¡Los sacerdotes lo vamos a pasar muy mal, nos van a eliminar a muchos! Nos van a eliminar a muchos, decía refiriéndose a los sacerdotes el párroco de Alicún (Almería), a quien mataron y arrojaron a un pozo

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Seis mártires del siglo XX en España nacieron un 2 de abril: un claretiano de Valladolid, un capuchino de Tortosa, un laico de Cartagena, un salesiano burgalés -que bien podría ser patrón de la Biblioteca Nacional- y dos sacerdotes diocesanos de Almería.

Otilio Del Amo Palomino, de 23 años y natural de Bustillo de Chaves (Valladolid), fue uno de los 14 estudiantes claretianos asesinados el 28 de julio de 1936 en Fernán Caballero (Ciudad Real) y beatificados en 2013 (ver artículo del 19 de febrero).

Joan Bonavida Dellá (Félix de Tortosa como religioso capuchino)  de 42 años (nació en 1894), fue asesinado en Palafolls (Barcelona) el 1 de agosto de 1936 y beatificado en Barcelona el 21 de noviembre de 2015. En la casa donde se había refugiado al estallar la revolución trabajaba el huerto y decía: “Sé que me matarán, pero lo prefiero a vivir sin ir a misa y sin cumplir como cristiano”. Antes de fusilarle junto a un sacerdote (párroco de Pineda), le preguntaron si quería morir de frente o de espaldas y dijo: “Puesto que muero por Cristo, podéis disparar de cara”. Justo antes de los disparos añadió: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

El beato Francisco García Balanza.Francisco García Balanza, nacido el 2 de abril de 1901 en Cartagena (Murcia), era miembro de la Asociación de Hijos de María de la Medalla Milagrosa y fue beatificado con otros 59 vicencianos en Madrid el 11 de noviembre de 2017. Las circunstancias de su martirio el 25 de agosto de 1936 las narra así la web de la beatificación:

En 1936, cuando arreció la persecución religiosa, pasaban de 200 los congregantes de la Medalla Milagrosa. Sin otro motivo que su significación católica, en los meses anteriores al 18 de julio de 1936, todos los Hijos de María que trabajaban en el Arsenal de Cartagena fueron objeto de una constante persecución mediante burlas y menosprecios de los compañeros de trabajo oficialmente afiliados a grupos marxistas, o simpatizantes de sus ideas anticristianas. Francisco, discreto como siempre, no buscó polémica, pero en ningún momento ocultó su fe ni su condición de Hijo de María de la Medalla Milagrosa de la Casa de Misericordia.

En julio de 1936 tenía 35 años, seguía soltero, viviendo en Cartagena con su padre, completamente entregado a la Asociación con entusiasmo y voluntad inagotable. Fue un hombre modesto, saturado de afabilidad y cortesía que dejó hondas raíces.

Parece que la primera pista para buscarlo y asesinarlo fue porque le encontraron una fotografía en la que se le veía junto al Sr. obispo, en algún acontecimiento en la Casa de Misericordia, cosa bastante frecuente, dado que los Hijos de María estaban perfectamente integrados en la diócesis. El 9 de agosto de 1936 lo detuvieron en un acto de servicio, mediante una coartada de un miliciano que conocía su pertenencia a la Asociación, y lo condujeron a la grillera del Arsenal, donde permaneció preso una semana. El día16 le embarcaron en el acorazado Jaime I. El día 25 de agosto de 1936 los que formaban el Comité rojo del acorazado Jaime I, y algunos del crucero Libertad lo asesinaron a traición, apareciendo su cadáver con múltiples heridas en la cabeza y en el pecho en el Badén de Miranda, a la salida del pueblo de Los Dolores (Cartagena).

Mártir y patrón de la Biblioteca Nacional
Teódulo González Fernández, de 25 años y oriundo de Castrillo de Murcia (Burgos), era seminarista salesiano de la comunidad de Carabanchel Alto, fue asesinado el 9 de septiembre de 1936 y beatificado en 2007. Según el relato de Pablo Marín, profesó como salesiano en 1929 en Carabanchel Alto, donde acababa de terminar el segundo curso de teología en 1936 y lo destinaron, durante el verano, a la casa salesiana de Estrecho. Durante la guerra, acudía a la Biblioteca Nacional a leer y a estudiar, y de allí, denunciado como religioso, se lo llevaron detenido unos milicianos, el día 8 de septiembre. Al día siguiente, 9 de septiembre, se recibió en la comisaría de Cuatro Caminos un aviso telefónico de que en el camino de Maudes yacía un cadáver que presentaba varias heridas producidas por arma de fuego. Se le pudo identificar por la documentación que llevaba. Aunque no es el único mártir que frecuentó la Biblioteca Nacional -es el caso también del marista Luis Moreno Aliende (hermano Luis Alfonso) y de los hermanos salesianos Esteban y Federico Cobo Sanz-, ya que su biografía no destaca por otros aspectos, bien podría proponerse como patrono de los usuarios de ese centro cultural.

El sacerdote José Romero Ortega, de 61 años y natural de Almería, era coadjutor de la parroquia de Santiago en esa capital, fue asesinado el 28 de agosto de 1936 en  Huércal de Almería y beatificado en Roquetas de Mar el 25 de marzo de 2017. En la biografía publicada para ese evento se dice de él:

Durante diecisiete años sirvió a la feligresía de Santiago, dejando un beatífico recuerdo. Un testigo cuenta que: « Era un hombre sencillo, entregado a las labores parroquiales y afanoso en el servicio de los pobres y humildes. Ni una palabra de queja ante la persecución y monstruosidad de su muerte, a manos de unos enemigos de la Iglesia, que se olvidaron de los más elementales valores éticos, morales y humanitarios. »

Detenido junto a su hermano, el siervo de Dios don Francisco, compartió su último viaje a Húercal de Almería donde fue martirizado a sus sesenta y un años. Su maltrecho cuerpo, sañudamente profanado, fue vilipendiado por las calles antes de ser quemado en el río Andarax.

Con la misma fecha de beatificación y 58 de edad al ser asesinado el 31 de agosto de 1936 en el Pozo de la Lagarta (Tabernas, Almería) encontramos al párroco de Bentarique, Eduardo Romero Cortés, natural de la igualmente almeriense localidad de Alicún. De él se dice en la biografía publicada por la diócesis:

Nunca quiso responder a los ataques laicistas, aunque era consciente de las amenazas: « ¡Los sacerdotes lo vamos a pasar muy mal, – solía decir – nos van a eliminar a muchos!» Aunque recibió un nombramiento en la ciudad de Granada, no quiso abandonar Bentarique ante la inminencia de la Persecución Religiosa. Sus familiares querían que se marchara, pero objetaba: « ¿Qué mal me van a hacer a mí sí yo los he bautizado a todos?, a nadie hice mal nunca… pasará lo que Dios quiera. »

Sólo aceptó refugiarse en un cortijo próximo al pueblo, donde fue salvajemente detenido el doce de agosto de 1936. Cruelmente torturado y preso en Almería, recibió la corona del martirio a los cincuenta y ocho años. Su sobrina quedó tan horrorizada al reconocer su desfigurado cadáver que malogró su embarazo.

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