Sacristán y mártir en Gandía: Usaron 19 litros de gasolina para quemarlo Carlos López, que fue sacristán y mártir en Gandía, se había ofrecido al Corazón de Jesús como víctima por la salvación de España

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Entre quienes murieron violentamente el jueves 6 de agosto de 1936 han sido beatificadas diez personas: seis capuchinos en Antequera, dos sacerdotes en Tarragona –Pablo Bertrán Mercadé y Francesc Vives Antich-, un lasaliano en Manlleu (Barcelona) y un laico en Gandía (Valencia).

El cierre de la frontera francesa le condenó a muerte
Antonio Serra Hortal (hermano Adolfo Jaime), de 55 años y oriundo de Banyoles (Girona), tomó el hábito lasaliano en 1887; trabajó en Bonanova, Teruel, Manlleu y Berga, pasando en 1929 como profesor a Condal y al año siguiente como procurador a Manlleu. Estaba en Rosas desde el 12 de julio de 1936, visitando a su familia, y obtuvo un pasaporte para pasar a Francia, pero cuando llegó a la frontera estaba cerrada. Regresó a Rosas, donde una patrulla de milicianos lo interrogó, y como dijo que vivía en Manlleu, lo llevaron allí el 6 de agosto. Los milicianos de la ciudad lo metieron en un coche y lo asesinaron en el cruce de las carreteras de Roda y Olot. Su cuerpo fue recogido al día siguiente y enterrado en Santa María de Corcó.

Se ofreció por la salvación de España al Sagrado Corazón
Carlos López Vidal, de 41 años, casado y sin hijos, era el segundo sacristán de la Colegiata de su localidad natal, Gandía (Valencia). Comulgaba a diario y tras unos ejercicios espirituales se ofreció al Corazón de Jesús como víctima por la salvación de España. Cuando las religiosas tuvieron que dejar sus conventos, alojó en su casa a algunas de ellas. Su dolor fue enorme cuando vio que los revolucionarios quemaron la colegiata. Se escondió en casa de su madre, que lo vio dedicado a la oración y con gran entereza. Tras tres registros, cuando los milicianos realizaban el cuarto, se presentó él mismo y lo arrestaron el 6 de agosto. Llevado en un coche hasta un lugar llamado La Pedrera, lo maltrataron y luego le dispararon hasta matarlo, mientras exclamaba «¡viva Cristo Rey!». Su cadáver estuvo tres días insepulto. Avisado el comité, le echaron 19 litros de gasolina y lo quemaron.
Puede leer la historia de los mártires en Holocausto católico (Amazon y Casa del Libro).

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