Mártires de Lorca: Si triunfan los católicos, no podrán venerar sus restos Del 18 de noviembre hay 13 beatos: seis mártires de Lorca arrojados a un pozo y en Madrid seis monjas de la Visitación más un dominico

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Del 18 de noviembre hay 13 beatos: seis mártires de Lorca -cinco lasalianos y el coadjutor de la parroquia de Santiago, arrojados al pozo donde, el 4 de noviembre, echaron al mercedario Lorenzo Moreno- y siete en Madrid: seis monjas de la Visitación que no quisieron separarse, más un dominico que cedió a otro el billete de autobús que le habría salvado.

Exterminio de los lasalianos de Lorca
En Lorca eran cinco los hermanos que regentaban la escuela de San José, y ninguno sobrevivirá. El 30 de julio se presentó un grupo de “trabajadores de la enseñanza” reclamando el inmueble en nombre del Frente Popular; el director –Esteban Anuncibay Letona (hermano Ovidio Bertrán), de 43 años, había hecho la profesión perpetua en 1919 y fue director del colegio del Puente de Vallecas cuando intentaron quemarlo en 1931 (el colegio en la imagen siguiente)- llamó al abogado José María Campoy, que logró evitar ese primer asalto, pero poco después aparecieron 20 milicianos de la CNT a los que no pudieron esquivar.

El 1 de agosto llevaron a los lasalianos a la cárcel, donde una buena mujer y sus cuatro hijas les llevaron comida a diario. Además de rezar, etc., en prisión escribieron cartas que no llegaron a destino porque los carceleros las rompían.

El 30 de septiembre se constituyó el tribunal popular que los juzgó y el juez Lino Martín Carnicero decretó su libertad. Pero el 2 de octubre una orden del comité del Frente Popular lorquino mandó ignorar la sentencia por considerar peligrosos a esos presos.

El 4 de octubre, según el estado 1 de Lorca en la Causa General (legajo 1066, expediente 8 folio 4), fueron fusilados en Murcia dos sacerdotes lorquinos previa condena de un tribunal popular: Ginés Hurtado Lorente y Fulgencio Martínez García; y el día 23 ejecutaron en Lorca, en la carretera de Granada, a otro sacerdote, Antonio Serra Martínez, sin previa condena. Los lasalianos y sacerdotes en Lorca continuaron presos y sin condena hasta el 18 de noviembre. Uno de los milicianos ejecutores, Juan Meras, relató que uno de sus jefes, Avelino Navarro, ordenó a las 5 de la mañana sacar a los cinco lasalianos y dos sacerdotes. Ataron sus brazos, los subieron a un camión y dijeron que los llevaban a prestar declaración. Pero los llevaron a los pozos de azufre del Coto minero donde, el 4 de noviembre, habían matado al mercedario Lorenzo Moreno. Los fusilaron y Navarro los remató, luego algunos milicianos pisotearon los cadáveres o bailaron sobre ellos y los tiraron al pozo de azufre, diciendo: “Es bastante profundo para que nadie se entere que están aquí, y en caso de que triunfen los católicos no vendrán a venerar sus restos”. Tras la beatificación de 2007 se llegó a pedir permiso para buscar los cuerpos.

Los otros hermanos de La Salle eran Emilio Martínez de la Pera y Álava (hermano Lorenzo Santiago), de 23 años, que hizo los primeros votos en 1930, la de Lorca fue su primera comunidad; Crisógono Augusto Cordero Fernández (hermano Estanislao Víctor), de 28 años, que hizo la profesión perpetua en 1933 y desde entonces estaba en la escuela de Lorca; Modesto Sáez Manzanares (hermano Hermenegildo Lorenzo) y Germán García García (hermano Luciano Pablo), ambos de 33 años y con votos perpetuos desde 1928, García estuvo en el colegio Maravillas de Madrid cuando fue incendiado el 11 de mayo de 1931 y estaba en Lorca desde septiembre de 1934.

Con ellos mataron al sacerdote José María Cánovas Martínez, de 42 años y ordenado en 1921, coadjutor de la parroquia de Santiago de Lorca y capellán de la escuela de San José. Según el estado 1 de Lorca en la Causa General (folio 7), con ellos no iba un segundo sacerdote, sino una persona a la que colocan como hermano de la Doctrina Cristiana, llamada Emilio Bilbao González.

Dos sacerdotes más (Manuel Guzmán Nicoline y José Valera Caravaca) aparecen asesinados el día 23 en la carretera de Caravaca, y otro sacerdote de Lorca, José Macho Carrasco, sería fusilado en Murcia el 27 de noviembre por orden de un tribunal popular.

Las salesas que no quisieron separarse
Las seis salesas reales de Santa Engracia (orden de la Visitación) que murieron el día 18 en los Altos del Hipódromo eran Inés Zudaire y Galdeano (sor María Inés), de 36 años; Josefa Joaquina Lecuona y Aramburu (sor Engracia), de 39; Martina Olaizola Garagarza (sor María Ángela), de 43; Laura Cavestany y Anduaga (sor Teresa María), de 48; María del Carmen Barrera e Izaguirre (sor Josefa María), de 55; y Amparo Hinojosa y Naveros (sor María Gabriela, que hacía las veces de superiora), de 64. Ya en 1931, ante el peligro de incendio, las monjas se habían trasladado a Oronoz (Navarra) durante un año. En 1936, de las 83 que había, quedaron siete en Madrid, cinco de clausura y dos externas: todas serían mártires. Alquilaron un semisótano en la calle Manuel González Longoria número 4, en el que se refugiaron al estallar la guerra.

El ambiente en ese piso es descrito por María Encarnación González Rodríguez con la cita de una superviviente: “En aquellos momentos difíciles de persecución religiosa, toda la comunidad de religiosas Salesas tenía una gran confianza en Dios, sintiéndose peregrinas hacia el Cielo. El comportamiento para con el prójimo entre las hermanas de la comunidad era de una caridad total. Como tónica general de todas las religiosas que residían en la comunidad del Primer Monasterio se vivía el perdón a los enemigos, el pedir a Dios por sus almas y sentir una predilección por los pobres y los marginados; hacían penitencia por los pecadores”.

A pesar de que sus familiares les invitaban a ir con ellos o refugiarse en embajadas, decidieron seguir juntas. Los porteros y habitantes las protegían, pero fueron delatadas por la empleada de una familia vecina, con lo que comenzaron a verse sometidas a inspecciones y registros. Finalmente, hacia las 19 horas del 18 de noviembre fueron detenidas por milicianos que las condujeron en un camión a los Altos del Hipódromo, donde las fusilaron. La historia de la séptima salesa real, Cecilia Cendoya, terminará como veremos el día 23.

El dominico que cedió a otro el billete que le salvaba
Vidal Luis Gómara, de 45 años, dominico profeso desde 1908 y sacerdote desde 1915, estaba en Madrid el 18 de julio de 1936 subido a un autobús para regresar a Salamanca, donde vivía, cuando se presentó un desconocido que necesitaba urgentemente viajar en aquel medio público y no tenía billete. El padre Vidal le entregó el suyo con la esperanza de tomar otro autobús al día siguiente, pero ya no pudo salir de Madrid. Pasó medio mes sin domicilio, durmiendo por los bancos de la calle y otros lugares, pero al fin fue acogido en una casa, donde celebraba misa todos los días; en la vida clandestina brilló por su celo en llevar la Eucaristía a otras víctimas de la persecución; no aceptó la oferta de pedir refugio en una embajada porque, según decía, “para un soldado de Cristo era un honor morir en acto de servicio sacerdotal”.

Tuvo una premonición de su martirio próximo, y quería aprovechar el tiempo llevando la comunión a cuantos pudiera; en este ministerio fue detenido el 4 de octubre y confesó que era dominico. Lo llevaron a la comisaría del Congreso, el 9 de octubre lo pusieron a disposición de la DGS y, al día siguiente fue recluido en la cárcel Modelo, donde estuvo dedicado a la meditación y rezo del rosario; fue objeto de frecuentes torturas con la punta de una navaja.

 

El 15 de noviembre lo trasladaron a la cárcel de Porlier y de allí el 18 a Paracuellos. Tras la dimisión el 14 de noviembre de Melchor Rodríguez, por presiones del ministro de Justicia y representante de la CNT-FAI Juan García Oliver, para que dejara de preocuparse por la suerte de los presos, y precisamente al suspenderse el día 18 el ataque franquista a Madrid, una vez evacuados los 5.000 presos de la cárcel Modelo, se reanudan las sacas: una de la cárcel de Porlier finaliza en Paracuellos y otra de la cárcel de Ventas llega a Alcalá de Henares.

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