Emilia la Canastera, primera gitana mártir El 25 de enero de 1939 murió en prisión la gitana Emilia la Canastera, última de los 115 mártires beatificados en Almería en 2017

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Emilia Fernández, apodada la Canastera, es la primera mártir del siglo XX en España que subió al cielo un 25 de enero (de 1939). Los seis mártires del siglo XX en España nacidos un 25 de enero son una dominica de la Anunciata, un salesiano, un agustino, un carmelita descalzo, un sacerdote diocesano y un laico vicenciano.

Homenaje a Emilia la canastera en Tíjola.
Homenaje a Emilia la canastera en Tíjola.

Sobre Emilia la Canastera ha escrito dos libros Martín Ibarra; es la primera mártir gitana y un de las dos mujeres, ambas laicas, beatificadas en Roquetas de Mar el 25 de marzo de 2017 con otros 113 mártires del siglo XX. Su martirio lo relata así la biografía de la betificación:

Aunque enamorada de Juan Cortés Cortés, también gitano, no podía contraer matrimonio por la Persecución Religiosa. Finalmente, se unieron a principios de 1938 y ella quedó encinta. Para librar a su marido de participar en el frente, untó sus ojos con sulfato y declararon su inutilidad. No tardó en ser detenida y, a pesar de su gravidez, ingresó en la prisión de Mujeres de Gachás Colorás en Almería el veintiuno de junio de 1938. Fue juzgada y condenada a seis años de prisión el ocho de julio.

Su compañera de prisión, doña María de los Ángeles Roda, contaba: « Recuerdo la figura de Emilia, aquella gitana de ojos negros y muy grandes, alta, con el pelo tirante y un moño en la nuca, que nos llamaba poderosamente la atención por su estado de gestación, ya que allí estaban todas muy delgadas por la falta de comida. Amable, hablaba bajito, era además muy respetuosa y religiosa. »

Admirada por la ayuda que le prestaban algunas presas católicas, les pidió que la instruyeran en el rezo del Rosario. La cruel directora de la prisión, al advertir su devoción, prometió favorecerla sí denunciaba a sus catequistas. Al negarse la sierva de Dios, fue aislada en una celda y sometida a malos tratos durante su embarazo.

El trece de enero de 1939 dio a luz a una niña y, tras el parto, le negaron cualquier asistencia médica. Como escribe el presbítero Gallego Fábrega: « En la mañana del día veinticinco acabó el martirio de la guapa gitanilla de veintitrés años, que murió abandonada y sola, pero sin denunciar a su catequista, a pesar de todas las presiones a que estuvo sometida. » Aunque sus compañeras bautizaron ellas mismas a su hija, las autoridades se la llevaron y nunca más se supo de ésta.



Dos religiosas que no quisieron separarse
Rosa Jutglar Gallart, de 36 años y natural de Sabassona (Barcelona), era dominica en el colegio de Manresa, fue asesinada el 27 de julio de 1936 en Els Torrents (Castellgalí, Barcelona) y beatificada en 2007, al igual que Reginalda Picas Planas, de 41 años. Rosa trabajó en una fábrica antes de ingresar en la congregación de la Anunciata en 1920. Reginalda ingresó un año antes en las Dominicas de la Anunciata de Borredá, su localidad natal. Estuvo muchos años en Asturias antes de marchar al colegio de Manresa, donde el 1 de enero de 1936 comentó a otra religiosa que Dios no le había permitido ser mártir en Asturias, pero presentía que lo iba a ser en Cataluña. El 26 de julio, unos milicianos registraron el domicilio donde ambas estaban refugiadas, y les hicieron burlas y propuestas deshonestas que ellas rechazaron. Marcharon a otra casa, pero al día siguiente llegaron buscando a la hermana Rosa. Reginalda no quiso serpararse de ella y juntas se las llevaron para ejecutarlas.

No dejó que le arrebataran el crucifijo
Cuatro años más joven que Rosa Jutglar, pero muerto exactamente el mismo día 27 de julio era Andrés Jiménez Galera, sacerdote salesiano de la comunidad de Mohernando, de 32 años y natural de Rambla de Oria (Almería), asesinado en el km 52 de la carretera Madrid-Guadalajara y beatificado también en 2007. Sacerdote y profesor en el seminario de Almería, con motivo de una estancia del obispo salesiano Marcelino Olaechea, le manifestó en 1934 su deseo de ingresar en esa congregación. Le admitieron como aspirante en Salamanca durante el curso 1935-36 y en el verano comenzó el noviciado en Mohernando.

La casa fue asaltada el 23 de julio y Jiménez Galera, como los demás, buscó cobijo por las márgenes del Henares. El día 27, un grupo de milicianos los detuvo y condujo al palacio de los Marqueses de Heras y al gobierno civil de Guadalajara, donde el gobernador mandó devolverlos a Mohernando como detenidos. “Pero en el camino de vuelta -relata su paisano Andrés Martínez-, un grupo de milicianos del madrileño centro de Ventas, que andaba por allí, requisó uno de los coches y, al conocer la identidad sacerdotal de uno de sus ocupantes, don Andrés, ordenaron que se dirigiera hacia la capital. Le acompañaba el estudiante profeso Eulogio Cordeiro. Cuando los coches iban por el Km. 52 de la carretera de Madrid, próximo a Guadalajara, se pararon y les obligaron a bajar. En el cacheo le encontraron a don Andrés un crucifijo. Intentaron arrebatárselo, pero él no consintió. Entonces le ordenaron que cruzara la carretera y avanzara por una tierra en barbecho hacia el río Henares. No le dio tiempo a llegar. Ocho milicianos le dispararon por la espalda y el sacerdote cayó de bruces. Uno de los que le había disparado se adelantó hacia la víctima y al ver que todavía estaba vivo le disparó el tiro de gracia para rematarlo. El cadáver de don Andrés probablemente permaneció varios días sin ser sepultado. No se logró averiguar el lugar donde fue inhumado su cuerpo”.

Al día siguiente, 28 de julio, asesinaron a cuatro sacerdotes agustinos en Vallecas; uno de ellos había nacido en esta fecha: Primitivo Sandín Miñambres, de 43 años y natural de Santibáñez de Tera (Zamora), igualmente beatificado en 2007 con sus compañeros de martirio vallecano, Froilán Lanero Villadangos, de 25 años y nacido en Villadangos (León); Lorenzo Arribas Palacio, de 56 y de Arconada de Bureba (Burgos); y Pedro Alonso Fernández, de 48 años y de Faramontanos de Tábara (Zamora).

 

¡Qué suerte morir por Dios!
Uno de los siete carmelitas descalzos asesinados el 31 de julio de 1936 en Toledo cumplía años un 25 de enero: José Luis Collado Oliver (Fray Plácido del Niño Jesús), madrileño de 24 años, alumno de teología e igualmente beatificado en 2007. Según relata D. Jorge López Teulón, “Fray Plácido, a punto de ser fusilado, exclama a voz en cuello:
-¡Qué suerte morir por Dios!
Y mientras se pone de rodillas, dice a los demás:
-Hermanos, demos gracias a Dios, porque ha querido elegirnos para el martirio.
Ante el pelotón que está a punto de fusilarlos, Fray Plácido pide perdón para todos los que les fusilan y con fuerza grita:
-¡Viva Cristo Rey!
Entonces disparan, ensañándose con los frailes. Sus cuerpos yacían en el suelo, y la cantidad de orificios hecha por la fusilería hace que mane sangre abundante. Fray Plácido da aún señales de vida y uno de los asesinos hace el gesto para darle un golpe con la culata del fusil; pero otro compañero, mientras lo detiene, le dice:
-¡Déjalo ya!”

Si es por ser cura, matadme
El 6 de agosto sería asesinado un sacerdote secular que cumplía años un 25 de enero, y que fue beatificado en Tarragona en 2013: Pablo Bertrán Mercadé, de 61 años y oriundo de Creixell (Tarragona), párroco de la Selva del Camp y asesinado junto con el también beato Francesc Vives Antich, de 60 años, párroco de Creixell. Para librar a mosén Pau (Bertran, con o sin tilde según quién lo escriba) de los revolucionarios, dos vecinos lo llevaron en coche a Creixell, donde se escondió en casa de su hermano José junto con el párroco Vives.

El 6 de agosto pasó por el pueblo el coche fantasma, cuyos tripulantes preguntaron a un vecino si ya habían matado a todos los curas. Este dijo que el alcalde tenía dos escondidos y los acompañó a casa Bertran. Entre blasfemias e insultos, unos 16 milicianos exigieron que salieran los sacerdotes. Pau Bertran salió frotándose pacíficamente las manos y preguntando: “¿Quieren algo estos señores?”. Lo apresaron sin decir palabra, por lo que añadió: “¿Bueno, y por qué me quieren matar?”
Porque eres cura.
Si es así, bien.
A continuación salió Vives, y entre insultos y blasfemias los llevaron a la plaza y los subieron a un camión. El párroco Vives saludaba a sus feligreses: “¡Adiós, adiós!”. En Torredembarra, ante la fábrica Refractarios Llovet, los bajaron y, después de que se dieron mutuamente la absolución, los fusilaron.

Agustín Fernández Vázquez, 41 años, cartero y residente en el nº 13 de la madrileña calle Virtudes, era miembro de la Asociación de Hijos de María de la Medalla Milagrosa, era natural de San Lorenzo de El Escorial; fue asesinado el 17 de agosto de 1936 y beatificado en Madrid el 11 de noviembre de 2017. La biografía de la beatificación cuenta que fue “detenido en su casa el 17 de agosto de 1936, a las 7 de la mañana, por fuerzas de Asalto, de Seguridad y 8 milicianos de la checa denominada Círculo Socialista del Norte instalada en el convento de las Esclavas del Sagrado Corazón, Martínez Campos, 8, a pocos metros de su domicilio. Catalina, su esposa, se dirigió inmediatamente a la checa, pero le negaron que estuviese allí su marido. Volvió al día siguiente, y ya entonces uno de los milicianos le hizo saber que en el local no se encontraba ningún preso, ya que a los cuatro que estaban allí detenidos los habían llevado a la Dirección General de Seguridad. Se dirigió de inmediato al lugar indicado, manifestándole allí que en la checa le habían engañado. Continuó sus gestiones, recorrió todas las checas, sin conseguir noticias de su marido. Unos ocho días después encontró en la diputación la ficha de Agustín Fernández Vázquez con la indicación de “muerto”, sin más detalles. Según consta en la inscripción de defunción, firmada por el juez municipal y el secretario del distrito de Palacio, lo mataron al día siguiente de prenderlo, 18 de agosto de 1936, en el Cuartel de la Montaña y fue enterrado en el cementerio municipal de Madrid, en fosa común con los numerosos cadáveres del día. A su viuda le fue imposible identificar sus restos”.

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