Dos mártires del siglo XX en España terminaron su pasión el 26 de octubre de 1936: los claretianos Andreu Feliu Bartomeu y Pau Castellà Barberà, misioneros durante muchos años en Guinea Ecuatorial. Otros seis mártires nacieron un 26 de octubre: José María Muro Sanmiguel, sacerdote secular que se hizo dominico en Calanda porque quería ser “misionero y mártir”; el sacerdote diocesano Antonio Silvestre Moya, que ofreció su vida el día antes de morir y fue dos veces fusilado; el padre de familia Arturo Ros Montalt, al que arrojaron vivo a un horno de cal ardiendo; el prior del monasterio benedictino de El Pueyo (Barbastro), Mauro Palazuelos, que manifestó su alegría por dar la sangre por Cristo; el sacerdote claretiano Juan Prats Gibert y el laico almeriense Luciano Verdejo Acuña, adorador nocturno.
En Rusia, la Iglesia ortodoxa ha glorificado a dos mártires de este día de 1937: el arcipreste Nicolás Ermolov y el sacerdote Inocencio Kikin.