Paracuellos y la singularidad de la Revolución Española El 6 de noviembre es la fiesta de los mártires del siglo XX en España, por ser aniversario del comienzo de las últimas matanzas masivas en Paracuellos


Curiosamente, a quien eligió la fecha le perdió el magnetismo de Paracuellos, ya que todavía no hay ninguna víctima de la Revolución Española que fuera asesinada precisamente ese 6 de noviembre de 1936 (fecha de la huida del Gobierno republicano de Madrid y en consecuencia del comienzo de la última etapa de matanzas masivas en Paracuellos) y que haya sido beatificada.

Paracuellos, cuadro de Mariano Yzquierdo y Vivas.
Paracuellos, cuadro de Mariano Yzquierdo y Vivas.


“Asesinados en masa por el mero hecho de ser cristianos”

En la encíclica Divini Redemptoris, el papa Pío XI había señalado como particularidad de la Revolución Española el que “ha matado a un gran número de seglares de toda clase y condición, asesinados aún hoy día en masa, por el mero hecho de ser cristianos o al menos contrarios al ateísmo comunista”.

El bando vencedor eligió como arquetipo de esas matanzas a las de Paracuellos (retratadas aquí en el cuadro de Mariano Yzquierdo y Vivas que esconde -más que conserva- el Museo del Ejército). Se diría que la elección del 6 de noviembre es una continuación de ese tópico.

Naturalmente, las de Paracuellos de Jarama fueron las matanzas más numerosas. Pero convertirlas en icono de la Revolución tiene dos inconvenientes, en mi opinión:

1) Induce al error de considerar que las matanzas tuvieran algo que ver con la situación militar: vienen los nacionales y no podemos llevarnos a los presos, son peligrosos, luego los matamos. Al margen de que pudiera haber algo de verdad en ello, el argumento parece verosímil, luego quienes quieran enmascarar las matanzas, lo usarán hasta la saciedad. Carrillo me contó una variante de esa argumentación, añadiendo fantasías sobre bombardeos y un pueblo de Madrid airado y sediento de venganza que, para cualquiera que conozca mínimamente los hechos, resultan ridículas.

2) Lleva a echar balones fuera, en concreto hacia Rusia (la URSS). En ellas influyeron los consejeros soviéticos. Pero estos, ciertamente opuestos al anticomunismo, no deseaban fomentar el odio a la religión que estaba en el ADN de la Revolución Española, del mismo modo que intentaron desde su comienzo mitigar, y ante la imposibilidad de hacerlo camuflar, la propia Revolución. Es decir, cuanto más responsabilidad tuvieran en Paracuellos los soviéticos, menos revolucionarias eran estas matanzas (ojo: que sí lo eran, pues los soviéticos no habrían seleccionado para morir a curas y frailes, y Carrillo sí lo hizo). Convertirlas en icono (exagerando el papel de los soviéticos) distrae del sentido -completamente al margen de cualquier necesidad bélica o consejo soviético- que tuvieron estas y el resto de las matanzas: incluyendo en él el sentido iconoclasta y antirreligioso del comunismo hispano (libertario en su inmensa mayoría), pero no sólo de él: del Frente Popular una vez acometida la tarea revolucionaria sin tapujos. Un sentido que ni siquiera quiso evitar un teórico sirviente de Moscú como era Carrillo: Ni Stalin podía poner freno al odio a cuanto oliera a Iglesia católica.

¿Por qué entonces la elección de Paracuellos? Por ser de hecho matanzas revolucionarias y las más numerosas. Sin duda por eso los eclesiásticos eligieron esta fecha para conmemorar a los mártires, sin reparar en los peros citados. En los políticos, quizá haya influido también el carácter “blanquinegro” de estas matanzas: las víctimas son en ellas “muy buenas e inocentes”, pues salen amarradas de cárceles; y los ejecutores son “muy malos y culpables” porque matan en masa. En el fondo, son menos trágicas, menos duras de tragar, que aquellas en las que un hermano despelleja vivo a su hermano: perdonamos a un bando sus crímenes eligiendo los menos crudos, y así esperamos que a cambio “olvide” (en el sentido en que Girard se refiere a la sociedad fratricida-no cristiana) los crímenes del bando vencedor.

Pero, volviendo a Pío XI, entonces se pierde de vista lo que, ya no refiriéndose a los martirios de cristianos, sino a la situación en general, llamaba más la atención del Papa en septiembre de 1936: Que los hermanos, católicos, se estaban matando entre sí. Renunciamos a predicar la necesidad de la conversión de unos y otros.

Conclusión: las dos cosas que más importaban a Pío XI han caído en saco roto. Porque se conmemora de tapadillo a los mártires sin decir cuál es la horrorosa situación por la que hay que hacer penitencia; y porque se les conmemora un día que, en mi opinión, no es el más indicado… Pero menos es nada. Y ahora, a falta de uno muerto ese día, elijamos como mártir del 6 de noviembre a uno nacido en Bellver de Cerdanya (Barcelona) el 6 de noviembre de 1860: don Joaquín de la Madrid, “padre de los húerfanos”, cuya historia resumí en este post sobre Toledo, ciudad martirial.

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El 21 de febrero de 1937 fue asesinado el monje de Montserrat Pere Vallmitjana. Resumiré además las historias de cuatro mártires de la Revolución Española nacidos un 20 de febrero, que quedaron ayer pendientes: dos maristas burgaleses; más un oblato de María Inmaculada y un agustino leoneses. Entre los mártires beatificados, además, cinco nacieron un 21 de febrero: el prior de los carmelitas toledanos, el vicario general de Jaén (asesinado en el Tren de la Muerte en Vallecas), el párroco de San Juan y San Vicente de Valencia, un franciscano de Almagro y un salesiano oscense. Continuar leyendo¿Quemado vivo? En su monasterio (Montserrat) ya no lo recuerdan El monje de Montserrat Pere Vallmitjana fue quemado vivo el 21 de febrero de 1937, según testigos de la Causa general. Su monasterio no parece recordarlo

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El mártir del 15 de febrero es Joaquim Oliveras Puljarás (hermano Arturo), uno de los lasalianos de Griñón, cuyo caso ya se contó por lo que dedicaré este post también al libro Luz para el olvido, de maría Luisa Alonso Montalbán. Continuar leyendoLuz para el olvido: heroísmo y pasión de las víctimas de la revolución Un 15 de febrero nació uno de los lasalianos de Griñón. Me ocupo del libro sobre una de las víctimas de la revolución escrito por María Luisa Alonso

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Siete mártires del siglo XX en España nacieron un 8 de febrero. Y en este caso está justificada la alusión al siglo y no (solo) a la guerra, ya que uno de ellos -superior de los carmelitas descalzos en Oviedo- fue asesinado por los revolucionarios en 1934. A los otros seis los mataron en la guerra civil: un agustino y una carmelita de la caridad guipuzcoanos, un redentorista alavés, un hospitalario abulense, el provincial de los oblatos -soriano-, y un trinitario vizcaíno. Continuar leyendoSolo ocho hombres dispuestos a defender las iglesias de Cuenca Uno de los siete mártires nacidos un 8 de febrero reflexionaba sobre los pocos que en mayo de 1936 se presentaron a defender las iglesias de Cuenca

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