Tres mártires del siglo XX en España nacieron un 7 de mayo: el vicenciano burgalés Estanislao Páramo -al que no mataron en el mismo momento de asaltar su convento porque «llamaría mucho la atención», el lasaliano tarraconense Jaume Jardí Vernet -asesinado en la localidad de Tivissa, sobre la que aprovecho para buscar documentación- y el sacerdote salesiano Andrés Gómez Sáez, valenciano. Ver en vídeo.
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Nueve mártires del siglo XX en España nacieron un 29 de abril: un pasionista navarro, un hospitalario toledano y otro soriano martirizados el mismo día, un sacerdote dominico asturiano, una carmelita de la caridad tarraconense -asesinada junto a tres familiares-, un misionero del Sagrado Corazón burgalés, un paúl turolense, otro vicenciano navarro y un capuchino barcelonés.
Además es el aniversario de la tercera beatificación de mártires de la revolución española (después de las de 1987 y 1989): la de 1990, diez de cuyos 11 beatificados han sido, además, ya canonizados (los mártires de Turón y san Jaime Hilario; María Mercedes Prat y Prat sigue siendo beata).
Ocho mártires del siglo XX en España nacieron un 18 de abril: un carmelita leonés, un vicenciano burgalés que coincidía con el anterior en llamarse Perfecto, un claretiano gerundense y otro oscense, una monja navarra -general de las Carmelitas de la Caridad-, un franciscano de Toledo (también llamado Pefecto, el santo del día), un lasaliano turolense y un hospitalario granadino.
Diez mártires del siglo XX en España nacieron un 17 de abril: un carmelita gerundense, un vicenciano ilerdense, un salesiano salmantino, un claretiano barcelonés y dos gerundenses -los tres beatificados en Barcelona el 21 de octubre de 2017-, un sacerdote diocesano almeriense, un marianista calagurritano, un marista burgalés y un agustino leonés.
Diez mártires del siglo XX en España nacieron un 5 de abril: un agustino zaragozano, un operario diocesano castellonense, un capuchino lucense, un marista francés, un laico de Cartagena -que al despedirse de su mujer le pidió que no tomara represalias-, una adoratriz y una sierva de María navarras, un hospitalario guipuzcoano, un oblato de María Inmaculada palentino y un paúl burgalés.
Ocho mártires del siglo XX en España nacieron un 30 de marzo: un claretiano navarro, un lasaliano turolense, un benedictino burgalés (al igual que el claretiano, asesinado en Barbastro), un sacerdote secular valenciano y otro almeriense, un paúl -cuyos captores dijeron estar juramentados en hacer desaparecer a todos los curas-, un agustino de Palencia y otro leonés (ambos asesinados en Paracuellos).
Cinco religiosos; un marista, un paúl, un claretiano, un capuchino y un trapense son los mártires del siglo XX en España nacidos un 24 de marzo. Este día se celebra además la fiesta del beato Óscar Romero, primer obispo mártir de América. Añado también un relato sobre los sacerdotes que murieron a bordo del Titanic.
Cinco mártires del siglo XX en España nacieron un 10 de febrero: un lasaliano, un hospitalario y un vicenciano burgaleses, más un marista y un agustino palentinos. Me detendré especialmente en el martirio de los 12 hospitalarios de Carabanchel Alto.
El 24 de enero de 1937 fue asesinado, sin dejarle cumplir los 21 años, el capuchino Francesc de Paula Colomer Prísas (fray Pacià Maria de Barcelona), beatificado el 21 de noviembre de 2015. Además, seis mártires de la Revolución Española nacieron un 24 de enero: un vicenciano que pidió que cantaran un Te Deum si lo mataban; un sacerdote diocesano de Ciudad Real; otro terciario capuchino turolense, asesinado en Madrid; un marista navarro martirizado en Barcelona; una laica alicantina asesinada en Valencia; y un marista leonés mártir en Madrid.
A propósito de los asesinados en Valdepeñas, se echa en falta alguna biografía de Félix Torres Ruiz, al que alguno califica como «especie de Pol-Pot» manchego.
¿Pol-Pot manchego?
Antes de la reseña biográfica sobre los mártires del día, me parece necesaria una nota de sorpresa sobre la aparentemente nula investigación de la persecución religiosa en Valdepeñas, por la que me interesé tras oír unos relatos -que no he podido contrastar- cuando investigaba El Tren de la Muerte.
Martín Miguel Rubio Esteban, tras las consabidas afirmaciones -que le dan un aire de «neutralidad»- de que tales crímenes se cometieron en ambos bandos por igual y aún demás de que la Iglesia incitó al odio (lo cual no puede probar) y de que en las declaraciones de testigos sobre torturas probablemente hay exageración (lo que obviamente tampoco puede probar), es el único relator que encuentro de algunas de las torturas cometidas con los 80 eclesiásticos o religiosos asesinados en esa localidad, crímenes de los que supone responsable al alcalde Félix Torres Ruiz, al que califica de «especie de Pol-Pot» (manchego, añado).
La documentación de la Causa general da fe de que fueron asesinadas 179 personas de la localidad y 117 forasteros, lo cual suma 296 y, si los sacerdotes y religiosos son 80 -cosa que no he comprobado-, indica que más de una cuarta parte (27%) de las víctimas pertenecían a esa categoría. En ninguno de esos 296 casos se indica quién los mató, y en el resumen que se hace en el Estado 3 (foto arriba) se mencionan las torturas a dos sacerdotes y se viene a decir que los principales culpables ya han sido castigados, pero que, no obstante, si se requiere, se pueden dar nombres de más implicados.
El resto de la documentación se centra en investigar lo sucedido a los dos sacerdotes mencionados, pudiéndose concluir que a D. Jesús Gigante le cortaron los genitales, pero nadie confirma que enterraran vivo a D. Manuel Marcos Sánchez. De modo que puede concluirse que el Estado 3 actuó como árbol que esconde el bosque, pues parece claro que los casos de torturas fueron muy abundantes, para botón del muestra el caso del sacerdote Juan Pedro García-Sotoca, a quien sacaron los ojos y la lengua, y le partieron un brazo. A cualquiera podría parecer evidente que entre tres o cuatro no se ejecutan 300 asesinatos, pero con tanto que había que investigar en la posguerra, se diría que se pasó por alto.
No parece haber estudios sobre la represión de posguerra en Valdepeñas, ni siquiera sobre el alcalde, al que leyendo el Estado 3 daríamos por ejecutado. Gracias a la Fundación Pablo Iglesias, sabemos que Pedro Torres Ruiz era jornalero y que «en abril de 1936 fue elegido compromisario del PSOE por Ciudad Real para la elección del nuevo Presidente de la República (Manuel Azaña)«. No fue alcalde hasta el 1 de noviembre de 1936, muy tarde si se le quiere hacer responsable de todos los crímenes, si bien el que fuera elegido por unanimidad justifica que quienes lo mencionan en el libro sobre La Guerra Civil en Castilla-La Mancha lo llamen «carismático» (p. 1027), por cierto al referir que se despidió del pueblo el 25 de enero de 1939 (o sea que huyó por lo que pudiera pasarle cuando llegaran los nacionales); de su liderazgo da prueba también que, después de elegirlo alcalde, pusieran su nombre a un batallón (p. 1026). En definitiva, algunas luces y muchas sombras sobre un tema digno de estudio. Como se verá a continuación, no de todos los crímenes cometidos en su localidad puede acusarse a los de Valdepeñas, pues su cementerio era usado como punto de destino para matanzas de gente de otras localidades.
Del lunes 14 de diciembre de 1936 hay un beato hospitalario en Barcelona: Antonio Cubells Minguell (hermano Protasio), de 56 años, que lo mismo puede ser patrón de los músicos que de los que tienen miedo ante la persecución, ya que no se atrevía a salir de casa. También fue martirizado ese día Isidro Alonso, hermano de la Congregación de la Misión.