Exhortó a sus compañeros a perdonar y murió gritando vivas a Cristo Rey Uno de los mártires del siglo XX en España del 27 de septiembre es el sacerdote José Fenollosa, que exhortó a sus compañeros a perdonar

Declaración del ayuntamiento de Rafelbuñol sobre los asesinados en la Guerra.
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11 mártires del siglo XX en España terminaron su pasión el domingo 27 de septiembre de 1936: cuatro en la provincia de Valencia (una seglar –Crescencia Valls– de Onteniente y otra –Herminia Martínez Amigó– de Gilet, más un capuchino -fray Fidel de Puzol– y un sacerdote secular en Sagunto), en la provincia de Gerona tres hermanas –Magdalena, Rosa de Jesús y Carmen Fradera Ferragut– que eran misioneras del corazón de María, en Málaga tres maristas y una seglar -la alcoyana María del Pilar Jordá– en Alicante.

En Córdoba se conmemora a los santos mártires Adolfo y Juan (824). En Rusia, la Iglesia ortodoxa ha glorificado como mártir a la laica Liudmila Petrova (1937).
Ocho días escondido en la bóveda de una iglesia con otros sacerdotes

José Fenollosa Alcayna, de 33 años y valenciano de Rafelbuñol, se ordenó sacerdote en 1926, fue doctor en Teología y párroco de Espadilla, pasando más tarde a Gilet y al Asilo de San Eugenio en Valencia. Fue vicecanciller de la curia arzobispal y canónigo de la Colegiata de San Bartolomé en Valencia. Durante la revolución se alojó con sus padres en Rafelbuñol, hasta que le arrestaron el 23 de agosto y le llevaron a Masamagrell. Al poco arrestaron a su hermana religiosa, María (Francisca Javiera de Rafelbuñol), la metieron en la misma habitación y luego, aunque creyeron que los mataban, los llevaron a casa. José se escondió con otros sacerdotes en la bóveda de la iglesia, pero a los ocho días fueron de nuevo arrestados y obligados a trabajos públicos, durmiendo en casa.

Declaración del ayuntamiento de Rafelbuñol sobre los asesinados en la Guerra.
Declaración del ayuntamiento de Rafelbuñol sobre los asesinados en la Guerra.

El 27 de septiembre se lo llevaron con otras 17 personas, y en las tapias del cementerio de Sagunto fueron fusilados. Él exhortó a sus compañeros a perdonar y murió gritando vivas a Cristo Rey. Su hermana fue asesinada al día siguiente. Como puede verse en las imágenes, los certificados (Estado 1) enviados por el ayuntamiento de Rafelbuñol el 18 de noviembre de 1940 a la Fiscalía General del Tribunal Supremo (Causa General, legajo 1382, expediente 15, folios 4 y 5) afirman que, aparte de los sacerdotes José Borras Alcaina y Felipe Ferrandis Torres, las otras 34 personas de esa localidad asesinadas durante la guerra lo fueron los días 28 y 29 de septiembre de 1936.

Declaración del ayuntamiento de Rafelbuñol (folio 5).
Declaración del ayuntamiento de Rafelbuñol (folio 5).

Les hicieron firmar sus sentencias de muerte

El mayor de los tres maristas fusilados en Málaga era Pedro Valls Piernau (hermano Teógenes), de 50 años y gerundense de Vilamacolum, que había hecho su profesión perpetua en 1907. Expuso su vida por los demás al salir del lugar donde estaba oculto para sacar dinero y pagarles los gastos de la fonda. En su americana se encontró su cruz de profesión y una libreta con los nombres de sus alumnos, atravesada por una bala.

Le seguía en edad Mauro Álvarez Renedo (hermano Luciano), burgalés de Albacastro, de 44 años, que hizo la profesión perpetua en 1913. Al asaltar el colegio el 20 de julio, los milicianos pretendieron matarle en la calle, pero se salvó. Cuando por fin lo arrestaron, le obligaron a firmar su sentencia de muerte.

El más joven era José Félix Serret Anglés (hermano Pedro Jerónimo), de 31 años y turolense de Ráfeles, que hizo la profesión perpetua en 1927. También a él el comité de salud pública le hizo firmar en su propia sentencia de muerte. Fueron fusilados en el cementerio de San Rafael.

Además de referirme a estos beatos, en esta lista de vídeos sobre la beatificación de Álvaro del Portillo (27 de septiembre de 2014), pueden verse el mensaje del papa Francisco, la homilía del cardenal Amato, el agradecimiento de Mons. Javier Echevarría, prelado del Opus Dei, y otros vídeos del acto en el que se invocó -en el canon de la misa- la intercesión del beato Álvaro de Córdoba -dominico muerto en el siglo XV, al que no hay que confundir con el Álvaro de Córdoba mozárabe, muerto en 861, pero no beatificado (parece no constar su martirio, pero sí que hacia 950, en la Iglesia cordobesa se le consideraba santo), a diferencia de su compañero San Eulogio; y en el que el cardenal Amato refirió en su homilía que el beato Álvaro había sufrido varios meses de prisión durante la revolución española en Madrid.

De esos meses seguramente es la anécdota, cuyo relato recuerdo pero no puedo situar, según la cual, estando detenidos dentro de una iglesia, el beato Álvaro presenció como un miliciano puso un cigarrillo en boca de uno de los santos del retablo; un hombre fue a quitar el cigarrillo, e inmediatamente lo mataron; ejemplo de uno de esos innumerables mártires cuya memoria se ha perdido, pero no su gloria e intercesión.

Puede leer la historia de los mártires en Holocausto católico (Amazon y Casa del Libro).

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