Del 4 de enero de 1937 está beatificado un mártir marista muerto en la madrileña prisión de Porlier: el hermano Euquerio Llanillo García, de 22 años, ejemplo de que para ser mártir no hay que haber muerto violentamente, basta que el odio a la religión haya acortado notablemente la duración de la vida.
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Los beatificados hasta ahora de cuantos murieron violentamente en 1937 en España son 59. Siete fueron martirizados el día de Año Nuevo: cuatro mártires maristas más un salesiano en Cantabria, un mercedario en Lleida y una laica en Almería, a la que persigueron con saña desde antes del comienzo de la guerra y terminó enterrada viva por haber ayudado a reconstruir la iglesia de su pueblo.
Los datos de los 2.253 mártires víctimas de la persecución religiosa en España durante el siglo XX pueden consultarse en este excel, en el que incluyo una pestaña particular para los 124 beatificados el 13 de diciembre de 2025 en Jaén, en una ceremonia presidida por el cardenal Semeraro.
Beatos nacidos un 13 de diciembre -a falta de mártires que murieran ese día- hay seis; entre ellos, una de las carmelitas de Cullera que el 19 de agosto de 1936 murieron cantando al Amor de los amores.
Del 7 de diciembre de 1936 ha sido beatificado el marista Enrique Andrés Monfort (hermano Benedicto Andrés), de 37 años, a quien sus propios asesinos llamaron «fraile valiente» porque gritó vivas a Cristo Rey, la Inmaculada Concepción y la Sagrada Familia cuando lo fusilaron.
El 4 de diciembre de 1936 fueron asesinados, ahogándoles en la Bahía de Santander, cinco trapenses de la abadía de Cóbreces, cuyos martirios fueron reseñados al hablar de sus compañeros el 3 de diciembre. En Wiki Martyres puede leerse la página sobre esta causa. Los cinco del día de hoy son (todos religiosos profesos, menos el que comparte apellido con el autor de esta noticia, que era novicio): Ezequiel Álvaro de la Fuente, Eulogio Álvarez López, Robustiano (fray Bienvenido) Mata Ubierna, Jacinto (fray Eustaquio) García Chicote, Francisco (fray Ángel) de la Vega González.
Del jueves 3 de diciembre de 1936 hay nueve mártires: seis ahogados (trapenses de Cóbreces, Cantabria), dos dominicos y un marista de la saca de Ventas a Paracuellos, que por ahora son los últimos asesinados en esa localidad que han sido beatificados. Ese mismo día hubo otra saca desde Porlier, cárcel de donde saldría la última saca el día 4, suspendiéndose al volver Melchor Rodríguez como delegado especial de prisiones del gobierno.

Siete mártires del siglo XX en España nacieron un 16 de noviembre. En el orden en que fueron asesinados son el franciscano padre Alfonso López; el padre Eladio López, de los Sagrados Corazones, al que denunció una empleada de la pensión en que se refugió, que decía que había que matar a todos los curas; el marista José Valencia Janices, primer beato de Paracuellos; el operario diocesano padre Josep Pla; el salesiano Federico Cobo Sanz, de solo 16 años; el hospitalario Leandro Aloy; y el de más reciente beatificación, el sacerdote paúl Vicente Queralt.
En las islas británicas se conmemora el martirio del beato sacerdote Eduardo Osbaldeston (1594). En Rusia, la Iglesia ortodoxa conmemora a 18 mártires este día: dos de 1918 (el laico Pablo Parfyonov y el arcipreste Nicolás Dinariev), 14 de 1937 (los arciprestes Pablo Andreyev y Alejandro Zverev, Sergio Kedrov, Alejandro Parusnikov, Vladimiro Pisarev y Vicente Smirnov; los sacerdotes Pedro Orlenkov, Basilio Arkhangelsky, Juan Kesariysky, Pedro Kosminkov, junto con el diácono Simeón Krechkov, Cosme Petrichenko, Basilio Pokrovsky y Nicolás Piatnitsky); una de 1938 (la laica Eudoquia Safronova) y uno de 1942 (el protodiácono Sergio Stanislavlev).
Cinco mártires del siglo XX en España terminaron su pasión el 3 de noviembre de 1936. Cuatro eran hermanos de La Salle asesinados en Barcelona: Cecilio Manrique por una parte, y por otra el procurador José Llorach con sus compañeros Francisco Colom y José Ruiz. En Aravaca (Madrid), en la primera de las grandes matanzas de presos procedentes de cárceles madrileñas, fue asesinado el marista Aniceto Pablos Carvajal.
En Vietnam, se conmemora el martirio de san Pedro Francisco Nerón (1860). En Rusia, la Iglesia ortodoxa ha glorificado a 22 mártires, una de 1944 (la monja Pelagia Testova) y 21 de 1937: dos arzobispos (Pablo Kroshechkin y Damián Voskresensky), un obispo (Arcadio Ershov), un archimandrita (jefe de abades; Neófito Osipov), un protodiácono (Sergio Kazansky), un diácono (Juan Melnitsky), un monje-sacerdote (Sofronio Nesmeyanov), un laico (Cipriano Annikov) y 13 sacerdotes (Teodoro Belyayev, Alejandro Bogoyavlensky, Constantino Chekalov, Nicandro Chernelevsky, Basilio y Juan Kozyrev, Anatolio Levitsky, Alejo Moskvyn, Basilio Nikolsky, Nicolás Rayevsky, Sergio Smirnov, Demetrio Troitsky y Vladimiro Vedensky).
Un mártir del siglo XX terminó su pasión el 2 de noviembre de 1938: el sacerdote almeriense Mateo López. Otros nueve mártires nacieron ese día: el marista Severino Ruiz Báscones (hermano Feliciano); los sacerdotes diocesanos Josep Boher Foix y Antonio Fuentes; los dominicos Maximino Fernández Marinas y Victoriano Ibáñez Alonso; el marianista Carlos Eraña Guruceta; la Hermana de la Doctrina Cristiana María de Montserrat Llimona Planas; el oblato de María Inmaculada Justo Fernández González y el novicio hospitalario Antonio Martínez Gil-Leonis.
En Eslovenia, se conmemora en esta fecha al obispo mártir san Victorino de Ptuj; en Italia a san Justo de Trieste (ambos de 303); en Turquía a los santos Carterio y compañeros de Sebaste (320); en Persia (Irán) a san Acindino y sus compañeros (350); en las islas británicas, al beato Juan Bodey (1583). En Rusia, la Iglesia ortodoxa ha glorificado a 13 mártires, uno de 1918 (el sacerdote Nicolás Liubomudrov) y el resto de 1937: el obispo Germán Kolel, el laico Pablo Bocharov, el arcipreste Juan Rodionov, los diáconos Miguel Isayev y Pedro Kravets, más los sacerdotes Nicolás Figurov, Juan Ganchev, Leónidas Nikolsky, Alejandro Orlov, Zósimo Pepenik, Juan Rechkin y Juan Tayzin.
Todavía en 1938 la revolución española mostraba tal afán persecutorio contra la Iglesia que disimulaba el asesinato del sacerdote Julio Juyer acusándolo de espionaje. Un aspecto sobre el que reflexiona el cardenal Angelo Amato en la homilía de la beatificación de los Mártires de Silos al mencionar que la obcecación revolucionaria se explica por la supremacía del mal que oscureció la España de los años 30… Por eso cada beatificación supone resaltar el buen ejemplo que dan los mártires y es al mismo tiempo una amonestación a la sociedad en que murieron para que no se repita aquel odio.