Mártires en Mancha Real: seguían cantando mientras disparaban los fusiles Alentados por el párroco Francisco Solís, los ejecutados en Mancha Real cantaban, y los ejecutores quisieron salvar la vida del cura

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Del 4 de abril de 1937 hay tres mártires del siglo XX en España: un párroco jienense asesinado en las represalias por el bombardeo de Jaén sobre el que hablamos ayer, y dos religiosos minoristas -uno de ellos barcelonés y otro burgalés- de la Sagrada Familia en Barcelona.

El sacerdote al que querían “perdonar” la vida por su fervor
Francisco Solís Pedrajas, de 59 años y nacido en Marmolejo (Jaén), fue asesinado en el pueblo del que era párroco, Mancha Real, el 4 de abril de 1937 y beatificado en 2013. Sacerdote desde 1900, en 1913 fue nombrado párroco de San Juan Evangelista de Mancha Real (Jaén) y en 1914 arcipreste. Preso desde el comienzo de la guerra en la prisión del partido judicial, fue enviado a la catedral-prisión de Jaén, de donde saldrá en la madrugada del 4 de abril con los demás condenados a muerte en represalia por el bombardeo del primero de abril que causó 159 muertos en Jaén (entre los días 2 y 7 de abril se fusiló a 128 presos). Llegados en camiones al pueblo donde ejercía su ministerio, Solís Pedrajas dirigió a los reos, según el cronista José Antonio del Río Alados -igualmente preso en la catedral, las siguientes palabras: “Amados hermanos míos, mi corazón sobreabunda de gozo y sólo una cosa podría entristecerlo: el desfallecimiento, siquiera momentáneo, de algunos de los que me escuchan. No será así y en prueba de nuestra conformidad con la voluntad divina, yo os invito a que repitáis conmigo: Bendito sea Dios… Bendito su Santo Nombre”. Así resumía la escena un guardia de prisiones llamado Pedro: “Cuando los llevaban al cementerio de Mancha Real comenzó a predicar y cómo pondría a los presos que todos se pusieron a cantar… ¡A cantar, don José…! Esto no se ha visto nunca. ¡Pues sí, a cantar! ¡Cómo les pondría la cabeza!, don José Antonio. Y seguían cantando mientras disparaban los fusiles. ¡Esto no se ha visto nunca! Ya habían despachado a casi todos y don Francisco, de pies, seguía cantando, o rezando, o qué sé yo!”.

Aunque la historia oficial acaba así (y supone por tanto a don Francisco fusilado en el cementerio al tiempo que los demás), un natural de Mancha Real me contó que, según personas que lo vivieron (cuyos nombres yo ignoro pero no él), la actitud del párroco impresionó tanto a los ejecutores, que se negaron a matarlo. Volvieron con él hacia el pueblo, pero alguno de los jefes decidió que no podrían explicar por qué desobedecieron la orden de matarlo, así que finalmente lo asesinaron.

Pedro Roca Toscas, de 20 años y oriundo de Mura (Barcelona), era religioso y teólogo del primero año en el colegio Sagrada Familia de Barcelona, fue asesinado el 4 de abril de 1937 en el cementerio de Montcada i Reixac (Barcelona) y beatificado en 2013, al igual que Pedro Ruiz Ortega, de 25 años y nacido en Vilviestre de Muñó (Burgos), también religioso minorista y teólogo del tercer año.

Siguiendo a Casimiro Roca se refugiaron primero en Mura y después en Manresa, donde Pedro Ruiz Ortega trabajó con entusiasmo en las Escoles del Poble, hasta que, para terminar la teología, ambos se pusieron en camino hacia Roma con otros tres jóvenes. Detenidos en La Pobla de Lillet, fueron encarcelados en Manresa, conducidos a Barcelona y asesinados en Montcada.

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