Carmelitas mártires de Guadalajara: perdónales, perdónales Una de las tres carmelitas mártires de Guadalajara, la hemana María Pilar de San Francisco de Borja, nació el 30 de diciembre

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Entre los ocho mártires nacidos un 30 de diciembre está una de las tres carmelitas de Guadalajara que el 29 de marzo de 1987 se convirtieron en las primeras mártires de la Guerra Civil beatificadas: Jacoba (María Pilar de San Francisco de Borja) Martínez García, que murió repitiendo: “¡perdónales, perdónales!”.

¿Qué les he hecho yo? ¡Perdónalos!
Jacoba, natural de Tarazona (Zaragoza), murió a la edad de 58 años en Guadalajara el 24 de julio de 1936 con sus dos compañeras: Marciana Valtierra Tordesillas (María Ángeles de San José), de 31 y Eusebia García García (Teresa del Niño Jesús y de San Juan de la Cruz), de 27.

Según la web de su causa de canonización, las 18 carmelitas del convento alcarreño “se enardecían unas a otras en las recreaciones con un ansia creciente del martirio, el cual esperaban alcanzar de la misericordia del Señor”. María Pilar, la de más edad, decía: “Si nos llevan al martirio iremos cantando Corazón Santo, tú reinarás. Yo desearía morir al grito de ¡Viva Cristo Rey!, contestaba la Beata Teresa; y comentaba: Los mártires en el cielo tendrán particular amor a sus verdugos, por la gran felicidad que les proporcionaron. La Beata María Ángeles le decía a una hermana que tenía a su lado: ¡El martirio! ¡Qué dicha tan grande! Pero no soy digna de esa gracia. Hay que alcanzarla con la fidelidad en las cosas pequeñas”.

Tras el triunfo de la revolución en Guadalajara, el 22 de julio, las monjas vistieron de seglar y salieron de dos en dos hacia casas de personas conocidas. El 24, al estar muchas en una casa, la hermana Teresa se ofreció a llevar a dos hermanas a casa de una amiga suya. Las hermanas Pilar y Ángeles aceptaron y las tres fueron a las 4 de la tarde hacia la casa número 5 de la calle Francisco Cuesta. Pasaron junto a un camión en el que comían unos milicianos, y una miliciana al verlas gritó:
¡Disparadles, son monjas!
Saltando del camión, los milicianos obligaron a las carmelitas, que ya habían entrado en el portal, a salir a la calle. La primera es la hermana María Ángeles a la que disparan y cae mortalmente herida. María Pilar también cae herida, pero al ver que no está muerta siguen disparándole y hasta le acuchillan, mientras exclama:
¡Viva Cristo Rey! ¡Dios mío perdónalos!
Un guardia de Asalto la lleva a una farmacia cercana y de ahí a la Cruz Roja, donde María Carrasco le oyó decir:
-No me deje señora, que no me toquen. ¿Pero qué les he hecho yo?, ¡perdónales, Señor!
Una ambulancia la llevó al hospital provincial, donde se observó que tenía una perdigonada en el vientre, rotas la columna vertebral y una pierna, y un riñón al descubierto. El director avisó a una hermana de la Caridad, que le dió a besar un crucifijo. María Ángeles murió repitiendo:
-Perdónales, perdónales…
Mientras las otras dos monjas resultan heridas, la hermana Teresa trata de entrar en el Hotel Palace, pero se lo impiden los milicianos. Un miliciano trata de cogerla por el brazo y ella lo rechaza con energía. Él, obligándole a ir por la calle de San Juan de Dios, le dice:
-No te asustes, esos son unos brutos; te llevaré adonde no te pase nada.
Mientras la hermana Teresa repite sin cesar “Jesús, Jesús”, cruzan el puente-ronda de San Antonio y giran a la derecha, camino del Cementerio. Los milicianos van formando un grupo y le exigen gritar vivas al comunismo, pero ella abre sus brazos en cruz y echa a correr gritando:
¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva Cristo Rey!
Hasta que es abatida por la espalda. Eusebia García había sido la segunda de ocho hermanos. Su tío sacerdote, Florentino García Andrea, fue detenido en la parroquia de San Pedro de Sigüenza al día siguiente de la muerte de su sobrina, y fusilado en el paraje La Hortaza, camino de Barbatona, al amanecer del 11 de agosto. La joven quiso hacerse carmelita tras leer la Historia de un alma de Santa Teresa del Niño Jesús, ingresó en el carmelo con 16 años en 1925 y pronunció los votos solemnes en 1930. Uno de los comentarios que se le recuerdan, ya que era de fuerte carácter, es el siguiente: “No me gustan las vidas de los santos en las que sólo hablan de sus virtudes, ocultando sus faltas y combates. Cuando yo muera, no oculten mis defectos para que brille más la misericordia de Jesús para conmigo”.

La hermana María Pilar, Jacoba Martínez García, la mayor de las tres, fue la menor de 11 hermanos, ocho de los cuales murieron en la infancia, y los supervivientes fueron uno sacerdote y dos religiosas. Contaba 15 años cuando su hermana entró en el carmelo, y a quienes le preguntaban, Jacoba decía siempre que no quería ser monja. Su madre le insinuaba: “contesta hija: lo que Dios quiera”.
-Madre, ¿cómo voy a decir “lo que Dios quiera” si yo no quiero ser monja?
-¿Y si Dios quiere que lo seas?
-Si yo no quiero ser, ¿cómo lo va a querer Dios? Vaya, madre, que yo no quiero ser monja.
Pero, después de la profesión de su hermana, quiso entrar ella y por no haber sitio, tuvo que esperar cuatro años. Por fin, ingresó en 1898 y profesó en 1899.

María Ángeles -Marciana Valtierra Tordesillas- fue también la última de 11 hermanos, seis de los cuales murieron niños. Perdió a su madre cuando contaba tres años, y por ciudar de su padre no pudo entrar en el carmelo de San José hasta los 24.

Otros siete mártires
Los otros siete mártires beatificados que nacieron el penúltimo día del año fueron:

José Gorastazu Labayen, laico y zapatero de 28 años que trabajaba en el noviciado de los lasalianos en Griñón (Madrid), donde fue asesinado el 28 de julio de 1936.

Pedro (padre Anastasio María) Dorca Coromina, carmelita de la antigua observancia, de la misma edad que el anterior, y asesinado en el Clot dels Aubens el 29 de julio de 1936.

Silvestre Pérez Laguna, sacerdote hospitalario de 62 años, asesinado con sus compañeros de congregación en Málaga el 17 de agosto de 1936.

Liberio González Nombela, párroco de Los Navalmorales (Toledo), de 40 años, fue asesinado el 18 de agosto de 1936 en Torrijos (Toledo).

Marcelino Sánchez Fernández, oblato de María Inmaculada de la casa de Pozuelo de Alarcón, beatificado en 2011, natural de Santa Marina del Rey (León) y ejecutado en Paracuellos de Jarama el 28 de noviembre de 1936.

La laica María del Olvido Noguera Albelda, natural de Carcaixent, soltera y de Acción Católica, no llegó a cumplir los 33 años ya que fue asesinada en Benifairó de la Valldigna (Valencia) el 30 de noviembre de 1936; la beatificaron en 2001. El mismo día que ella murió en Paracuellos el alumno de filosofía agustino Máximo Valle García, exactamente doce años menor que Olvido Noguera, natural de Villanueva de Abajo (Palencia), que fue beatificado en 2007.

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