La desobediencia de los presos evitó una matanza mayor en el Río Segre Los 14 beatos del 11 de noviembre fueron ejecutados en el cementerio de Torredembarra y procedían del barco prisión Río Segre, en el puerto de Tarragona

Facebooktwitteryoutube

Los 14 beatos del 11 de noviembre fueron víctimas de una matanza, en el cementerio de Torredembarra, de presos del barco-prisión Río Segre, de Tarragona. Ese día tampoco hubo fusilamientos en Paracuellos, pero en la sesión de la Junta de Defensa de Madrid presidida por el comunista Antonio Mije, en la que el consejero de orden público Santiago Carrillo explica que las masacres se han interrumpido por las protestas de los diplomáticos, se acuerda dar un voto de confianza a Carrillo para que resuelva el asunto de las “evacuaciones”.

30 beatos de 218 condenados
El Río Segre, de 5.000 toneladas llegó a alojar a 300 presos, de los cuales, según Antonio Montero, salieron 218 sentenciados a muerte. Las fechas con mayor número de ejecuciones fueron las del 25 de agosto -60 fusilados: seis beatificados, más tres al día siguiente- el 28 de agosto -siete beatificados- y el 11 de noviembre de 1936.

Los mártires del 11 de noviembre son cuatro carmelitas terciarios de la enseñanza -orden que prácticamente se extingue de esta forma en su rama masculina-, otros tantos carmelitas descalzos, tres sacerdotes seculares, dos hermanos de La Salle y un claretiano.

En la madrugada de ese miércoles, los milicianos de la FAI entraron en el sollado de proa leyendo nombres a los que nadie respondía, porque estaban equivocados.
Formaron la expedición de una manera más simple, despertando a puntapiés a los presos:
– Tú, ¿qué eres?
– Sacerdote.
– ¡Pues, arriba!
– ¿Y tú?
– Religioso.
– ¡Arriba también!
De los 24 que se llevaron, ocho eran sacerdotes, ocho laicos y ocho religiosos. No fueron más porque un claretiano -según relata el miembro de esa congregación Pedro García-, al ver la enorme cofusión que se creó, y dada la poca luz que los alumbraba, se deslizó por la escalerilla lateral y se fue al otro sollado para avisar a los demás:
– ¡Que nos matan! ¡Hoy nos vienen a buscar a todos!
Y así fue. Porque al poco rato volvían los milicianos de la FAI con una nueva lista. El primer nombre leído fue el de un párroco:
– Enrique Rosanes.
– ¡No voy!
La negativa produjo un efecto psicológico fulminante. Los milicianos, furiosos, iban llamando a todos, y todos respondían “¡no voy!”. Emplazaron una ametralladora en la semioscuridad, pero nadie se levantó. Pasó el tiempo, y los asaltantes se fueron. Llevaron a los 24 sacados al cementerio de Torredembarra para ser allí asesinados. En el puente del barco empezaron a rezar todos juntos un salmo -según un testigo, el Miserere-, y ya en fila delante de la tapia del cementerio, gritaron “¡Viva Cristo Rey!” antes de que terminaran con sus vidas los tiros de ametralladora.

De los 14 beatificados, eran hermanos carmelitas de la enseñanza: Julio Alameda Camarero, de 25 años; Bonaventura Toldrá Rodón, de 40; Lluís Domingo Oliva, de 44; e Isidre Tarsá Giribets, de 70.

Los carmelitas descalzos beatificados eran: Damián Rodríguez Pablos (de la Santísima Trinidad), de 40 años; Felipe Arce Fernández (fray Elipio de Santa Teresa), de 58; Pedro (de San Elías) Heriz y Aguiluz, de 69; y Josep Alberich Lluch (fray Josep Cecili de Jesús Maria), de 71.

Los sacerdotes seculares eran: Joan Roca Vilardell, de 31 años, beneficiado salmista de la catedral de Tarragona (su hermana Dolores, misionera de la Inmaculada Concepción, había sido asesinada el 9 de agosto en l’Arrabassada); Miquel Saludes Ciuret, de 59 años, adscrito a Riudoms; y Josep Maria Bru Ralduà, de 66 años, canciller secretario. Este había sido ordenado en 1896, además de canónigo y profesor del seminario era juez metropolitano. Lo detuvieron el 27 de julio en casa de unos amigos.
Los lasalianos eran Mariano Navarro Blasco (hermano Jenaro, de 32 años, tomó el hábito en 1919 y estuvo en Cuba de 1928 a 1931) y Josep Boschdemont Mitjavila (hermano Gilberto de Jesús, de 56 años, trabajó durante 17 en la librería Bruño de Barcelona). El claretiano era Federico Vilà Bartolí, de 52 años, que en 1924 había publicado en Barcelona una Reseña histórica, científica y literaria de la Universidad de Cervera.

Puede leer la historia de los mártires en Holocausto católico (Amazon y Casa del Libro).

Puede suscribirse al mensaje El mártir de cada día, con biografías de los 1.584 mártires del siglo XX en España ya beatificados, enviando su dirección de correo desde la casilla al efecto en la parte superior derecha de esta web.

Facebooktwitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *