Un mártir del campo de concentración de Turón (Granada) El joven José Pérez fue una de las 300 personas asesinadas en el campo de concentración de Turón (Granada), mientras construían una carretera

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Dos mártires del siglo XX en España perdió la vida el 29 de mayo de 1938: Pedro Romero Espejo, redentorista cuyo caso relaté en el artículo del 28 de abril, aniversario de su nacimiento, y el laico almeriense José Pérez. A modo de digresión, hoy daré una pincelada sobre la persecución en China.
José Pérez Fernández, miembro de la Acción católica de 25 años (había nacido el 4 de septiembre de 1912 en Sorbas (Almería), fue asesinado el 29 de mayo de 1938 en Turón (localidad de Granada en la que mandaron para asesinar a 300 personas; la foto de 2008 cuando se colocó allí una placa y un libro sobre los mártires de Turón puede verse en el blog de D. Jorge López Teulón) y beatificado en 25 de marzo de 2017 en Roquetas de Mar (Almería). La biografía diocesana dice del joven José Pérez:

Animoso y lleno de entusiasmo, propagó con todas sus fuerzas la Acción Católica en Sorbas. En tiempos de abierta hostilidad contra la Iglesia, difundió por donde pudo el periódico católico La Independencia.

Honrado miembro de la Guardia de Asalto, fue destinado a la ciudad de Almería. Su catolicismo le valió ser detenido y sufrió prisión en El Ingenio. Trasladado el dos de mayo de 1938 a Turón, ni las más crueles torturas lograron someter su valentía cristiana. El veintinueve de mayo le ordenaron cavar su propia fosa en las inmediaciones de la ermita de san Marcos. Por su coraje burló a su verdugo y trató de refugiarse en un olivar, siendo allí martirizado a sus veinticinco años. Sólo muerto pudieron sus verdugos rendir su valeroso cuerpo, destrozándolo de una manera atroz.

Si a mí me persguieron…
Al comentar a un sacerdote chino la muerte de un obispo que estuvo 30 años en la cárcel (Mons. José Fan Zhongliang, el obispo legítimo de Shanghái, además de las tres décadas en prisión, llevaba otros 14 años en arresto domiciliario, desde que fue nombrado obispo), me dijo que precisamente ese había sido su prelado, y que apreciaba tanto lo que para él había supuesto la prisión, que decía: “Quiero que todos mis sacerdotes hayan estado en prisión. Mínimo tres años”.

Como la expresividad de los chinos es tan difícil de descifrar, y encima la anécdota me viene de segunda mano, no sé hasta qué punto bromeaba el obispo… Pero ahí queda el dato.

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