalao! Más te valiera estudiar historia o geografía. El interpelado era doctor en Historia, correspondiente de la Academia y bibliotecario de El Escorial”.

Los siete hospitalarios (seis de ellos de Ciempozuelos) eran Arturo Donoso Murillo, profeso de 19 años; Antonio Martínez Gil-Leonis, novicio de 20 años; Jesús María José Antonio (hermano Jesús) Canuto Gesta de Piquer, profeso de 21 años; Nicéforo Salvador del Río, profeso de 23 años (de la casa de San Rafael de Madrid), Rafael Touceda Fernández (hermano Román, de 32 años, vicesuperior), Miguel Francisco Ruedas Mejías (hermano Miguel, de 34 años), y Santiago García Molina (hermano Diego de Cádiz), de 44 años, consejero y secretario provincial de la Orden Hospitalaria.

En cuanto a los cinco hermanos de La Salle, eran: Martín Arbé Barrón (hermano Ismael Ricardo, de 30 años, trabajaba en el Asilo del Sagrado Corazón); Vicente Angulo García (hermano Adalberto Juan, de 32 años); Emiliano Santamaría Angulo (hermano Floriano Félix, de 37 años); Saturnino Sanz y Sanz (hermano Pablo de la Cruz, de 57 años); y Manuel Miguel Sánchez (hermano Sinfronio, de 60 años). Lorenzo Ontañón Rey (hermano Basilio Julián, de 43 años) y Félix Redondo Olivares (hermano Eufrasio María, de 66 años), asesinados con los anteriores, fueron declarados venerables (reconociéndose su muerte como martirio el 19 de diciembre de 2011 por el papa Benedicto XVI) pero no beatificados.

Los tres vicencianos beatificados el 11 de noviembre de 2017 en Madrid eran los sacerdotes Pedro Pascual García Martín, de 44 años y turolense de Monteagudo, y Francisco Morquillas Fernández, de 47 años y burgalés de Sarracín, más el hermano Joaquín Zubillaga Echarri, de 37 años y natural de Echeverri (Navarra).

Misionero en Hong-Kong
Los dos dominicos eran Juan Peña Ruiz (padre Vicente, de 53 años, profeso en 1901 y sacerdote desde 1907, tras el asalto al convento del Olivar de Madrid, buscó una casa de acogida; pocos días después, el 4 de agosto, lo detuvieron en plena calle y lo llevaron a la cárcel de San Antón, donde organizó un modo de rezar disimuladamente el rosario, paseando por el patio en grupos y valiéndose de cuerdas para contar las avemarías), y Amado Cubeñas Diego-Madrazo, de 56, que profesó en 1898 y se ordenó en 1906, marchando a Hong-Kong hasta 1913, cuando regresó a España enfermo; desde 1929 era superior de la casa de la Pasión en Madrid y y procurador de la Vicaría de España; estaban en el convento del Rosario al estallar la guerra, encontró hospitalidad en una casa amiga, y desde allí ayudó económicamente a varios frailes que vivían en la clandestinidad. Detenido el 16 de septiembre en la pensión San Jerónimo, se entregó como religioso y resignado a la voluntad divina. Fue encarcelado en la cárcel Modelo, donde continuó por dos meses -lo trasladaron a San Antón el 16 de noviembre- en compañía de otros religiosos y laicos, con los que rezaba el rosario en los patios, simulando conversar.

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