No hay que preocuparse tanto. También Jesús murió por nosotros El padre Luis Francés, que moriría con los brazos en cruz y perdonando, contestó a quien le preguntaba si tenía miedo que no hay que preocuparse tanto

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Diez mártires del siglo XX en España nacieron un 16 de febrero: un agustino leonés y otro palentino, dos claretianos navarros y otro madrileño, más un sacerdote catalán de la misma congregación; un salesiano malagueño, un franciscano burgalés y dos sacerdotes trapenses, uno valenciano y otro vasco.

Motril: Conato revolucionario el 1 de mayo y cierre de iglesias desde el 16 de julio
El hermano agustino recoleto José (José Ricardo del Sagrado Corazón) Díez Rodríguez fue uno de los cinco del convento de la localidad granadina de Motril asesinados en la fiesta de Santiago Apóstol de 1936. De 27 años -nació en 1909 en Camposalinas (León)-, era hijo de madre soltera y deficiente mental, por lo que tuvo que afrontar prejuicios sociales y dificultades personales hasta profesar como religioso en 1934 (había ingresado en 1923). Fue beatificado el 7 de marzo de 1999 con otros siete agustinos. En el lugar conocido como la explanada mataron, junto con él, a otros cuatro religiosos:
Padre León (de la Virgen del Rosario) Inchausti y Minteguía, de 77 años.
Padre José (de la Virgen de los Dolores) Rada y Royo, de 74 años.
Julián Moreno y Moreno (padre Julián Benigno de San Nicolás de Tolentino), de 65.
Padre Deogracias (de San Agustín) Palacios y del Río, 35 años.

En Motril, los acontecimientos revolucionarios, en lo que a persecución religiosa se refiere, se anticiparon a la guerra. Ya en 1931, las monjas agustinas recoletas habían tenido que abandonar su convento del 13 de mayo al 21 de agosto. El 1 de mayo de 1936, viernes y fiesta del trabajo, se impidió la celebración de misas y por la tarde 7.000 personas se agolparon amenazadoramente a las puertas del convento, llegándose el domingo siguiente a insultar y cachear, pistola en mano, a los fieles que salían de misa. Las iglesias de Motril se clausuraron el 16 de julio y el 19 se prohibió celebrar misa. Al día siguiente, los conventos recoletos -el de hombres y el de mujeres- fueron minuciosamente registrados.

El 21 de julio, el padre Vicente Soler, ex prior general de la congregación, predicó a las monjas: “algunos caeremos y seremos mártires, pero después del Viernes Santo viene la Resurrección”. A pesar de los avisos de gente amiga y del peligro inminente, la comunidad optó por permanecer en la ciudad. A primeras horas de la mañana del 25, los cinco religiosos mencionados, fueron sacados violentamente del convento y acribillados a balazos en la vía pública. En ella permanecieron dos horas expuestos a la curiosidad de los transeúntes, sin que nadie se atreviera a cubrirlos ni a retirarlos, hasta que llegaron los camilleros de la Cruz Roja.

El padre Moreno era hijo de una hermana de san Ezequiel Moreno (1848-1906), agustino que fue obispo de dos diócesis colombianas. Julián Benigno era un hombre culto, de fácil palabra y de sentimientos delicados. Amigo de la pluma, publicó centenares de artículos en periódicos, boletines y revistas religiosas de España y Venezuela, país donde residió de 1902 a 1904 y de 1907 a 1920, constando que el presidente de la República, Cipriano Castro, admiraba sus dotes literarias.

Los padres León y José habían trabajado en Filipinas, experimentando los rigores de la persecución y prisión por parte de los rebeldes en torno a 1898, y en Brasil. Rada en particular fue muy apreciado como párroco en Filipinas, recibiendo la medalla del mérito civil. En sus seis años en Fazenda do Centro (Brasil), adquirieron una hacienda abandonada que repartieron entre 118 familias. Allí también gozaban de toda la confianza del obispo local (con sede en Vitoria).

El padre Deogracias trabajó en parroquias de Brasil y Argentina, donde fue (1932-33) director espiritual del seminario de Santa Fe. En 1936 era superior de la comunidad de Motril.

Los otros mártires del 16 de febrero
El beato Onésimo Agorreta.Onésimo Agorreta Zabaleta , navarro de Ujué y de 20 años, era clérigo profeso claretiano, fue asesinado en Lleida el 26 de julio de 1936 con otros 15 claretianos -entre ellos Senén López, Miguel Oscoz, Javier Sorribas y Luis Hortós– y beatificado en Barcelona el 21 de octubre de 2017. De Onésimo se conservan unos propósitos que escribió en febrero de 1936: «Mis devociones particulares son: Via-Crucis, las tres partes del Santo Rosario, siete padrenuestros a San José, siete a los dolores de María».

Cándido Catalán Lasala, estudiante claretiano de 20 años -nació en 1916 en Corella (Navarra), fue asesinado en Fernán Caballero (Ciudad Real) el 28 de julio de 1936 y beatificado en 2013.

Antolín Astorga Díez, sacerdote agustino de 30 años -nació en 1906 en Aguilar de Campoo (Palencia)- fue asesinado en Cuenca el 28 de julio de 1936 y beatificado en 2007.

Pablo Caballero López, sacerdote salesiano de la comunidad de Ronda (Málaga), de 32 años -nació en Málaga en 1904-, fue asesinado en el cementerio de Ronda el 28 de julio de 1936 y beatificado en 2007.

Saturnino Río Rojo, alumno franciscano de 21 años -nació en Mansilla de Burgos en 1915-, fue asesinado en Fuente el Fresno (Ciudad Real) el 16 de agosto de 1936 y beatificado en 2007.

Perdonó a sus enemigos

El padre Luis Francés.Luis Francés Toledano, sacerdote claretiano madrileño, fue asesinado a sus 26 años el 21 de agosto de 1936 en Olocau (Valencia) y beatificado en Barcelona el 21 de octubre de 2017. Predicó en cuaresma de 1936 en El Grao, por eso en verano lo eligieron para suplir al párroco, donde le sorprendió la revolución:

“El día 20 de julio de 1936 Valencia ardía por todos los lados y le costó llegar a la parroquia. Entonces dijo a los fieles:

Digamos pronto la Misa, pues están quemando las iglesias.

La dijo velozmente y al terminar llegaron las turbas que rociaron la iglesia con gasolina y la incendiaron. Volvió a casa y contó lo sucedido.

Cualidades. Tenía buenas cualidades intelectuales y aptitudes para el trabajo. Era de trato afable, sencillo y humilde. Era buen religioso, cumplidor de su deber, fervoroso y piadoso. Durante la persecución acentuó su devoción al Viacrucis y al Santo Rosario, que discretamente rezaba cuando iba por la calle. En su porte se le notaba que era un fraile. Bondadoso, invitaba a todos a perdonar a los enemigos siguiendo el ejemplo del Señor.

El 27 de julio de 1936 se trasladó al pueblo de Serra, a 32 kilómetros de la capital, enviado por el Superior a petición de D. Alfonso Roig, que se encontraba allí con una colonia de niños de su parroquia.

Durante el tiempo que estuvo en este pueblo se dedicó a la oración, al estudio y celebrar la Santa Misa en la casa en que estaba hospedado, al parecer la de D. José Alemany, sacristán de Bétera. También solía recorrer las estaciones del Viacrucis instalado fuera del pueblo en la cuesta de un montecillo y rezaba las tres partes del Santo Rosario y el Breviario en compañía de una viejita, llamada Isabel. Esta le preguntaba al Padre si no tenía miedo. El Padre aparecía sereno y tranquilo y le respondía:.

No hay que preocuparse tanto. Dios está sobre todo. Y en último momento también Jesús murió por nosotros.

Cuando surgían comentarios sobre los desmanes de los rojos, la Sra. Isabel se desataba incontenible contra tales malhechores y les deseaba la muerte…

Se ha de tener caridad con todos y también con los enemigos. No hemos de desear mal a nadie, le respondía el Padre.

El 20 de agosto por la tarde se presentó el peligro. El P. Francés y su acompañante, José Alemany, pasaron la velada en la casa de la Sra. Isabel y se retiraron a su refugio. Al poco rato llegaron dos coches que se pararon a la puerta. Eran milicianos de Bétera en comunicación con los rojos de Serra, que venían a buscar a D. Alfonso Roig, que ya se había ido a Barcelona. Entonces arrestaron al dueño de la casa, José Alemany, y al P. Francés. Los dueños de los coches tuvieron que hacer el servicio por «obligación». Los llevaron al Comité y de ahí a la cartuja de Porta Coeli, donde pasaron la noche las víctimas y los verdugos. Les dieron de cenar patatas con magra, pero no probaron bocado. Mientras los chóferes fueron a cargar gasolina.

Al día siguiente, 21 de agosto de 1936, muy temprano continuó la odisea. Los milicianos dijeron que se dirigían a Liria para entregarlos al Juzgado. Subieron otra vez a los coches y el P. Francés dijo que le llevasen a Liria para presentarse ante el Juzgado y que él era maestro. Ya no habló más. Durante el trayecto fueron callados. Al llegar al km. 6 del camino a Olocau bajaron todos de los coches mientras los chóferes hacían maniobra para volver a Bétera.

No todos los milicianos presentes estaban de acuerdo en fusilar a las víctimas y discutían si llevarlos al tribunal o ejecutarlos. Hicieron esto último.

Los dos chóferes, que estaban un poco alejados, pero podían ver lo que sucedía, oyeron unos disparos y se quedaron sorprendidos. Vieron que el P. Francés estaba de rodillas con los brazos en cruz y dijo, según confesión del cabecilla rojo, apodado el Campanero [fue detenido tras el fin de la guerra], que perdonaba a los que lo mataban, ya que Dios lo había querido así; moría satisfecho“.

Cirilo Montaner Fabré, sacerdote claretiano de 63 años y natural de Vilanova i la Geltrú (Barcelona), fue fusilado el 28 de noviembre de 1936 en Montcada i Reixac (Barcelona) junto con el anarquista converso que lo acogió, y beatificado en Barcelona el 21 de octubre de 2017.

Finalmente, los dos sacerdotes trapenses, beatificados el 3 de octubre de 2015, son Julián Heredia Zubía (padre Pío), nacido en 1875 en Larrea (Álava) y asesinado en Santander el 3 de diciembre de 1936, y su compañero de congregación, convento y beatificación Francisco Pastor Garrido (padre Vicente), nacido en 1905 en Valencia y asesinado en la Cuesta de las Anguilas de la capital cántabra el 21 de septiembre de 1936.

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