Dos mártires del siglo XX en España nacieron un 4 de mayo: el marista gerundense Pedro Sitjes Puig (hermano Laureano Carlos) y el vicenciano mallorquín Bartolomé Gelabert Pericás.
El 4 de mayo es además aniversario de la séptima ceremonia de beatificación de mártires del siglo XX en España (1997): con dos los mártires beatificados, el obispo de Barbastro, monseñor Florentino Asensio, y el primer beato gitano, Ceferino Giménez.
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Cinco mártires del siglo XX en España nacieron un 3 de mayo: un mercedario barcelonés, el obispo de Cuenca, monseñor Cruz Laplana, un sacerdote almeriense, otro capuchino valenciano y un claretiano tarraconense (que junto con otro compañero mártir, fue misionero en Guinea Ecuatorial).
Nueve mártires del siglo XX en España nacieron un 16 de abril: un hospitalario abulense, un sacerdote vallisoletano –secretario del obispo de Ciudad Real-, un benedictino oscense –del monasterio del Pueyo-, un un capuchino barcelonés, un marianista alavés, un terciario capuchino valenciano, un marista gerundense y otro navarro, más el obispo de Teruel.
El 8 de diciembre de 2018 celebra la Iglesia católica en Orán (Argelia) la beatificación de 19 mártires del siglo XX asesinados en el «decenio negro» de guerra civil argelina. El grupo va encabezado por el obispo monseñor Pierre Claverie e incluye a los monjes trapenses de Tibhirine. La beatificación puede seguirse en directo por internet y youtube a las 13 horas en ktotv.com o Youtube.com/ktotv.
El martirio de Narciso Estenaga y la revolución en Ciudad Real
El 21 de octubre de 2017, en la homilía de la beatificación de 109 claretianos, el cardenal Angelo Amato señaló por una parte que la historia de la persecución religiosa española “es la historia del amor que vence al odio” y por otra que la sangre de los mártires es “la savia vital para el dinamismo de la Iglesia española actual”.

Desde esta doble perspectiva me gustaría enmarcar este breve estudio sobre el martirio del obispo Narciso Estenaga Echevarría y la revolución en Ciudad Real. Es decir, se trata de saber si lo sucedido con la Iglesia en Ciudad Real, y particularmente con la persona de su obispo, constituye un testimonio notable de vivencia del cristianismo y si, en consecuencia, es importante para la vida y dinamismo de la Iglesia actual, es decir, para esa audacia y creatividad que se espera de los cristianos en todo momento, pero particularmente en el actual.
Uno de los tópicos más repetidos sobre la guerra civil es el de que la Iglesia la consideró como una cruzada. En la Carta Colectiva que fecharon el 1 de julio de 1937, sin embargo, los obispos españoles rechazaron esa denominación. Aquí el párrafo en cuestión.