Estoy dispuesto a dejarme matar antes que abandonar mi vocación El marista hermano Luis Daniel rechazó la insistencia de sus padres para que dejara su vocación. En Madrid lo detuvieron tras encontrarle un rosario

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Dos mártires del siglo XX en España nacieron un 2 de junio: un marista leonés y un escolapio burgalés.

Al encontrarle un rosario, lo apalearon hasta dejarlo medio muerto
Juan Viñuela Flecha (hermano Luis Daniel), de 26 años y natural de Navatejera (León), fue asesinado en Madrid el 16 de octubre de 1936 y beatificado en Tarragona en 2013. He descubierto que, aunque sí figuran sus datos en la lista de mártires al final de Holocausto católico, en el relato principal, al referirme a los mártires del 16 de octubre, menciono a este marista pero sin decir su nombre. Así que, en desagravio, transcribo la biografía de este mártir escrita por Benigno Gil:

Juan vino al mundo el día 2 de junio de 1910, en Navatejera, que pertenece al ayuntamiento de Villaquilambre, provincia y diócesis de León. El matrimonio formado por sus padres, Victoriano y Manuela, tuvo nada menos que once hijos. El recién nacido fue bautizado el 8 de junio, en su pueblo natal, en la iglesia parroquial de San Miguel. El obispo de León lo confirmó el 21 de julio del mismo año 1910.

Allá por el año en que nació Juan, Navatejera unos ciento cincuenta habitantes. El pueblo situado sobre una pequeña loma, rodeada de de calidad excelente para el cultivo de legumbres y cereales. Estas tierras son muy fértiles gracias a las aguas del río Torío que las riegan. Juan pasó toda su infancia en este apacible lugar, donde fue el jefe indiscutible de los chicos de su edad.

Ingresó en el seminario marista de Venta de Baños (Palencia) el 8 de febrero de 1924. Las cartas que escribía desde él admiraban a su familia porque, según contaban, siempre estaba preocupado de si cumplíamos con los deberes cristianos. Pasó al noviciado de Tuy (Pontevedra) el l0 de septiembre de 1925, donde recibió el hábito marista el 19 de marzo de 1926 y se le puso el nombre de H. Luis Daniel. Justamente un año después, emitió sus primeros votos anuales. Se consagró a Dios para toda su vida, por la profesión perpetua, el 15 de agosto de 1934.

He aquí la breve lista de sus destinos: desde el mes de marzo de 1927 hasta el de septiembre de 1928, permanece en Tuy, preparándose para la enseñanza; en septiembre de 1928, fue enviado al colegio marista de Lugo; en agosto de 1929 fue destinado al colegio San José de la calle Fuencarral, n. 126, de Madrid. En esta ciudad, fue detenido y, en ella, dio su vida por Dios, ya que allí fue martirizado.

Siempre demostró un especial amor a la llamada de Dios y luchó con entereza por ser fiel a ella. Pocos días antes de comenzar el noviciado, su padre se había presentado en Tuy para llevárselo a casa, pero él se negó a seguir sus consejos. Cuando ya había profesado, volvió a instarle para que dejara su estado y volviera a casa. Pero Juan le dijo: Tantos hijos como tiene para el mundo, ¿no está bien que tenga uno para Dios? Si viene a buscarme, puede irse; estoy dispuesto a dejarme matar antes que abandonar mi vocación. Pese a todo, su padre quiso hacer valer su autoridad, pero fue tal el disgusto del joven que enfermó con fiebre muy alta y no pudo llevárselo. Por si no hubieran sido ésas suficientes pruebas, su propia madre, ante lo que estaba sucediendo en España, le dijo que era mejor que abandonara, no fueran a matarlo. En un arranque de voluntad, replicó: ¿Salirme yo?, eso nunca. ¡Que sea lo que Dios quiera! Esta actitud revela su talante incondicional de mártir.

La última prueba iba a ser durísima y cruenta. Él y otro hermano de su comunidad se habían refugiado en el n. 9 de la calle Zorrilla de Madrid, en una pensión de confianza. Unos milicianos se presentaron un día en la pensión y le preguntaron por su compañero, que en ese momento se hallaba fuera. Él no les respondió, o porque ignoraba su paradero o porque no lo quiso delatar. Al registrarlo, encontraron su rosario; por escarnio, se lo pusieron al cuello y lo golpearon con rabia hasta cansarse, dejándolo medio muerto. A los pocos días, volvieron a detener a un diputado de la CEDA, que se hospedaba en la misma pensión, y lo detuvieron también a él. Este diputado fue asesinado en Villa de Don Fadrique (Toledo), el 16 de octubre de 1936. Según un hermano del diputado, el H. Luis Daniel no llegó a dicha villa toledana siendo asesinado en Madrid, en el atardecer de ese mismo día.

Según el folio 18 del expediente de La Villa de don Fadrique en la Causa general (legajo 1048, exp. 14), el diputado se llamaba Salvador Madero Ortiz Cicuéndez, tenía 59 años, era médico y fue asesinado en un pozo, junto con el farmacéutico retirado Polonio Villarrubia Mendoza, el 20 de octubre por Saturnino y Pablo Carpintero -que figuran como detenidos en la posguerra-, más Blas Mejías y Honorio Castillo, que figuran como muertos.

“Para subir hacia Dios no necesito cachava”
Alfredo (de la Virgen) Parte Saiz, de 47 años y oriundo de Cilleruelo de Bricia (Burgos), era sacerdote escolapio y es uno de los tres beatificados -en 1995 en su caso- entre los 156 presos del barco Alfonso Pérez asesinados en Santander el 27 de diciembre de 1936 (ver artículo del aniversario): en concreto, el que trepó a la cubierta diciendo: “Hasta ahora he necesitado cachava, pero para subir hacia Dios no necesito cachava”.

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