Matadme a mí si queréis, pero dejad a este pobre padre de familia El claretiano Juan Blanch no logró evitar que junto con él asesinaran al padre de familia que le había dado cobijo durante la Revolución

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Cinco mártires del siglo XX en España nacieron un primero de marzo: un mercedario orensano, un salesiano tarraconense, un sacerdote diocesano de Almería, otro claretiano de Tarragona y un marista burgalés.
La tortura y mutilación de un anciano mercedario
Antonio González Penín, hermano mercedario, cocinero en El Olivar (Teruel), de 72 años (nació en San Salvador de Rabal, Ourense, en 1864), fue asesinado en Barcelona el 10 de agosto de 1936 y beatificado en 2013. Hizo votos solemnes como mercedario en Toro (Zamora) en 1891, y en 1900 en El Olivar, donde destacó como cocinero excelente y al mismo tiempo exigente, pues no permitía comer entre horas. Desde 1921 residió en Barcelona y al estallar la revolución, según la información del obispado de Lleida, “se refugió en casa de Antonio Ricart y Josefa Mayoral, plaza del Buensuceso número 5, desde donde pudo contemplar, con harto dolor y lágrimas, la profanación y quema de imágenes sagradas, ornamentos, muebles, bancos, hábitos…, sobre todo sufrió viendo el destrozo de las imágenes de Cristo agonizante y de la Virgen de la Merced. Virgen santa, Madre mía –exclamaba- ampáranos que nosotros no sabemos qué hacer. Allí llevaba una vida extremadamente piadosa, siempre con el rosario en la mano y rezando, muy resignado, abandonado a la divina providencia.

Al empezar las pesquisas buscando a los mercedarios, a los pocos días, se fue a casa de mosén José Tolosa, calle Sepúlveda, número 159. Con el sacerdote vivía su sobrina Teresa Monné, que tratara a nuestro hermano muchos años y lo califica de buena persona. Cuenta cómo vino de casa Ricart, cómo se pasaba el tiempo orando, pendiente de todo y retirado en su cuarto, lamentando estar separado de sus hermanos de religión. Cerca de quince días después, el 9 de agosto de 1936, sobre las diez de la noche, se presentaron numerosos milicianos y otras personas buscando a dos curas; hicieron levantar al hermano de la cama, peguntado quién era, afirmó ser religioso mercedario. Le preguntaron, con halagos y promesas primero, por el paradero de los otros frailes, como les dijo que no sabía nada, empezaron a maltratarlo de palabra y obra, lo golpeaban contra las paredes de la habitación, le daban golpes de fusil, le encajaban blasfemias y obscenidades, le hacían marcar el paso. Lo mismo a mosén Tolosa. Hartos de la carnicería, se marcharon los milicianos, dejándoles llenos de golpes en el cuerpo y la cabeza, y encareciéndoles que no se movieran, pues iban a volver. Esta espera la pasaron en oración y preparándose para el martirio. Volvieron dos mozalbetes al cabo de una media hora; de nuevo inquirieron acerca del paradero de los otros frailes y como nada pudieron saber, de nuevo los maltrataron y los arrojaron hacia la puerta diciendo: Vamos; ya nos encargaremos de que cantes. Se los llevaron en un vehículo, siendo entre la una y las dos de la madrugada. Al día siguiente aparecieron los dos cadáveres en el depósito del Clínico, irreconocibles. Costó identificarlos, fray Antonio estaba horriblemente mutilado a golpes de arma de fuego, teniendo un ojo arrancado, fracturas en ambas piernas, la boca destrozada, cercenados los genitales. Lo habían rematado con golpes en el tórax. Entró en el depósito a las cinco de la mañana del 10 de agosto”.

Miguel Domingo Cendra, salesiano de 27 años, fue asesinado el 11 de agosto de 1936 y beatificado en 2001. Inició en 1934 los estudios de teología en Carabanchel Alto (Madrid) y marchó a pasar el verano de 1936 al colegio de Barcelona-Sarria. Buscando refugio, encontró a otro salesiano desorientado y lo llevó consigo. Al cabo de una semana buscó otro refugio y, camino de su pueblo, se paró en Arenys de Lledó para ver a unos tíos suyos. Allí fue reconocido, detenido y llevado a su pueblo a casa de sus padres en Caseres (Tarragona). Ese mismo día lo llevaron a Prat de Compte y allí lo mataron.

Nicolás González Ferrer, natural y coadjutor de Vera, fue asesinado a sus 64 años en Enix el 30 de agosto de 1936 y beatificado en Roquetas de Mar (como las anteriores localidades, en Almería) el 25 de marzo de 2017.

No logró evitar que mataran a quien le acogía

El padre Juan Blanch.Juan Blanch Badía, sacerdote profeso claretiano natural de Puigpelat (Tarragona), tenía 63 años cuando lo mataron en Sant Pere dels Arquells (Lleida) el 31 de agosto de 1936. Fue beatificado en Barcelona el 21 de octubre de 2017. Era el superior de su congregación en Tarragona. A pesar del estallido revolucionario, emprendió un viaje que determinaría las circunstancias de su muerte:

El 20 de julio de 1936 se trasladó a Cervera de paso para Guisona donde debía predicar un novenario. Fue a saludar a la familia del P. Lloses y a continuación se dirigió a la ex Universidad, donde estaba la comunidad de los Misioneros. Al día siguiente salió para ir a predicar a Guisona, pero fue detenido y le llevaron a la casa de la familia Lloses, porque la comunidad había sido dispersada, y le ordenaron que no se moviera de allí.

En la casa de la familia Lloses, el P. Blanch pasaba los días dedicado a la oración, rezo del Santo Rosario y entretenido con los pequeños de la casa enseñándoles a rezar y el catecismo. Todos los días dirigía el rosario en familia. En este tiempo le vino la idea de marchar a su pueblo natal, pero el miliciano Vilalta le disuadió. La dueña le hizo un traje para que pudiera salir sin ser conocido, pero esto no sucedió. Él estaba sereno y convencido de que no saldría con vida de Cervera, por lo cual se disponía al sacrificio. Aunque se habían tomado las precauciones necesarias, la presencia del Padre fue delatada al comité revolucionario y enseguida llegó el acostumbrado registro.

Hacia las once de la noche del 31 de agosto se presentó una patrulla en la casa Lloses en busca del P. Blanch y del dueño. La escena trágica que se preparó a la familia le hizo perder el sentido al Sr. Lloses, pero los rojos le ayudaron a bajar las escaleras. En la calle, visto que no tenían compasión de su benefactor, el P. Blanch les dijo:

Matadme a mí si queréis, pero dejad a este pobre padre de familia.

Fueron llevados al comité y allí condenados a muerte. Los sacaron en auto, que algunos vieron, y los fusilaron en un ribazo de la carretera Madrid-Barcelona en el término municipal de San Pedro dels Arquells. A continuación los prendieron fuego con gavillas de la siega que allí había. Los restos que pudieron recoger personas amigas de la familia los depositaron en un nicho de la familia Lloses en el cementerio de la ciudad de Cervera.

Victoriano Martínez Martín (hermano Isaías María), marista de 37 años, natural de Villalbilla de Villadiego (Burgos), fue asesinado el 8 de octubre de 1936 en Montcada i Reixac (Barcelona) –con los demás maristas cuyo rescate se gastó en armas Tarradellas– y beatificado en 2007.

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