El que no esté dispuesto a ser mártir, que se vaya Antes de la quema de conventos de 1931 ya decía el arzobispo de Burgos que quien no estuviera dispuesto a ser mártir no debía seguir en el seminario

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Uno  de los dos mártires del 5 de diciembre de 1936 arrastró en su muerte a un hermano del  ministro Marcelino Domingo. Ante la revolución, no servía de nada ese parentesco que, en cambio, a Federico Mayor Zaragoza le ha dado en ocasiones supuestamente autoridad para pontificar sobre lo que fueron la guerra o la transición, o lo que se debe hacer en Cataluña.

Ser familiar de Marcelino Domingo no sirvió de nada
El 5 de diciembre hay dos beatos, cuyas vidas se extinguieron en Montcada i Reixac: el sacerdote operario diocesano Vicente Jovaní Ávila, de 34 años, y el director general de esa hermandad, Joaquín Jovaní Marín, de 62 años, tío del anterior.

Sintomático del ambiente en que vivían los eclesiásticos antes incluso de la primera quema de conventos, es lo que le escribió el 7 de mayo de 1931 el rector del Colegio de San José de Burgos: “Vino el señor arzobispo y les dijo que los que no estuvieran decididos a todo, hasta al martirio, aprovecharan la ocasión de las vacaciones del verano para no volver al seminario”. El arzobispo era Manuel de Castro Alonso.

Comenzada la guerra, estos dos sacerdotes fueron a parar a la cárcel de Pilatos, de Tarragona, donde algún seminarista se salvó por no ser aún sacerdote, como José María Reyes Mateu: “el día 10 de agosto de 1936 me hicieron una especie de juicio. Me preguntaron si yo era sacerdote. Les contesté que me faltaba un año para terminar la carrera. Me dijeron que a los estudiantes nos necesitaba la República y que no nos harían nada malo; solamente a los culpables -refiriéndose claramente a los sacerdotes– les darían lo suyo”.

Tampoco esto era exacto, pues haber ayudado a un sacerdote sería, en este caso, motivo de la máxima pena para el hermano de un exministro de la República, según testificó Joaquina Fibla Frecet: “Por mediación de mi cuñado, Federico Domingo, Joaquín Jovaní salió de la cárcel de la Casa de Pilato”. Este hermano de Marcelino Domingo consiguió dos pasaportes para que los sacerdotes huyeran a Francia. Estos “subieron al coche que los había de llevar a Francia. Los demás quedaron en la pensión un rato.

En esto llegaron unos sesenta milicianos, que ocuparon la pensión y detuvieron a todos. Entonces vieron los que estaban en la pensión que había regresado el coche en el que viajaban los que marcharon a Francia, el cual había sido detenido también por los milicianos y obligado a regresar a la pensión. A todos los detenidos los llevaron a un retén y después a la checa de San Elías”.

Los cinco -Joaquín Jovaní y sus sobrinos Vicente (el sacerdote) y Joaquín, Federico Domingo y el marido de Joaquina Fibla, estuvieron en la misma celda, de donde lo sacaban de dos en dos. Este fue el último en salir. “Al llamarle para declarar, preguntó por sus familiares, y los milicianos le dijeron que estaban en un campo de concentración, menos Federico, que había sido llevado a Madrid. Esto era mentira, como pudimos comprobar después de la guerra, al encontrar juntos los cadáveres de Joaquín Jovaní, el sobrino y de Federico Domingo”.

El 5 de diciembre de 2015 se celebró en la diócesis de Chimbote la primera beatificación de mártires del Perú: los sacerdotes polacos de la orden de hermanos franciscanos menores conventuales (OFM Conv) Fray Miguel Tomaszek (hermano menor conventual franciscano) y Fray Zbigniew Strzalkowski, asesinados por Sendero Luminoso el 9 de agosto de 1991; y el sacerdote diocesano italiano , asesinado el 25 de agosto también por terroristas de Sendero Luminoso.

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