Arrojado a la Bahía de Santander con una piedra al cuello El agustino Epifanio Gómez Álvaro fue arrojado a la Bahía de Santander el 22 de diciembre de 1936 y su cuerpo apareció en las playas de La Vendée (Francia)

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El caso del mártir del 22 de diciembre, el agustino Epifanio Gómez Álvaro, arrojado a la Bahía de Santander, me da pie para aclarar que no todas las historias adjudicadas al terror rojo son ciertas, y en concreto que desde el Faro de Santander no se arrojó a nadie.

Su cadáver fue recuperado en otra tierra de mártires, La Vendée
Del 22 de diciembre de 1936 ha sido beatificado un sacerdote agustino muerto en Santander. Epifanio Gómez Álvaro, de 62 años, profesó en 1890. En 1896 fue enviado a Filipinas, donde se ordenó al año siguiente, pero por motivos de salud tuvo que regresar a España en 1899. Se repuso y partió para el Brasil.

En julio de 1936 estaba en Santander y se refugió en una casa particular, pero fue apresado y llevado a la checa del comisario socialista Neila, de donde lo sacaron la noche del 22 de diciembre de 1936, para arrojarlo vivo al mar, con las manos atadas a la cintura y una piedra colgada al cuello. Por las iniciales de sus prendas, su cuerpo pudo ser identificado como uno de los que las corrientes marinas arrastraron hasta las playas de La Vendée, donde fueron examinados por una comisión de médicos franceses.

Las habladurías sobre que algunas víctimas hubieran sido arrojadas al mar desde el Faro fueron ya desmentidas por el fiscal Antonio de Orbe y Gómez Bustamante, en el informe contenido en el legajo 1582, expediente 1 de la Causa General:

“Erróneamente se ha creído, y sigue creyéndose, que fue el Faro de Cabo Mayor el lugar preferido para los crímenes marxistas y que los cadáveres eran arrojados por el acantilado existente al pie del mismo; la Prensa de la España liberada ha divulgado repetidamente los relatos que sobre ello hacían los evadidos de Santander, en los que acostumbraban a incluir las noticias de que el torrero del Faro había enloquecido de presenciar tanto crimen y que un buzo que descendió en aquellas aguas vio una impresionante multitud de cadáveres erguidos en el fondo del mar por tener atados los pies a gruesas piedras; tanta leyenda se había formado en torno de aquel paraje que aquí ya no se hablaba de dar el paseo, sino de llevar al Faro; debió nacer ese error de que los primeros asesinatos cometidos bajo el dominio rojo se perpetraron a unos centenares de metros del Faro, en que por allí se hicieron varios simulacros de fusilamiento y en que con frecuencia aparecían en el mar cadáveres de ahogados. Pero en aquello, como de ordinario, falló la vox pópuli. De las averiguaciones hechas en esta Causa aparece que ningún torrero perdió la razón; que ningún buzo ha visto cadáveres en el fondo del mar; el Faro estaba habitado por dos torreros y sus familiares y por una guardia permanente de vigilancia de costa, los que eran demasiados testigos para que ante ellos fuesen a cometerse tantos crímenes y los cuales no vieron nunca cadáveres en las lastras y peñas de al pie del acantilado las que tan solo son cubiertas en la pleamar de las mareas vivas; los cuerpos que hubiesen sido lanzados desde tan gran altura sobre aquellas peñas del fondo quedarían con enormes traumatismos que no se observan en los muchísimos cadáveres recogidos en este litoral”.

Informe sobre la revolución de 1936 en Cantabria.

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