Líster lo mandó matar cuando daba gracias por salvarse en Francia Al marista Daniel Altabella Gracia, por dar gracias a Dios, Líster lo mandó matar durante la retirada republicana a Francia

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Hay un mártir del siglo XX en España que fue asesinado el 29 de enero de 1939: el marista Daniel Altabella Gracia (hermano Pablo Daniel), de 27 años. Tras escapar a la muerte en prisiones y juicios -gustaba de polemizar sobre religión abiertamente con los marxistas, y viceversa, a ellos les gustaba oirle-, lo mataron por orden de Líster a punto de pasar a Francia. No es el único mártir a cuenta de Líster o sus inmediatos colaboradores: el 7 de febrero lo serán el obispo de Teruel y su vicario.

Una “carrera de obstáculos”
La referencia a Líster aparece en la biografía colectiva presentada en la causa de canonización (positio), y difiere un tanto de versiones, como la del obispado de Lleida, que suponen su muerte como si hubiera sido reconocido por un soldado indeterminado a punto de pasar a Francia. Una auténtica peripecia en todo caso, contada así por el resumen de las páginas 430-441 de la Positio del Hermano Crisanto, otros 65 hermanos maristas y dos laicos, beatificados en Tarragona en 2013:

Apodado “el ángel consolador”
Pablo Daniel (Daniel Altabella García) nace el 19 de octubre de 1911 en Aguaviva (Teruel), en el seno de una familia muy cristiana, pues todos los hijos se hacen religiosos, dos maristas y un sacerdote diocesano (también tuvo una hermana mayor, Pilar). A los 11 años entra en el juniorado de Vich. Les Avellanes lo recibe para el postulantado y noviciado y también emite en esa casa los primeros votos, el día 8 de septiembre de 1928. Su experiencia apostólica con los niños y jóvenes será breve: Alicante primero, luego Mataró donde en 1936 cae en las redes de la persecución.
Este religioso joven, entusiasta, dinámico, piadoso, causó una sincera y duradera admiración en sus alumnos, debido a su preparación cultural, a su trabajo, a su actividad pastoral, y sobre todo a la práctica de las virtudes. Sus alumnos veían en él a un forjador de hombres y de cristianos auténticos.
Su hermano, don Pedro, que será canónigo en San Pedro de Roma, no duda en decir que Pablo Daniel merecería la canonización incluso sin haber sido mártir.
Un martirio como una carrera de obstáculos
La persecución sufrida por el H. Pablo Daniel va a tener la misma duración que la guerra, de 1936 a 1939. Las principales estaciones de su vía crucis son tres cárceles, un barco-cárcel, un campo de trabajos forzados y finalmente el alistamiento en el ejército republicano.
Primera detención: con los maristas cuyo rescate se gastó en armas Tarradellas
El H. Pablo Daniel formaba parte del grupo de 107 Hermanos que debían embarcarse en el Cabo San Agustín para pasar a Francia. Era una trampa y todos esos Hermanos terminaron en la Checa de San Elías (cárcel) en la mañana del 7 de octubre de 1936. La noche siguiente, 46 Hermanos entre los cuales estaba el H. Laurentino, Provincial, fueron fusilados en el cementerio de Montcada i Reixac. Los restantes quedan en la cárcel sometidos a toda clase de malos tratos, de pesquisas, de insultos continuos. Luego, les trasladan a la cárcel Audiencia y de ahí a la Cárcel Modelo de Barcelona donde el H. Pablo Daniel permanecerá 13 meses; luego lo liberan pues nadie presentó acusación contra él.

Segunda detención
Para poder sobrevivir, busca un puesto de trabajo en la enseñanza. En la nueva escuela su enseñanza es abiertamente de corte cristiano. Defendía la causa de Dios con audacia y valentía. Esto le merece la segunda detención en el barco-cárcel Argentina, donde la vida es dura, pero el Hermano ya está acostumbrado. Comparte camarote-celda con otros cinco detenidos. Esta celda se transforma rápidamente en monasterio: misa diaria, meditación matutina, rosario completo, meditación y oración de la noche; organizan retiros e incluso las ceremonias de Semana Santa. El sacerdote aseguraba la misa, pero era el H. Pablo Daniel quien dirigía las oraciones y hacía las homilías. Por su gran espíritu de fe y su tacto para confortar y animar le llamaban el “ángel consolador”. Rápidamente llega a ser el confidente de los detenidos de las otras cabinas deseosos de dejarse contagiar por la fe del Hermano.
Tras cuatro meses de detención en el barco-cárcel Argentina, lo mandan a la cárcel sita en el castillo de Montjuich a la espera de un juicio que nunca llegará. No habiendo juicio, lo trasladan al campo de concentración de Ogerns (Bassella, entre Ponts y Solsona). Prácticamente era sinónimo de condena a trabajos forzados. Obligaban a los prisioneros a construir puentes, a arreglar carreteras, a hacer zanjas. El H. Laureano, su compañero de trabajos forzados describe así el ambiente: « En el campo de trabajo, cuando nos reuníamos por la noche, rezábamos las oraciones según las posibilidades y hacíamos algunos comentarios. Me acuerdo que una noche, cuando estábamos faltos de todo y muertos de hambre, de frío, sin ropa suficiente y llenos de piojos, me dijo: «Es verdad que aquí sufrimos y pasamos molestias y estrecheces, pero los que están en libertad están peor que nosotros… » Y me dijo también: « Cuando Jesús recorría Palestina, predicando, muchas noches ¿no las pasaba como nosotros, cansado, hambriento, padeciendo la intemperie? Aceptemos nuestra suerte y mostrémonos valientes. »
Alistamiento en el ejército: octubre de 1938
Como su quinta debía alistarse en el servicio militar, pensó que estaría bien hacer lo propio. Pensaba en ocuparse de los heridos y se apuntó en el servicio sanitario. Lo mandaron al frente de Cataluña.
El martirio
En enero de 1939, el ejército republicano derrotado se replegaba hacia Francia. La compañía en la que se encontraba el Hermano había llegado cerca de Figueras, cerca de la frontera. El Hermano manifestaba públicamente su gratitud a Dios por el hecho de estar vivos y libres de enemigos. Algunos, a quienes este discurso pareció extraño, avisaron al jefe, un tal Lister. Éste envió un piquete de soldados que fusilaron al Hermano y a cuantos estaban con él. Era el 29 de enero de 1939.

Una figura fuera de serie
Lo que impresiona al escuchar a los testigos es su insistencia en destacar el valor y la audacia del H. Pablo Daniel. A los demás detenidos, declaraba de inmediato su identidad de religioso; lo mismo hacía con los milicianos y los jueces. Uno de los jueces, admirado de su inteligencia, se adelantó a pagarle los estudios de abogacía, pero el H. Pablo estaba profundamente enraizado en su vocación marista. El H. Eduardo Escolà Ganet, compañero de cárcel, lo recuerda de este modo: «La vida de este Hermano en la cárcel ha sido la de un héroe. Primero, animaba a todos al martirio, e incluso predicaba en el patio de la cárcel. » Otro testigo añade: «Sobre todo, fue un gran sembrador de esperanza cristiana, pues hablaba de su martirio con una total tranquilidad y sosiego. » Algunos subrayan su disponibilidad a la voluntad de Dios. «Sus palabras traducían su total conformidad a la voluntad de Dios. No daba muestras de impaciencia, y no tenía resentimiento para con los carceleros. Aceptaba de lleno la voluntad de Dios y sabía descubrir las atenciones y delicadezas de Dios para con nosotros en medio de la persecución.
Por eso, la fama de santidad del Hermano se difunde por doquier: «Aunque no hubiese sido mártir, habría merecido este proceso, tan heroicas eran sus virtudes. Me apoyo en datos objetivos y comprobados. » Es su hermano sacerdote quien lo afirma: «Existen personas, que no son familiares nuestros, pero que lo conocieron en la cárcel o fuera de ella. Esas personas se recomiendan a él, y me escriben subrayando las virtudes heroicas de mi hermano. He tratado de calmar su entusiasmo sin conseguirlo. Sienten una gran admiración por sus virtudes y dicen que se han encomendado a él. Conservan como reliquias algunos trozos de sus vestidos u objetos que usaba. »
Podríamos multiplicar testimonios parecidos:
«Admiro y venero la memoria de este Siervo de Dios. Y no sólo yo, sino todos aquellos que lo conocieron y lo admiraron como una persona extraordinaria.»
«Tengo hacia él una verdadera devoción, un recuerdo piadoso y deseo vivamente su beatificación… Cuando estaba en la cárcel, ya le llamábamos “el ángel consolador” porque tenía todas las virtudes teologales, y sabía sembrar en nuestro corazón un verdadero espíritu de confianza en Dios. ».
«…Todas las noches, al acostarme, antes de la última oración, me encomiendo a él como a un santo. »
De la biografía publicada en la web por el obispado de Lleida (ojo al episodio final difícil de cuadrar con la positio:
“Hombre decidido y de capacidad intelectual extraordinaria, exponía claramente la verdad, sin miedo a la misma muerte. Sostenía con frecuencia polémicas religiosas con los marxistas de la cárcel”.
Compadecido por su permanencia en el error religioso, engañados por sus jefes, buscaba su compañía y les argüía con razonamientos que les llegaban a confundir de su mala conducta y execrables asesinatos.
“Ponía de relieve y sostenía ante ellos la santidad de la Iglesia perseguida y la pureza de su doctrina, la divinidad de Jesucristo y la eficacia de su Redención. La táctica y argumentación del Siervo de Dios eran sorprendentes”.
Según testigos de visu, la iniciación de la polémica comenzaba en forma de conversación familiar, y poco a poco se elevaba el tono y el interés.
Acudían a oírle los demás presos: sacerdotes, religiosos, seglares y hasta criminales. Sin preocuparse de sus antecedentes seguía la polémica en tono filosófico-teológico. Al fin, confundidos observaba como triunfaba la verdad que defendía”.
Creyéndose libre y huyendo en grupo para Francia, exclamó:
«¡Gracias a Dios que ya nos vemos libres de estos elementos!», y reconocido como religioso por un soldado republicano, fue asesinado en la frontera francesa.

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