Felipe de Jesús Munárriz Azcona es uno de los siete mártires del siglo XX en España que nacieron un 4 de febrero. También es una de las 13 personas con cuyo sacrificio quiso satisfacer su sed de sangre un grupo de milicianos de Ginestar (Tarragona). En total, 245 presos fueron ejecutados en Barbastro durante la revolución.
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Antes de hablar de los mártires del siglo XX en España, y aprovechando la fiesta de un mártir oriental como San Blas de Sebaste -Armenia entonces, hoy Turquía-, quiero dejar un link al hallazgo de cruces y nombres de mártires cristianos esculpidos en piedra a lo largo de un kilómetro en Jabal Kawkab («la montaña de la estrella»), en Hima, emirato de Najran, al sur de Arabia Saudita. Ya en agosto de 2014 el arqueólogo francés Frédéric Imbert había señalado que estas inscripciones datadas hacia el año 470 eran las más antiguas en escritura árabe-nabatea.
Hay siete mártires del siglo XX en España nacidos un 3 de febrero: un pasionista de Daimiel navarro, un carmelita descalzo gerundense y otro terciario de la enseñanza ilerdense, un capuchino y una carmelita de la Caridad valencianos, un dominico tarraconense y un salesiano santanderino.
Todavía hay calles sin asfaltar en Madrid, y una de ellas es la de monseñor Óscar Romero, en el tramo que sale de la Avenida de los Poblados casi a la altura del Metro Aluche. Caminando por ella llegamos hasta el cementerio de Carabanchel Bajo y nos topamos con esta placa en memoria de ocho mártires de la guerra civil, jóvenes de entre 18 y 22 años. Por cierto que la placa fue retirada por los comunistas-podemitas del Ayuntamiento de Madrid, celosos de calificar de franquista todo lo que no sea exaltación de la Revolución Española, si bien, advertidos de su error, repusieron la placa el 3 de febrero de 2016.
Hoy hablaré además de los cuatro mártires de la Revolución Española que nacieron en la fiesta de la Candelaria.
El 24 de enero de 1937 fue asesinado, sin dejarle cumplir los 21 años, el capuchino Francesc de Paula Colomer Prísas (fray Pacià Maria de Barcelona), beatificado el 21 de noviembre de 2015. Además, seis mártires de la Revolución Española nacieron un 24 de enero: un vicenciano que pidió que cantaran un Te Deum si lo mataban; un sacerdote diocesano de Ciudad Real; otro terciario capuchino turolense, asesinado en Madrid; un marista navarro martirizado en Barcelona; una laica alicantina asesinada en Valencia; y un marista leonés mártir en Madrid.
A propósito de los asesinados en Valdepeñas, se echa en falta alguna biografía de Félix Torres Ruiz, al que alguno califica como «especie de Pol-Pot» manchego.
¿Pol-Pot manchego?
Antes de la reseña biográfica sobre los mártires del día, me parece necesaria una nota de sorpresa sobre la aparentemente nula investigación de la persecución religiosa en Valdepeñas, por la que me interesé tras oír unos relatos -que no he podido contrastar- cuando investigaba El Tren de la Muerte.
Martín Miguel Rubio Esteban, tras las consabidas afirmaciones -que le dan un aire de «neutralidad»- de que tales crímenes se cometieron en ambos bandos por igual y aún demás de que la Iglesia incitó al odio (lo cual no puede probar) y de que en las declaraciones de testigos sobre torturas probablemente hay exageración (lo que obviamente tampoco puede probar), es el único relator que encuentro de algunas de las torturas cometidas con los 80 eclesiásticos o religiosos asesinados en esa localidad, crímenes de los que supone responsable al alcalde Félix Torres Ruiz, al que califica de «especie de Pol-Pot» (manchego, añado).
La documentación de la Causa general da fe de que fueron asesinadas 179 personas de la localidad y 117 forasteros, lo cual suma 296 y, si los sacerdotes y religiosos son 80 -cosa que no he comprobado-, indica que más de una cuarta parte (27%) de las víctimas pertenecían a esa categoría. En ninguno de esos 296 casos se indica quién los mató, y en el resumen que se hace en el Estado 3 (foto arriba) se mencionan las torturas a dos sacerdotes y se viene a decir que los principales culpables ya han sido castigados, pero que, no obstante, si se requiere, se pueden dar nombres de más implicados.
El resto de la documentación se centra en investigar lo sucedido a los dos sacerdotes mencionados, pudiéndose concluir que a D. Jesús Gigante le cortaron los genitales, pero nadie confirma que enterraran vivo a D. Manuel Marcos Sánchez. De modo que puede concluirse que el Estado 3 actuó como árbol que esconde el bosque, pues parece claro que los casos de torturas fueron muy abundantes, para botón del muestra el caso del sacerdote Juan Pedro García-Sotoca, a quien sacaron los ojos y la lengua, y le partieron un brazo. A cualquiera podría parecer evidente que entre tres o cuatro no se ejecutan 300 asesinatos, pero con tanto que había que investigar en la posguerra, se diría que se pasó por alto.
No parece haber estudios sobre la represión de posguerra en Valdepeñas, ni siquiera sobre el alcalde, al que leyendo el Estado 3 daríamos por ejecutado. Gracias a la Fundación Pablo Iglesias, sabemos que Pedro Torres Ruiz era jornalero y que «en abril de 1936 fue elegido compromisario del PSOE por Ciudad Real para la elección del nuevo Presidente de la República (Manuel Azaña)«. No fue alcalde hasta el 1 de noviembre de 1936, muy tarde si se le quiere hacer responsable de todos los crímenes, si bien el que fuera elegido por unanimidad justifica que quienes lo mencionan en el libro sobre La Guerra Civil en Castilla-La Mancha lo llamen «carismático» (p. 1027), por cierto al referir que se despidió del pueblo el 25 de enero de 1939 (o sea que huyó por lo que pudiera pasarle cuando llegaran los nacionales); de su liderazgo da prueba también que, después de elegirlo alcalde, pusieran su nombre a un batallón (p. 1026). En definitiva, algunas luces y muchas sombras sobre un tema digno de estudio. Como se verá a continuación, no de todos los crímenes cometidos en su localidad puede acusarse a los de Valdepeñas, pues su cementerio era usado como punto de destino para matanzas de gente de otras localidades.
El 22 de enero de 1937 fueron ejecutados dos mártires del siglo XX en España: el capuchino (beatificado en 2015) Esteve Santacana Armengol (fray Remigi de El Papiol, famoso como confesor en Manila) y el lasaliano de 46 años Joan Font Taulat (hermano Arnau Ciril), cuya historia acompaño con fotos de la destrucción de patrimonio religioso en Lleida.
Del 15 de enero (de 1937) hay seis mártires beatificados: el capuchino Pablo Merillas, al que detuvieron y terminaron por matar porque no quiso blasfemar, más el grupo compuesto por el sacerdote Valentín Palencia junto con cuatro muchachos.
Un mártir del siglo XX en España murió el 14 de enero de 1938: Francisco Martínez Garrido, jienense de Siles, de 61 años y párroco de Huéscar (diócesis de Guadix) -donde intervino para corregir a un político en presencia de Indalecio Prieto-, martirizado en Vélez Rubio (Almería) y beatificado en Roquetas de Mar el 25 de marzo de 2017.
Otros diez mártires nacieron un 14 de enero; por orden de su martirio: un marista burgalés asesinado en Redueña (Madrid), dos claretianos -uno burgalés y otro valenciano- a los que mataron en Barbastro, un paúl burgalés asesinado en Madrid, un sacerdote claretiano de Vic (Barcelona), un marista barcelonés martirizado en Lleida, un franciscano pontevedrés asesinado en Badajoz, la anciana madre de las cuatro monjas de Algemesí sobre la que escribí el 12 de enero, y en Barcelona un sacerdote capuchino y un minorista.
Siete mártires del siglo XX en España nacieron un 10 de enero: dos capuchinos, uno compostelano y otro salmantino; una hermanita de la Caridad madrileña (pero que trabajaba en Albacete) y un salesiano burgalés, asesinados todos en Madrid; un hospitalario catalán asesinado en Valencia; un marista burgalés mártir en Barcelona; y una monja de la Visitación guipuzcoana asesinada en Vallecas.
Hay tres beatas y un beato mártires de la Revolución Española que nacieron un 8 de enero: una dominica catalana, una carmelita toledana –primera farmacéutica mártir-, un capuchino valenciano de 80 años y una adoratriz asturiana.
Uno de los seis mártires del 29 de diciembre de 1936, el jesuita Juan Bautista Ferreres Boluda, quien a sus 76 años comentaba en la cárcel de San Miguel de los Reyes (Valencia) que “quizas un día en esta cárcel nos valga más ante Dios que toda la vida religiosa” y que todo sufrimiento «es poco para ofrecerlo al Señor para que salve a España».