Camino martirial del beato Sebastiá Tarragó.

Les desnudaron y quisieron obligar al sacerdote a pecar contra a la castidad A Sebastiá Tarragó, párroco de Bellmunt del Priorato (Tarragona), antes de matarle lo desnudaron junto a su anciana ama de llaves

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El primero de agosto de 1936, sábado, fueron martirizadas 11 personas que ya han sido beatificadas: dos maristas, dos capuchinos y un lasaliano en la provincia de Barcelona, dos sacerdotes diocesanos en pueblos de Tarragona y uno en Zaragoza, otro sacerdote terciario capuchino en Madrid -el padre Bienvenido María de Dos Hermanas-, más un religioso hospitalario -el hermano Gaudencio– en un pueblo de esa provincia, y un beneficiado de la catedral de Toledo.

En Holanda se celebra al cartujo Joost van Schoonhoven, martirizado en 1572 y no beatificado; en las islas británicas, es aniversario del martirio del sastre William Lampley (1588) y del maestro Thomas Welbourne (1605); en Vietnam de los santos sacerdotes Domingo Nguyen Van Hanh (dominico) y Bernardo Vu Van Due (diocesano), martirizados en Nam-Dinh (1838); en Polonia del beato Aleksy Sobaszek, martirizado por los nazis en Dachau el mismo día (en 1942) que el sacerdote de la obra de Schönstatt Gerhard Hirschfelder, y de la beata  María Estrella del Santísimo Sacramento Mardosewicz y sus 10 compañeras, martirizadas por la Gestapo en 1943.

Para dar una idea del entusiasmo anticlerical de los revolucionarios, basta ver algunos de los santos y seña de la Dirección General de Seguridad para Madrid en las noches de este mes, publicadas por Julius Ruiz en Terror Rojo: «Exterminio» (2 de agosto), «a por los frailazos» (6 de agosto), «preparaos a morir, sacristanes» (8 de agosto). Son consignas enviadas a las comisarías para circular por la noche, por lo que, comenta Ruiz, «no estamos hablando de anarquistas descontrolados, sino de policías. Son consignas del Estado, ese ambiente anticlerical es compartido por todas las organizaciones del Frente Popular».

Un solo beatificado de 25 laicos, cinco sacerdotes y dos religiosos asesinados por su fe en Manlleu
Martín Anglés Oliveras (hermano Victorio), de 48 años y oriundo de Sant Menau de Sentmanat (Barcelona), era uno de los hermanos de La Salle en el colegio barcelonés de Manlleu. El 8 de noviembre de 1940 el alcalde y el secretario de la localidad resumían para la Causa General (legajo 1600, expediente 2, folios 8-9) los sucesos revolucionarios asegurando que el 19 de julio de 1936 «a las primeras horas de la mañana circulan rumores de huelga general que más tarde son confirmados» y que el día 20 «se constituye el comité antifascista integrado por representantes de la CNT, UGT, Izquierda Republicana de Cataluña y Sindicato Único de Trabajadores Bloque Oposición. Se organizan las milicias antifascistas y se dictan por dicho comité los primeros bandos revolucionarios. Se construyen barricadas a las entradas de la población y se presta servicio de vigilancia por las milicias. Por la noche el Sr. alcalde y el alférez de la Guardia Civil con fuerzas a sus órdenes practican un registro en la iglesia parroquial y casa rectoral». El día 21 «el alcalde Matías Conesa Hernández publica un bando ordenando la requisa de todos los automóviles de turismo, taxis de alquiler y autoomnibus de transporte». Tras un día de «huelga sin incidente», el día 23 «el comité antifascista asalta el edificio de la Juventud Católica y Sección Católica, incendiando la biblioteca de la misma. Dicho comité se instaló en el edificio de referencia. Por la noche, es asaltada y saqueada la iglesia parroquial y casa rectoral, y son quemadas las imágenes y objetos de culto». El 24, continuó «la destrucción de capillas y objetos pertenecientes al culto y son destruidos los oratorios pontificales»; el 25, se destruye «la ermita de San Jaime y la iglesia parroquial de Vilacetrú. Son destituidos varios empleados municipales, por ser desafectos al régimen marxista»; el 31 se siguen cometiendo «desmanes y registros a varias casas de personas de derechas».

En este contexto, según la información de su proceso, el hermano Victorio había visitado, junto con el hermano director de su escuela, al alcalde Conesa, «quien les despidió con buenas palabras»; después, «visitó a numerosas familias afectas al Colegio, pidiéndoles si podrían acoger a algún hermano en caso de peligro. Con su respuesta positiva confeccionó la lista de posibles alojamientos y comunicó el suyo a cada hermano. Llegó el momento de dispersarse. El hermano Victorio se refugió en casa de la familia Verdaguer, pero como el comité del pueblo le obligaba a presentarse cada día, temiendo lo peor, el 29 de julio buscó lugar más seguro en La Casassa de Pruit, caserío escondido del Collsacabra, cerca del Santuario del Far, a la que llegó con otro hermano. Pasaba el día en el bosque rezando y leyendo libros piadosos, y solo por la noche bajaba a la masía a rezar el rosario con los masoveros y a dormir. Sobre las 12 de la noche del viernes 31 de julio un grupo de milicianos que buscaba al político Anguera de Sojo registró la masía (José Oriol Anguera fue exfiscal general de la República y exministro de la CEDA). El hermano Victorio confesó que era religioso de las Escuelas Cristianas. Fue suficiente para detenerlo y decidir su suerte. Le bajaron a la carretera de Vic a Olot, y le asesinaron en el kilómetro 37,3, en la llamada Font del Corb, dejando su cadáver en la cuneta. A la mañana siguiente los viajeros del autobús de línea lo cubrieron con ramas de avellano. Su cuerpo permaneció allí dos días, insepulto, hasta que el juez autorizó su traslado al cementerio de San Martín de Sacalm».

El 12 de abril de 1941, el párroco de Manlleu, Luis Garets, mencionará al fiscal de la Causa General los datos aportados al obispado de Vic el 29 de abril de 1939, según los cuales fueron asesinados «dos hermanos de las Escuelas Cristianas y cinco sacerdotes manlleuenses. El número total de seglares asesinados es de veinticinco. Fueron muertos por sus ideas religiosas la mayor parte, sobre todo cinco de ellos que son reconocidos como católicos ejemplares», constando «que Martín Pujol al prenderlo se persignó valerosamente presentándose como un cristiano. José Portabella hacía todos los días la aceptación de la muerte y dijo: que mi sangre sirva para purificar España y se presentó él mismo al saber que le buscaban. José Vilanova al ser detenido responde con entereza: el último tiro será para vosotros. Al reverendo Jaime Soler le dispararon varios tiros, le hicieron burlas, le remataron con disparos singularmente uno de los marchistas (sic) que quería estrenar su arma. Entre todos se distinguió Pedro Codayol Sala, mecánico, valeroso. Van a buscarle donde trabaja, no quiere subir al auto, va a pie. Le golpean mientras grita intrépido “¡Viva Cristo Rey!” y para que el pueblo no oiga sus gritos fuertes y continuos le matan en los sótanos lúgubres del Centro Católico».

Les desnudaron y quisieron obligar al sacerdote a faltar a la castidad
Sebastiá Tarragó Cabré, párroco de Bellmunt de Ciurana (o del Priorato, Tarragona), de 57 años y natural de Vinaixa (Lérida), era sacerdote desde 1903. El 22 de julio sumió las sagradas especies, revestido de sobrepelliz y estola, acechado por los milicianos, según la nota biográfica publicada por Joaquín Donato en 1952. El 1 de agosto de 1936, el comité local de Bellmunt pidió un taxi a Falset para realizar un servicio. El dueño del garaje destinó a Emilio Rull Pedret para realizarlo. Era amigo del sacerdote y conocido de su ama de llaves, la señora Raimunda Abelló, una mujer piadosa de La Figuera, de sesenta años y casi ciega, que usaba gafas y sin ellas nada veía. Llegado el taxista a Bellmunt, le ordenaron trasladar al cura y a su doméstica a Vinaixa, pueblo natal del párroco. El comité preguntó a la doméstica dónde quería ir, a lo que respondió que a Vinaixa para servir al sacerdote. Hacia las diez horas obligaron a subir al coche, conducido por Emilio, al sacerdote y a su doméstica, acompañados por dos milicianos designados por el comité local.

En Falset estuvieron parados más de una hora, esperando que pasara una columna de soldados que iba hacia el frente de Aragón. Siguió el taxi camino de Vilella Alta. Pasado este pueblo, al llegar a Poboleda, un chasis les impedía el paso, por lo que los milicianos se apearon del coche, mientras en el taxi, el sacerdote, Raimunda y el chofer rezaban el rosario en voz baja.

Camino martirial del beato Sebastiá Tarragó.
Camino martirial del beato Sebastiá Tarragó.

Los milicianos ordenaron al chofer que continuara por la carretera de la Morera. A unos dos kilómetros de esta población y de Poboleda (lo que indica que no fueron por la T-702 pasando por Escaladei, distancia que supera los 10 km; sino por el camino terrero que sale al norte de Poboleda, paralelo al Barranco de las Viñas), obligaron a apearse al sacerdote y a Raimunda. El chofer permaneció en el coche, viendo el desarrollo de los acontecimientos. Los milicianos habían sido reforzados por otros de los pueblos vecinos, a raíz de una llamada telefónica hecha desde Poboleda. Se llevaron una cajita de huevos que llevaba la señora Raimunda por toda provisión.

En pleno bosque, les obligaron a descender hacia un barranco, les desnudaron y quisieron obligar al sacerdote a faltar a su voto de castidad con la sirvienta. Indignado ante tal proposición, mosén Sebastià Tarragó contestó: «¡Esto jamás! Hasta ahora he vivido como buen sacerdote y como tal quiero morir». Al comprobar los milicianos que nada conseguirían, los maltrataron y asesinaron a tiros de balas y perdigones, rociando luego sus cuerpos con gasolina, echando sobre ellos haces de aliagas, y hasta la cajita de huevos.

Eladi Perés Bori, capellán de los hermanos de La Salle, de 53 años y de Maldà (Lérida), era sacerdote desde 1906. Fue autor del libro Veladas populares para amenizar las veladas con los jóvenes. Al estallar la revolución, marchó de Cambrils hacia la playa. Una familia lo siguió y lo encontró acurrucado junto a una barca. Le ofrecieron cobijo en su casa. Después de cenar le llevaron a un chalé deshabitado. Un día que el hijo de la casa le llevaba el desayuno, encontró las puertas reventadas y al sacerdote atado a un mueble. Sus primeras palabras fueron: «Perdonadlos, he sido yo quien me he asustado». Unos ladrones le habían robado 150 pesetas, la ropa y el reloj. Pobremente vestido, marchó a Tarragona y siguió el curso del río Francolí hasta el Mas de Marqués en la Pobla de Mafumet, donde le atendió la familia Guasch junto a otro fugitivo, Alexandre Ricart. No querían comprometer a los dueños de la casa, y una noche el casero los acompañó hasta cerca de Reus, donde permanecieron escondidos debajo de unos avellanos. Al apuntar el día Perés se despidió diciendo que iba hacia Maldà, a casa de su hermano. Antes de una hora lo detuvieron en un control, le hicieron subir en una camioneta y lo asesinaron. Ricart oyó los disparos.

No quiso quitarse la sotana, y lo mataron el día de su cumpleaños
En Toledo, una vez más en elPaseo del Tránsito, fue abatido el sacerdote beneficiado de la catedral Justino Alarcón Vera, de 51 años y natural de la localidad toledana de Fuensalida. Don Jorge López Teulón lo ha biografiado, resumiendo así sus últimos días: “A pesar del peligro, D. Justino jamás quiso quitarse la sotana, pues era señal externa de su sacerdocio y no quiso renegar de su condición. El 1 de agosto de 1936, día de su cumpleaños, a las doce y media de la mañana unos milicianos se presentan en su casa para detenerle, él los siguió con la sotana puesta. Escoltado por ellos, fue conducido hasta el paseo del Tránsito, donde tras cruel martirio, fue fusilado”.

Los dos capuchinos

Beatificados el 21 de noviembre de 2015 en la catedral de Barcelona, eran el sacerdote Francesc de Paula (Rafael Maria de Mataró) Soteras Culla, de 34 años, natural de Mataró -el 1 de agosto iba a sacarse el pasaporte, pero fue reconocido en la estación de Sarrià por unos milicianos que lo asesinaron en Vallvidrera (Barcelona); y el religioso profeso Joan (Félix de Tortosa) Bonavida Dellá, de 42 años, natural de Tortosa (Tarragona) y asesinado en Palafolls (Barcelona): ver su biografía en el aniversario de su nacimiento, 2 de abril.

Pidió a otro sacerdote los últimos sacramentos

Vicente Montserrat Millán, sacerdote de 32 años natural de Lorca (Murcia) era desde 1931 capellán adscrito a la parroquia de Villanueva de Sigena (Huesca) y administrador de la finca Cuarto bajo del Sisallarue. Fue martirizado en La Almolda (Zaragoza) y beatificado en Roquetas de Mar (Almería) el 25 de marzo de 2017 con los mártires de Almería porque al trasladarse a esa ciudad su padre, comerciante, terminó sus estudios en el seminario de esa diócesis, en cuyo Santuario de la Santísima Virgen del Mar fue ordenado sacerdote el 2 de junio de 1928. La web de la beatificación menciona que, según su hermana, “cuando celebraba la Misa, al salir, entregaba el estipendio a una gitana que pedía en la puerta” y especifica que al estallar la revolución fue a pedir los últimos sacramentos al capellán del Monasterio de Sijena, Antonio Montull, quien a la postre sería asesinado antes que Vicente Montserrat e incluso antes de la destrucción del Monasterio, que tuvo lugar el día 30:
La convulsión política de aquella comarca de Monegros era grande, prodigándose su celo pastoral entre sus feligreses para prepararlos a la inminente Persecución Religiosa. Él mismo, sabiéndose amenazado, pidió al Capellán del Real Monasterio de santa María de Sigena que le administrara los últimos sacramentos.
El uno de agosto de 1936, tras celebrar la Santa Misa, fue detenido y trasladado al pueblo zaragozano de La Almolda. Nada más llegar, hacia las cuatro de la tarde, fue martirizado junto a las tapias del cementerio. Diez disparos y una puñalada colocaron sobre sus sienes, de treinta y dos años, la corona de los Mártires de Cristo.

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