Los últimos de Paracuellos y seis mártires ahogados en Santander Del 3 de diciembre de 1936 hay seis mártires ahogados en Santander (trapenses de Cóbreces) y otros tres religiosos asesinados en Paracuellos

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Del jueves 3 de diciembre de 1936 hay nueve mártires: seis ahogados (trapenses de Cóbreces, Cantabria), dos dominicos y un marista de la saca de Ventas a Paracuellos, que por ahora son los últimos asesinados en esa localidad que han sido beatificados. Ese mismo día hubo otra saca desde Porlier, cárcel de donde saldría la última saca el día 4, suspendiéndose al volver Melchor Rodríguez como delegado especial de prisiones del gobierno.

Víctimas del socialista Neila
El martirio de los seis trapenses es narrado así por Francisco R. de Pascual en las p. 11-12 del resumen de la causa. Por cierto que n la p. 5 de este escrito (Martires de Viaceli 2 – SP.pdf) hay copia de un decreto del Frente Popular de Alfoz de Lloredo que evidencia el cariz de la persecución religiosa, al clausurar el 20 de agosto de 1936 todo edificio religioso y prohibir todo acto de culto, invocando órdenes superiores y remitiéndose a un decreto gubernamental aparecido en La Gaceta de Madrid que, sin embargo, disimulaba refiriéndose solo a religiosos implicados en la sublevación (o sea ninguno, y con tal interpretación estricta podría haberse mantenido el culto, como en el País Vasco). Aquí lo publicado:

Frente Popular de Alfoz de Lloredo (Santander). Para dar cumplimiento a órdenes superiores, este Comité del Frente Popular de Izquierdas de Alfoz de Lloredo, tiene acordada la clausura de todos los edificios destinados al culto católico, y, en consecuencia, se ha dispuesto que proceda Vd. a cerrar la iglesia parroquial y todas las capillas que existan en ese pueblo, y remitir a este Comité, sito en Novales, las correspondientes llaves, a las que colocará una tablilla con el nombre del edificio a que correspondan. También queda prohibida la celebración de cultos en oratorios particulares o de comunidades. Alfoz de Lloredo, 20 de agosto 1936. El P. del Comité. (Firmado y Rubricado). Sello: Frente Popular de Alfoz de Lloredo. RR. PP: Trapenses. Cóbreces.

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Los nombres de estos mártires son: Álvaro González López (clérigo profeso), Francisco (fray Antonio) Delgado González (postulante), Valeriano Rodríguez García, Marcos García Rodríguez, Juan Bautista Ferris Llopis y Julián (padre Pío) Heredia Zubía (los cuatro sacerdotes):

“La casa de los Aldasoro estaba justo delante de la “checa”. Así que la presa era fácil. Y así sucedió. Los milicianos invaden la casa y se llevan de nuevo a los monjes. En los últimos meses hubo cambios entre los dirigentes del Frente Popular, los comisarios políticos y las tropas llamadas de asalto. La situación se ha endurecido y el odio se ha enconado; se suceden las ejecuciones y las detenciones, que culminan en desapariciones nocturnas o fusilamientos al
atardecer en Ciriego.

Desaparecen ya las ultimas luces del día, que ha sido extremadamente duro para el Padre Pío. Acaba de regresar junto a sus hermanos en el sótano de la comisaría de policía, donde se hallan detenidos. Llega del segundo interrogatorio. Viene impresionado por la crueldad implacable del comisario Neila. Este le acosó con preguntas insidiosas, palabras vejatorias, blasfemias, desprecios, golpes, bofetadas, amenazas… Se sienta silencioso en el frío suelo del sótano. Sus hermanos se arremolinan tímidamente junto a él, pensando quién sería el siguiente y tratando de dar ánimos a su superior. Durante estos momentos solo una imagen ha permanecido fija e inmóvil en su mente y en su corazón: la de Jesús callado ante sus acusadores… “como cordero manso llevado al matadero”. Ese Jesús sin fuerzas es quien fortalece a todos para permanecer serenos, inconmovibles en su sencillez, ante la crueldad desaforada de sus carceleros.

Recuerdan conmovidos que fue a la misma hora en que Jesús entregaba su vida, a la hora llamada de nona, cuando ellos fueron detenidos por ser discípulos de Jesús, pues no les dieron ninguna otra razón ni hubo ninguna acusación particular o referencia a delito cometido. Lo mismo el día 8 de septiembre en el monasterio que ahora, el día 1 de diciembre en su casa-refugio de Santander. ¡La hora nona… la hora de Jesús! ¿Pura coincidencia? ¿O mas bien otro signo mas de predilección del Maestro, que quiere asociarlos a su muerte y su entrega? Sí, fue a la hora nona del primer día de diciembre cuando irrumpieron en la casa de la calle del Sol y par la fuerza los llevaron a la comisaría vecina “a declarar”. Allí pasarán dos frías jornadas, arrojados al calabozo en el sótano de la misma. Solo subirán para ser interrogados, dos veces el Padre Pío, una vez todos los demás. Juntos han de comenzado la novena de la Inmaculada, con decisión firme y manifiesta de seguir al Señor hasta el final, hasta el martirio, si así llegara a ser. Allí esta no solo el grupo de la calle del Sol, sino también el grupo encabezado par el Hno. Eustaquio, apresado apenas unas horas antes. La operación ha sido previamente concertada. Nada sucede al azar.

Aquella misma noche se llevaron al primer grupo, en medio del silencio de la madrugada, las manos atadas a la espalda. La noche siguiente sacarían a los otros con el mismo destino. Unos y otros parece ser que fueron llevados a bordo de una barcaza, al mar abierto fuera de la bahía santanderina y, atados a pesados lastres, arrojados a las frías aguas del Cantábrico, aquel mar que tantas veces contemplaron desde las ventanas de su monasterio, unas veces sereno y azul otras grisáceo y encrespado. Era la suerte que por aquellas fechas correrían muchas otras personas”.

Propuestas de matrimonio y empleo si dejaban su profesión
Uno de los dominicos era Francisco Fernández Escosura, de 19 años, el mayor de 14 hermanos (cuatro de sus hermanas fueron dominicas), que profesó en Almagro en 1934 y rechazó la propuesta de sus padres de ir a refugiarse en su casa antes de la guerra.

En el caso de fray Manuel Santiago Santiago, de 20 años -profesó también de manos del maestro general de la orden, P. Gilet, que había viajado a Almagro-, su padre llegó a ir al convento para tratar de llevárselo.
Ambos religiosos salieron con la comunidad dominicana el 24 de julio y fueron recluidos con otros dos de sus compañeros en la cárcel Modelo. El 16 de noviembre los trasladaron a Ventas, donde dormían en el suelo con gran frío, y donde les hicieron propuestas de matrimonio y empleo si dejaban la profesión religiosa. Salieron hacia Paracuellos atado el uno al otro.

Marcelino Rebollar Campo (hermano Julián Marcelino), de 22 años -natural de un pueblo, Treviso (Cantabria), con apenas un centenar de habitantes, su padre, casado dos veces, tuvo 17 hijos-, ingresó en 1927 en el seminario marista de Venta de Baños (Palencia), vistió el hábito en 1931 y al estallar la guerra estaba en el colegio San José de Madrid, en la calle Fuencarral, n. 126 (el colegio San José, trasladado allí hacia 1920, permaneció hasta 1959, tras un nuevo traslado pasaría a llamarse San José del Parque). Lo detuvieron el 15 de agosto con otros dos maristas en la residencia de estudiantes, y tras pasar una noche en la Dirección General de Seguridad, fue a la cárcel de Ventas, y de ahí a Paracuellos el 3 de diciembre.

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