Hay una mártir del 30 de enero de 1937 en España: Carmen Marie Anne García Moyon, llamada «la francesita», a la que mataron por hablar a favor del matrimonio durante la revolución (española), y en concreto la quemaron por no dejarse violar.
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Hay una mártir del 28 de enero de 1937: María Luisa Montesinos Orduña, valenciana de 35 años, era de Acción Católica, a la que había dedicado mucho esfuerzo en varios cargos directivos dentro de su parroquia.
Cuatro mártires del siglo XX en España nacieron un 26 de enero: uno de los dominicos de Calanda (Teruel), uno de los franciscanos de Fuente el Fresno (Ciudad Real), un claretiano de Lérida y una laica de Alcoy (Alicante).
Emilia Fernández, apodada la Canastera, es la primera mártir del siglo XX en España que subió al cielo un 25 de enero (de 1939). Los seis mártires del siglo XX en España nacidos un 25 de enero son una dominica de la Anunciata, un salesiano, un agustino, un carmelita descalzo, un sacerdote diocesano y un laico vicenciano.
El 24 de enero de 1937 fue asesinado, sin dejarle cumplir los 21 años, el capuchino Francesc de Paula Colomer Prísas (fray Pacià Maria de Barcelona), beatificado el 21 de noviembre de 2015. Además, seis mártires de la Revolución Española nacieron un 24 de enero: un vicenciano que pidió que cantaran un Te Deum si lo mataban; un sacerdote diocesano de Ciudad Real; otro terciario capuchino turolense, asesinado en Madrid; un marista navarro martirizado en Barcelona; una laica alicantina asesinada en Valencia; y un marista leonés mártir en Madrid.
A propósito de los asesinados en Valdepeñas, se echa en falta alguna biografía de Félix Torres Ruiz, al que alguno califica como «especie de Pol-Pot» manchego.
¿Pol-Pot manchego?
Antes de la reseña biográfica sobre los mártires del día, me parece necesaria una nota de sorpresa sobre la aparentemente nula investigación de la persecución religiosa en Valdepeñas, por la que me interesé tras oír unos relatos -que no he podido contrastar- cuando investigaba El Tren de la Muerte.
Martín Miguel Rubio Esteban, tras las consabidas afirmaciones -que le dan un aire de «neutralidad»- de que tales crímenes se cometieron en ambos bandos por igual y aún demás de que la Iglesia incitó al odio (lo cual no puede probar) y de que en las declaraciones de testigos sobre torturas probablemente hay exageración (lo que obviamente tampoco puede probar), es el único relator que encuentro de algunas de las torturas cometidas con los 80 eclesiásticos o religiosos asesinados en esa localidad, crímenes de los que supone responsable al alcalde Félix Torres Ruiz, al que califica de «especie de Pol-Pot» (manchego, añado).
La documentación de la Causa general da fe de que fueron asesinadas 179 personas de la localidad y 117 forasteros, lo cual suma 296 y, si los sacerdotes y religiosos son 80 -cosa que no he comprobado-, indica que más de una cuarta parte (27%) de las víctimas pertenecían a esa categoría. En ninguno de esos 296 casos se indica quién los mató, y en el resumen que se hace en el Estado 3 (foto arriba) se mencionan las torturas a dos sacerdotes y se viene a decir que los principales culpables ya han sido castigados, pero que, no obstante, si se requiere, se pueden dar nombres de más implicados.
El resto de la documentación se centra en investigar lo sucedido a los dos sacerdotes mencionados, pudiéndose concluir que a D. Jesús Gigante le cortaron los genitales, pero nadie confirma que enterraran vivo a D. Manuel Marcos Sánchez. De modo que puede concluirse que el Estado 3 actuó como árbol que esconde el bosque, pues parece claro que los casos de torturas fueron muy abundantes, para botón del muestra el caso del sacerdote Juan Pedro García-Sotoca, a quien sacaron los ojos y la lengua, y le partieron un brazo. A cualquiera podría parecer evidente que entre tres o cuatro no se ejecutan 300 asesinatos, pero con tanto que había que investigar en la posguerra, se diría que se pasó por alto.
No parece haber estudios sobre la represión de posguerra en Valdepeñas, ni siquiera sobre el alcalde, al que leyendo el Estado 3 daríamos por ejecutado. Gracias a la Fundación Pablo Iglesias, sabemos que Pedro Torres Ruiz era jornalero y que «en abril de 1936 fue elegido compromisario del PSOE por Ciudad Real para la elección del nuevo Presidente de la República (Manuel Azaña)«. No fue alcalde hasta el 1 de noviembre de 1936, muy tarde si se le quiere hacer responsable de todos los crímenes, si bien el que fuera elegido por unanimidad justifica que quienes lo mencionan en el libro sobre La Guerra Civil en Castilla-La Mancha lo llamen «carismático» (p. 1027), por cierto al referir que se despidió del pueblo el 25 de enero de 1939 (o sea que huyó por lo que pudiera pasarle cuando llegaran los nacionales); de su liderazgo da prueba también que, después de elegirlo alcalde, pusieran su nombre a un batallón (p. 1026). En definitiva, algunas luces y muchas sombras sobre un tema digno de estudio. Como se verá a continuación, no de todos los crímenes cometidos en su localidad puede acusarse a los de Valdepeñas, pues su cementerio era usado como punto de destino para matanzas de gente de otras localidades.
Once son los mártires del siglo XX en España nacidos un 23 de enero: un misionero de los Sagrados Corazones mallorquín asesinado en Barcelona; un capuchino barcelonés, un carmelita calzado martirizado cerca de Cervera (Lleida); un mercedario burgalés al que mataron en Lleida; un salesiano de Barcelona; un constructor de Carcaixent (Valencia), dos hospitalarios, dos párrocos y un novicio dominico.
Del 15 de enero (de 1937) hay seis mártires beatificados: el capuchino Pablo Merillas, al que detuvieron y terminaron por matar porque no quiso blasfemar, más el grupo compuesto por el sacerdote Valentín Palencia junto con cuatro muchachos.
Un mártir del siglo XX en España murió el 14 de enero de 1938: Francisco Martínez Garrido, jienense de Siles, de 61 años y párroco de Huéscar (diócesis de Guadix) -donde intervino para corregir a un político en presencia de Indalecio Prieto-, martirizado en Vélez Rubio (Almería) y beatificado en Roquetas de Mar el 25 de marzo de 2017.
Otros diez mártires nacieron un 14 de enero; por orden de su martirio: un marista burgalés asesinado en Redueña (Madrid), dos claretianos -uno burgalés y otro valenciano- a los que mataron en Barbastro, un paúl burgalés asesinado en Madrid, un sacerdote claretiano de Vic (Barcelona), un marista barcelonés martirizado en Lleida, un franciscano pontevedrés asesinado en Badajoz, la anciana madre de las cuatro monjas de Algemesí sobre la que escribí el 12 de enero, y en Barcelona un sacerdote capuchino y un minorista.
No hay beatos del siglo XX español que padecieran martirio entre el 5 y el 13 de enero, así que para el día de Reyes hay que elegir a los siete nacidos un 6 de enero: dos claretianos, dos sacerdotes diocesanos murcianos -uno de ellos el padre Cayetano García, al que amenazaron de muerte ya en febrero de 1936, y entonces dijo que dar la vida por Cristo es lo más grande-, un laico almeriense, un marista y un novicio vicenciano.
Cuatro mártires de la Revolución Española nacieron un 3 de enero: un sacerdote claretiano asesinado en Barbastro, el laico Juan Bautista Faubel -uno de los fundadores de Derecha Regional Valenciana-, otro sacerdote valenciano y un hospitalario zaragozano.