Seminarista: dejadme el último para ayudar a morir bien a mis hermanos El subdiácono Francisco Maqueda quiso ayudar a morir bien a sus paisanos de Villacañas antes de que fueran acuchillados, mutilados y descuartizados

68 personas fueron asesinadas por los revolucionarios en Villacañas (Causa General, legajo 1047, exp. 6, folio 14).
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Siete mártires del siglo XX en España terminaron su pasión el sábado 12 de septiembre de 1936: tres lasalianos en las provincias de Gerona -los hermanos Hugo Julián y Emerio José– y Barcelona -el hermano Miguel de Jesús-, un sacerdote claretiano –Pedro Sitges Obiols– y otro paúl –Manuel Binimelis– en esa misma provincia, un seminarista en la de Toledo y un sacerdote diocesano –Fortunato Arias– en Hellín (Albacete).

En Japón se conmemora el martirio de los beatos franciscanos Apolinar Franco (sacerdote), Francisco de San Buenaventura y Pedro de Santa Clara, y los dominicos Tomás de Zumárraga (sacerdote), Domingo Magoshichi y Mateo de Santo Tomás Chiwiato (1622); en Francia, el del lasaliano Roger Faverge (1794); en Corea, el de san Francisco Ch‘oe Kyong-hwam. En Rusia, la Iglesia ortodoxa ha glorificado a seis mártires y un confesor que murieron en esta fecha en los años 1918 (el sacerdote Pedro Reshetnikov y el monje sacerdote Apolinar Mosalitinov), 1937 (el laico Teodoro Ivanov, el sacerdote Pablo Malinovsky y la monja Isabel Alexandrovna), 1938 (el monje Ignacio Lebedev) y 1972 (el sacerdote confesor Pedro Cheltsov).

El subdiácono que preparó a sus paisanos al martirio rezando el rosario

Beato Francisco Maqueda.
Beato Francisco Maqueda.

Francisco Maqueda López, de 21 años y toledano de Villacañas, ingresó en el Seminario Menor de Toledo antes de cumplir los 11 y llegó a ser ordenado subdiácono el 5 de marzo de 1936 por el obispo de Madrid, Leopoldo Eijo Garay. Fue asesinado en la madrugada del día 12, en el kilómetro 67 de la carretera general de Andalucía, muy cerca de Dosbarrios, entre las poblaciones de La Guardia y Ocaña, junto a otras 15 personas de su pueblo.

Según relata Jorge López Teulón, los presos estaban encerrados en la ermita de la Virgen de los Dolores, y Francisco Maqueda les dijo: «Preparémonos, esta noche nos llevarán al Cielo, ¿queréis acompañarme y rezamos juntos el rosario a la Santísima Virgen?». La invitación fue muy bien acogida, y con toda devoción rezaron juntos, postrados de hinojos, ante la imagen de la Virgen. Hasta la media noche en que los sacaron, los presos permanecieron unidos a otros familiares y amigos, rezando rosarios y cantando a la Virgen. Francisco estaba entre ellos de brazos en cruz y animándoles a que no blasfemaran, que era lo que sus captores querían, diciéndoles que les soltarían. La mayoría eran muy jóvenes y muchos de ellos hermanos: cuatro de 16 a 22 años; tres de 18 a 22; dos de 21 y 23 y otros más de 19, 21, etc.

Sebastiana Maqueda, hermana del subdiácono, asegura que a su hermano le señalaron el lugar donde habían matado a su padre: —Ahí está tu padre. —Os equivocáis, mi padre está en el Cielo. —¿Y aún estás alegre? —La lástima es de vosotros. Como sabía lo que les iban a hacer, según su hermana, «les pidió por favor que le dejaran el último para ayudar a morir bien a sus hermanos en Cristo. Les dejaron casi sin ropa (según nos dicen), les dieron una descarga de piernas para abajo, y a continuación todos fueron pasados a cuchillo, y aunque mucho se oía lo que decían los esbirros por el pueblo, que a algunos los habían abierto en canal, y a otros otras cosas que por prudencia no se pueden decir, el caso es que les hicieron trozos; no sabemos lo que hicieron particularmente con él. Se observó al recoger los restos que salieron bastante divididos».

68 personas fueron asesinadas por los revolucionarios en Villacañas (Causa General, legajo 1047, exp. 6, folio 14).
68 personas fueron asesinadas por los revolucionarios en Villacañas (Causa General, legajo 1047, exp. 6, folio 14).

La ejecución tuvo lugar, según López Teulón, hacia las dos de la madrugada: «Todo el camino hasta su calvario fueron cantando y rezando, y Francisco en medio de ellos, con los brazos en alto y en cruz, animándoles y diciéndoles que les espera la gloria y una eternidad de felicidad. Les asesinaron a bayoneta calada o puñaladas (según me han contado) y con sus cabezas, después de muertos, hicieron un montón, como si fuera de basura, y las quemaron».

Murió con una estampa de la Virgen Milagrosa en la mano

Beato Manuel Binimelis.
Beato Manuel Binimelis.

El sacerdote paúl Manuel Binimelis Cabré, nacido el Reus el 1 de febrero de 1892, vivía desde 1923 en la casa provincial de Barcelona. La biografía de la beatificación relata que tras el estallido de la guerra siguió ejerciendo su ministerio a escondidas:

El domingo 19 de julio ya no pudo celebrarse la misa solemne prevista a la 10 en honor a S. Vicente. Aquel mismo día ardieron varios templos. El de los Paúles lo quemaron al día siguiente. El P. Binimelis, como el resto de la comunidad se refugió en casas vecinas teniendo que cambiar de domicilio continuamente. De estos domicilios el Padre salía a ejercer los ministerios y administrar los sacramentos, con prudencia, pero con el mismo celo misionero de siempre.

Lo prendieron en casa de la familia Borrás el sábado 12 de septiembre a las 11 de la noche, tras un registro de toda la casa e interrogatorio de varias horas. Inmediatamente lo mataron se cree en la avenida de Roma. Su cadáver llegó al depósito del hospital Clínico sobre las 5 de la madrugada, recién asesinado, siendo reconocido por una enfermera, feligresa suya, que se encargó de llamar a los conocidos. Llevaba en la mano una estampa de la Virgen Milagrosa.

En uno de los servicios religiosos clandestinos que tanto bien hicieron en momentos de carencia de culto en Barcelona. El Padre comunicó sus propios sentimientos a una feligresa respecto a un martirio que veía seguro: le dijo que moría por amor a Cristo y que perdonaba a sus enemigos.

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