Ofrecieron su vida por la salvación de España Rafael Alonso y Carlos Díaz, de Acción Católica, se ofrecieron por la salvación de España en su última vigilia de Adoración Nocturna

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Dos mártires del siglo XX en España nacieron un 14 de junio: un laico valenciano y un capuchino leonés.

Responsables de la Acción Católica en Onteniente
El mártir Rafael AlonsoRafael Alonso Gutiérrez, de 46 años y natural de Ontinyent (Valencia), casado, padre de seis hijos, fue administrador de correos en Albaida y Ontinyent. Perteneció a varias asociaciones piadosas: Sagrado Corazón de Jesús y Escuela de Cristo; era terciario franciscano, miembro de la Adoración Nocturna, secretario de la Legión Católica, presidente de los Hombres de Acción Católica y de la junta parroquial de Santa María, colaborando, además, en la catequesis. Hombre culto como era, participó en diferentes círculos de estudio, dando conferencias de propaganda y buenas lecturas cristianas, debiendo soportar denuncias y molestias en distintas ocasiones. Fue un luchador abnegado, dispuesto a aceptar el martirio que presentía desde el primer momento, mostrándose en toda ocasión con igualdad de ánimo y optimista, conservando su alegría de espíritu, exhortando siempre a ponerse en manos de la divina providencia. Sus paisanos le tenían gran aprecio, destacando su temperamento serio, fuerte y vivo. Los enemigos de la religión lo consideraban el principal católico de esta ciudad, pero no vaciló. El 24 de julio, durante la vigilia de la Adoración Nocturna, junto con Carlos Díaz Gandía, ofreció su vida por la salvación de España, y aunque se sentía perseguido no se escondió.

El mártir Carlos DíazA ambos los mataron en la carretera de Agullent en la madrugada del 11 de agosto de 1936, y los beatificaron en 2001. Carlos Díaz Gandía, de 28 años, casado desde 1934 y padre de una niña de ocho meses), era de la juventud de Acción Católica contribuyó a crear varios centros catequísticos, donde él daba con gran celo catecismo todos los domingos del año. Llegada la revolución procuró salvar los templos e intentó proteger la vida de su párroco. Arrestado en la madrugada del 4 de agosto de 1936, fue atormentado de muchas maneras antes de matarlo.

Basilio González Herrero (fray Alejo de Terradillos), de 62 años y oriundo de Terradillos (León), fue uno de los cinco capuchinos asesinados en la matanza de un centenar de personas el 14 de agosto de 1936 en Gijón, de las cuales aparte de los capuchinos ha sido beatificado (también en 2013) un paúl (ver artículo del 19 de febrero).

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