El mártir que acusaba de los crímenes a Azaña y Martínez Barrio José Manuel Claramonte Agut calificó a Azaña y Martínez Barrios de tiranos responsables de "centenares de miles de asesinatos"

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José Manuel Claramonte Agut, sacerdote operario castellonense, fue asesinado el 10 de junio de 1938 y beatificado en 2013.

De 45 años y natural de Almazora (Castellón), José Manuel Claramonte Agut fue asesinado la víspera de su cumpleaños (había nacido el 11 de junio de 1892) en Vall d’Alba (Castellón). De él son estas afirmaciones sobre quién tuvo más responsabilidad en los crímenes revolucionarios:

Los leales a Azaña y Martínez Barrio. Puede ser que se molesten los aludidos tiranos y reclamen para sí toda la gloria por los centenares de miles de asesinatos cometidos en el territorio sobre el que se arrogan la suprema autoridad. Porque con su autoridad fueron convocados los asesinos; en nombre de la misma autoridad se les dieron las armas a sus leales sanguinarios; el criminal silencio de la autoridad aprobó la detestable conducta de los milicianos, y la manifiesta impunidad del Gobierno alentó los bajos instintos de sus satélites. Admitimos que los principales y casi únicos responsables de los asesinatos son Azaña y Martínez Barrio; pero alguna parte corresponde a los miserables asesinos que, aunque obrasen como instrumentos de la llamada autoridad, no puede eximirse de la responsabilidad que de sus propios actos corresponde a todo ser humano. La lista de los abominables hechos es muy larga y espeluznante en sus detalles”.

El que una persona muera mártir no le exime de poderse equivocar en sus juicios. Pero el de Claramonte no es desmentido, sino más bien confirmado, por la adalid del voto femenino y ex diputada Clara Campoamor, que había abandonado el Partido Radical de Lerroux en 1934, acusándolo de derechismo, o sea por haber dejado entrar en el gobierno a ministros de la CEDA y por la represión de la Revolución de Asturias. Más tarde, Campoamor quiso ingresar en Izquierda Republicana (el partido de Azaña), con idea de centrar la República asociando este partido al de Lerroux. Falló en el intento, según escribiría en 1937 en La Revolución española vista por una republicana:
“Uno de los primeros días de julio de 1936 charlaba yo con un político del partido del Sr. Martínez Barrio, presidente del Congreso de los Diputados y jefe de la Unión Republicana, vinculada al Frente Popular.
-Martínez Barrio me decía- está muy preocupado. El gobierno se espera una rebelión de los partidos de derecha y ese gobierno, que en distintas ocasiones ha demostrado su impotencia, está decidido esta vez en caso de sublevación a armar a la población civil para defenderse. Vd. se imagina lo que eso supondría: desde los primeros días, diez o doce incendios estallarán en Madrid…
¡Pero qué locura! Eso supondría desencadenar la anarquía. Hay que evitarlo a toda costa.
-Sí, ¿pero cómo? Es difícil. Le digo que el gobierno está decidido. -Sin embargo su partido también está representado en el gobierno. Tendrán Vds. su parte de responsabilidad en lo que ocurra.
-¿Nosotros? Hace tiempo que no pintamos nada. Desde hace semanas nuestros ministros se limitan, en las reuniones del Consejo, a hacer constar en acta su opinión, para descargarse de toda responsabilidad de cara al futuro. Izquierda Republicana ya no actúa. Por otro lado, el gobierno carece ya de poder. Toma decisiones que el presidente de la República rompe de inmediato. Éste interviene personalmente en el gobierno, mucho más de lo que Alcalá Zamora hiciera jamás. Se mete en todo y el presidente del Consejo, Civilón [Casares Quiroga], que así lo llaman en todas partes, carece de voluntad y no reacciona. Mire, hace más de doce días que el gobierno ha decidido nombrar al Sr. Albornoz embajador en París y no se consigue que el presidente firme el decreto.
-¡Pero sí que pueden evitar que se reparta armas al pueblo! Oponiéndose cueste lo que cueste, aún rompiendo, si es necesario, el Frente Popular.
Martínez Barrio no quiere tomar esa responsabilidad; espera a que otros la tomen. Pero la situación es insostenible.
He aquí cuál era, en julio de 1936, la situación del Frente Popular, formado para obtener, mediante una alianza, el número de votos impuestos por una ley electoral que exigía una mayoría del 40% de los votos emitidos.”

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