Sintió pena por sus verdugos. Mártires del barco prisión Alfonso Pérez Los mártires del 27 de diciembre de 1936 son tres de los 156 presos asesinados ese día en la matanza en el barco prisión Alfonso Pérez, en Santander

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Del 27 de diciembre de 1936 hay tres beatos: un laico, un sacerdote escolapio y otro capuchino. Son tres de los 156 presos asesinados ese día en la matanza organizada en el barco prisión Alfonso Pérez, en Santander.

Se ganó las simpatías de todos
El valenciano José María Corbín Ferrer, de 22 años, terminó la carrera de Químicas y fue pensionado para la Universidad Internacional de Santander. Estaba afiliado a la Federación Regional de Estudiantes católicos y otras organizaciones religiosas. El 2 de julio de 1936, salió de Valencia. Desde su llegada a Santander, acudía diariamente a misa en el convento de las esclavas del Sagrado Corazón. El 28 de agosto fue detenido y pasó 15 días en la checa instalada en el Ayuntamiento de Santander; fue trasladado después al buque-prisión Alfonso Pérez, donde se ganó las simpatías de guardianes y compañeros, a quienes siempre ayudó. Dirigía el rezo del rosario todos los días, algunos creían que era sacerdote.

El 27 de diciembre, tras un bombardeo de la Aviación Nacional, se produjo un primer asalto al barco con bombas de mano, que causó un muerto y varios heridos. José María vendó a los heridos y consoló a sus compañeros; se confesó y pidió perdón a todos, cosa que otros con su ejemplo también hicieron; se mostró contento y resignado, sintiendo verdadera pena por sus verdugos; se despidió de todos en el momento en que iba a ser fusilado, pidiendo a quien sobreviviera,que llevara un recuerdo a su madre y murió gritando “¡Viva Cristo Rey!”.

Según Antonio de Orbe y Gómez Bustamante, fiscal instructor de la Causa General en Santander (legajo 1582, expediente 1), la matanza del Alfonso Pérez fue dirigida por Teodoro Quijano (CNT), director general de Justicia de la delegación del gobierno en Santander, y Manuel Neila (PSOE), jefe del aparato policial; que según el fiscal sólo esperaban la excusa para imitar lo sucedido en Bilbao y Gijón:

“Llegó la ocasión cuando a las 13 de aquel día, la aviación Nacional bombardeó determinados objetivos militares de las afueras de la ciudad; tan pronto cesó el bombardeo, se presentaron en el muelle donde estaba atracado el barco, grupos de milicianos con armas, pertenecientes, en general, a las juventudes socialistas y a la C.N.T.; con ellos iban el comisario de policía M. Neila y el Director de Justicia, Teodoro Quijano, quienes iniciaron la entrada en el buque y permanecieron varias horas a bordo de él dirigiendo la matanza, que era ejecutada por unas pocas docenas de aquellos individuos que allí acudían a saciar sus pervertidos instintos, entre ellos, policías de Neila y algún hermano del gobernador Ruiz Olazarán.

Todo se hizo con método y sin precipitaciones, comenzaron por recorrer la cubierta, levantando, por su orden, los tablones o cuarteles que tapan las bodegas en las que, enterrados en vida, padecían aquellos centenares de presos, y en la más alevosa y vil cacería arrojaron bombas de mano e hicieron disparos con pistolas ametralladoras sobre aquellos que, empavorecidos, corrían a los ángulos más ocultos del fondo de las bodegas, intentando cubrirse con los colchones; en todas ellas hicieron muertos y heridos y, pasado un rato, ordenaron subir a éstos a cubierta, donde los remataron a tiros y golpes de barra (Neila ha sido visto, pistola en mano, dedicado a esta labor); más tarde descendieron al fondo de cada bodega grupos de asesinos que ordenaron a formar a los presos, les interrogaron por sus profesiones y, acto seguido, les obligaron a subir, uno a uno, por la larga escala, a todos los militares y sacerdotes, y, a continuación, a la vista del cuaderno-registro de presos, han ido llamando a los que, de antemano, figuraban señalados con lápiz rojo como elegidos, a los falangistas, a algunos requetés, a los ex-alcalde y ex-concejal de la CEDA de Santander Srs. Villegas y Bustamante; a medida que van poniendo pie sobre cubierta les asesinan de un tiro en la nuca; tan espantoso debía de resultar el espectáculo de aquellos cadáveres amontonados, que, hasta los perversos vigilantes del barco-prisión, algunos de los cuales tuvieron parte activa en la carnicería, enfermaron de la estomagada. Así murieron aquel día 156 presos del barco”.

La acción no unió sino en cierto sentido creó división entre las facciones del Frente Popular; así, según el fiscal, los 22 presos a los que mandaron cavar la fosa para los cadáveres, observaron “que sus vigilantes se apartan de ellos y hablan entre sí, pues alguien quiere que se los asesine también para que no queden testigos, y oyen que la F.A.I. se opone y lleva órdenes terminantes de disparar sobre Neila, si este pretendiese efectuar otra matanza”.

Para subir hacia Dios no necesito cachava
Uno de los asesinados en el Alfonso Pérez era el escolapio de 47 años Alfredo (de la Virgen) Parte Saiz. Sacerdote desde 1928, estaba en su pueblo, Villacarriedo (Cantabria) al estallar la guerra, y fue detenido en las bodegas del barco. Cuando el día de la matanza pasaron preguntando nombres y profesiones, no ocultó la suya: “Soy sacerdote Escolapio de Villacarriedo”. Aunque desde los 18 años quedó cojo tras una enfermedad en el fémur, cuando los milicianos quisieron ayudarle a subir a la cubierta del barco para fusilarle, afirmó: “Hasta ahora he necesitado cachava, pero para subir hacia Dios no necesito cachava”, y la arrojó, trepando como pudo hasta la cubierta.

El sacerdote capuchino Alejo Pan López-Mateos (padre Ambrosio de Santibáñez), de 48 años, que había sido misionero en Venezuela, es el tercero y hasta ahora último beatificado de los muertos en esa matanza. El 7 de agosto su convento de Montejano fue registrado por los milicianos, que al día siguiente obligaron a los tres capuchinos a abandonarlo. El padre Ambrosio fue detenido en el Alfonso Pérez el 14 de noviembre. El 27 de diciembre, fue elegido para morir porque, según dijeron, “tú tienes cara de cura”.

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